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sábado, 4 de noviembre de 2017

El decussis, la moneda romana más grande de la historia


decussis
Decussis - AE 1075 gr. c. 215 a.C. Anverso: Cabeza de Roma a la derecha con yelmo. Marca de valor X. Reverso: Proa de galera romana hacia la izquierda. Marca de valor X.

La Segunda Guerra Púnica y la crisis del sistema monetario romano arcaico


La Segunda Guerra Púnica (218-201 a.C.) fue un acontecimiento de crucial importancia en la historia de Roma. Una lucha a todo o nada por la hegemonía en el Mediterráneo occidental entre las dos potencias de la región, Cartago y la República romana.

Al comienzo de la guerra, el osado cruce de los alpes y las geniales victorias en las batallas de Ticino, Trebia y el lago Trasimeno les dieron a los cartagineses una importante ventaja y dejaron a los romanos en una situación crítica. Aníbal Barca parecía estar siempre un paso delante de los generales de la república. Los romanos se decidieron a reunir el mayor contingente de tropas de su historia confiando en que la superioridad de fuerzas les permitiría neutralizar el talento táctico de Aníbal.  Enviaron contra el enemigo 16 legiones, que con sus unidades auxiliares correspondientes llegaban a unos 80.000 hombres.

Pese estos ingentes esfuerzos, la campaña del 216 a.C. representó el punto más crítico en la historia militar de Roma. La batalla de Cannas fue la mayor derrota de las legiones romanas en toda su historia. A pesar de su inferioridad numérica, Aníbal realizó con sus tropas un genial movimiento de pinzas. Los soldados romanos, atacados desde todos los frentes, fueron aniquilados en una matanza hasta entonces sin precedentes.

La derrota dejó a la República en una situación desesperada. Las pérdidas no podían reponerse en el corto plazo y ya no se contaba con metal suficiente para seguir acuñando las monedas romanas con los estándares vigentes antes del comienzo de la guerra. Los quadrigatos fueron devaluados reduciendo su contenido de plata y las monedas de bronce reducidas en su peso.



El decussis


Los años que siguieron a la derrota de Cannas fueron críticos para Roma. Las devaluaciones parecen haber llevado a una gradual pérdida de confianza en las monedas romanas. Las autoridades reaccionaron con algunos experimentos monetarios acuñando piezas nuevas. Una emisión especialmente interesante es la de un conjunto completo de denominaciones de bronce que el numismático inglés Michael Crawford ubica entre los años 215-212 a.C. y que incluye ejemplares fundidos de gran tamaño de múltiplos del AS: dupondios, tressis, quincussis y decussis.



La última es particularmente llamativa porque es, de hecho, la moneda más grande jamás emitida por el Estado romano en toda su larga historia, con 1075 gr. de peso. En su anverso representa la cabeza de Roma hacia la derecha con un yelmo frigio y la marca de valor X detrás tal como la encontraremos después en los primeros denarios. En el reverso, por su parte, vemos la típica proa de las monedas fundidas de bronce romanas, en este caso hacia la izquierda. Debe haberse tratado de un experimento que pronto se mostró inviable, porque muy pocas de estas piezas excepcionales han llegado hasta nosotros.

Se conocen hoy sólo cuatro ejemplares del decussis, de los cuales, tres se encuentran en museos y uno sólo en las manos de un coleccionista, habiendo sido subastado en el 2010 por 240.000 francos suizos.

viernes, 17 de mayo de 2013

La introducción del denario


anverso del primer denario romanoreverso del primer denario romano
Uno de los primeros denarios acuñado en 211 a.C. Crawford 44/5

Si hay una moneda cuyo nombre se asocia en forma inseparable con la historia de Roma y su imperio, es el denario. Por un período de casi 500 años el denario formaría la espina dorsal del sistema monetario romano y sería la verdadera divisa del mundo mediterráneo, el “dólar” del mundo antiguo. Si bien el denario es ampliamente conocido aun entre aquellos que no tienen un interés especial por la numismática o la historia romana, las circunstancias de su origen en medio de una de las crisis más traumáticas de Roma en toda su historia es poco conocida.

Un parto traumático


Las aplastantes derrotas en la fase inicial de la Segunda Guerra Púnica forzaron al Estado Romano a realizar una profunda movilización de los recursos demográficos y económicos disponibles para continuar con el esfuerzo militar. La falta de metal para acuñar las sumas demandadas por el financiamiento de las operaciones hizo necesario recurrir a empréstitos de los ciudadanos y devaluar las monedas de plata acuñadas hasta entonces, el quadrigatus y el didracma. Mientras que antes del conflicto se las había acuñado con muy alta pureza (98%), en los años que siguieron a las grandes derrotas frente al ejército de Aníbal, su ley llegó a ser menor al 40 %. También se recurrió a una considerable reducción en el estándar de peso de las monedas de bronce.
Quinario - 211 a.C. Crawford 44/6 anverso Quinario - 211 a.C. Crawford 44/6 reverso
Quinario - 211 a.C. Crawford 44/6

El deterioro de la moneda alcanzó tal dimensión que llevó a un verdadero colapso del sistema monetario arcaico de Roma, haciendo necesario un nuevo comienzo. El momento preciso de la introducción del nuevo sistema fue por largo tiempo muy debatido por los especialistas, pero en las últimas décadas la acumulación de nueva evidencia arqueológica ha permitido establecer con un considerable grado de certeza la fecha del 211 a.C. (propuesta por Crawford). Lo que sabemos del curso de la guerra refuerza esta datación, pues sólo en ese año las ingentes riquezas obtenidas del saqueo de la ciudad de Siracusa en Sicilia generaron los recursos necesarios para poner en marcha el ambicioso nuevo sistema.

El nuevo sistema monetario


Los diferentes elementos de que se había compuesto el sistema monetario arcaico fueron abandonados en favor de un esquema mucho más uniforme en el que la plata desplazó al bronce como metal principal y se recurrió sólo a piezas acuñadas. El cambio más importante fue la introducción tres nuevas denominaciones en plata de alta pureza de valor superior al As. En primer lugar, el denario, con un valor de 10 asses (señalado por una X en el anverso) y un peso de aproximadamente 4,5 gramos. En segundo lugar, el quinario, con un valor de 5 asses (señalado por una V en el anverso) y un peso de algo más de 2 gramos. Finalmente, el sestercio, con un valor de dos asses y medio (señalado por las letras IIS en el anverso) y un peso de algo más de un gramo. Todas estas piezas presentan en el anverso la cabeza de Roma y en el reverso a los dioscuros cabalgando con sus capas al viento, inconfundibles alusiones a la confianza de los romanos en la victoria. Al mismo tiempo, se redujo el peso del As y sus fracciones y se comenzó a acuñar también estas piezas.

Victoriato - 211 a.C. - Crawford 44/1 - anverso Victoriato - 211 a.C. - Crawford 44/1 reverso
Victoriato - 211 a.C. - Crawford 44/1

Al mismo tiempo que se introdujo el nuevo sistema comenzó a acuñarse una pieza con características particulares, conocida, por el motivo de reverso –Victoria colocando una corona sobre un trofeo militar-, como “victoriato”. Se trataba claramente de una pieza excepcional que no formaba parte de la nueva estructura de denominaciones conformada en torno al denario, del que se diferenciaba, además de por su tipología, por la ausencia de marcas de valor y por su bajo contenido de plata (de sólo alrededor del 80%). El victoriato fue acuñado en grandes cantidades y la evidencia arqueológica prueba que circuló principalmente en el sur de Italia y Sicilia, por lo que se considera generalmente que fue utilizado inicialmente para pagar a las tropas activas en esos teatros de guerra. Este hecho, unido al de que su peso equivalía a una dracma, hace pensar que fuera una acuñación destinada principalmente para ser usada en las regiones que contaban con una tradición monetaria griega.

El nuevo sistema incluyó también en un principio una serie de monedas de oro. Se acuñaron en tres pesos distintos con valores estipulados en 60, 40 y 20 asses. En el anverso de las tres vemos el rostro guerrero de Marte con un yelmo corintio y en el reverso una imponente águila con las alas desplegadas posada sobre el rayo de Júpiter. El mensaje aquí es de confianza en la victoria. Estas monedas de oro fueron acuñadas sólo hasta el año 208 a.C. quedando a partir de ese momento conformado el clásico sistema monetario bimetálico de la república tardía.

La introducción de las nuevas monedas fue acompañada de la desmonetización no sólo de todas las piezas antiguas producidas por Roma sino también de todas las monedas itálicas y sicilianas, que fueron fundidas y reacuñadas en las nuevas denominaciones. Para llevar a cabo este ambicioso plan se establecieron cecas en distintas partes de Italia, Sicilia, Cerdeña y España. Las razones de esta medida son debatidas en la historiografía pero, en mi opinión, perseguía como objetivo una rápida aceptación de las nuevas monedas al eliminar a toda posible competencia. Ello habría sido particularmente importante para favorecer la aceptación del victoriato, que presentaba una calidad sensiblemente inferior a las demás monedas acuñadas por Roma. La desaparición de los viejos circulantes, la calidad del denario y la creciente influencia política y militar de Roma le garantizaron a la nueva moneda un rápido éxito, transformándose en el principal medio de pago en la península itálica y sus regiones periféricas.

Moneda de oro de 40 asses - 211 a.C. - Crawford 44/3 anverso Moneda de oro de 40 asses - 211 a.C. - Crawford 44/3 reverso
Moneda de oro de 40 asses - 211 a.C. - Crawford 44/3


La expansión del denario


La república romana emergió de la Segunda Guerra Púnica transformada en el poder hegemónico del mediterráneo occidental y en la administradora de un vasto imperio que aportaba los recursos para una considerable producción monetaria. El triunfo sobre Cartago le proporcionó el control sobre las ricas minas de plata en el sur de España y el cobro de una gigantesca indemnización de 20.000 talentos de plata en 50 pagos anuales, metal suficiente para acuñar más de 100 millones de denarios.  A ello hay que sumar los recursos obtenidos del saqueo de numerosas ciudades durante el conflicto (como Siracusa, Capua o Tarento, por nombrar sólo algunos de los ejemplos más notables) y de la reacuñación de las monedas de los Estados bajo su control en Italia y Sicilia. El triunfo de Roma sobre Cartago trajo aparejado, en consecuencia, una profunda transformación en la mayor parte del Mediterráneo occidental, que pasó a conformar no sólo un Imperio controlado por Roma, sino también, en gran medida, un único sistema monetario signado por el denario como su principal divisa.

Estos cambios vinieron acompañados, sin duda, de un acelerado crecimiento económico y expansión urbana que acercaron a la ciudad de Roma a los niveles de desarrollo alcanzado por las grandes ciudades helenísticas. Estos procesos no quedaron, sin embargo, limitados a la capital. Por el contrario, se replicaron en numerosas partes, particularmente en las colonias y demás asentamientos aliados de los romanos, que gozaron de los frutos de la victoria. Además de ello, el establecimiento de su dominio implicó en todas partes la imposición a las poblaciones locales de diversas cargas tributarias, que generaban la necesidad de obtener monedas romanas para su cancelación. La conformación del sistema imperial fue, en consecuencia, uno de los principales estímulos para la monetización e integración de los distintos territorios anexados por Roma.