sábado, 24 de septiembre de 2016

Hallazgo de monedas de oro en Pompeya


Según informan diversos medios internacionales, un equipo de arqueólogos franceses e italianos que excavaban el sitio de una antigua tienda en las afueras de Pompeya encontraron cuatro esqueletos, un colgante de collar y, lo más interesante, varias monedas de oro. Los esqueletos pertenecían a personas jóvenes que murieron en la parte trasera de la tienda cuando el cercano Monte Vesubio hizo erupción en el año 79 d.C. Aparentemente, se demoraron intentando tomar sus posesiones más valiosas y por eso no tuvieron tiempo de huir. Entre las monedas halladas se encuentra el áureo de Tito cuya imagen acompaña esta entrada.


En la tienda se encontró un horno que los arqueólogos creen que puede haber sido utilizado para hacer objetos de bronce. Hay evidencia de que, tras la erupción, la tienda fue blanco de saqueadores que buscaban objetos de valor. Es claro que había sobrevivientes que sabían que allí había bienes valiosos.


En la imagen sobre estas líneas vemos el contexto del hallazgo, con uno de los esqueletos y las monedas.


lunes, 19 de septiembre de 2016

Los espectaculares retratos frontales en los áureos del emperador Póstumo

El siglo III fue, en muchos sentidos, una época de experimentación e innovación en la producción monetaria romana. La crisis económica y la falta de recursos llevó a un fuerte deterioro en la calidad de la moneda (es decir, en el peso y la cantidad de plata en su composición) y a la producción de nuevas denominaciones. También desde el punto de vista estilístico se introdujeron novedades significativas. Dentro de esta época, se destacan, por su gran calidad y originalidad, las monedas del denominado “Imperio Gálico” y, sobre todo, las de su primer gobernante, Póstumo. Un grupo de áureos de este emperador se distingue por sus magníficos retratos.

La crisis del siglo III y la llegada de Póstumo al poder

Se conoce con el nombre de “crisis del siglo III” al período de grandes convulsiones y trastornos políticos, militares y económicos que asolaron al Imperio Romano entre los años 235 y 284 d.C. El punto más álgido de la crisis se ubica entre los años 260 y 275 d.C. en los que la misma subsistencia del Imperio se vio amenazada, al consolidarse en Oriente y Occidente gobiernos autónomos con tendencias separatistas.


El punto de partida de este proceso fue la catastrófica derrota en el año 260 d.C. del emperador Valeriano frente a los persas sasánidas en Oriente. Su ejército fue completamente aniquilado y él mismo tomado prisionero. Que el soberano de Roma cayera en manos del enemigo era un hecho inaudito en la historia del imperio que ponía claramente de manifiesto la gravedad de la crisis militar.

En respuesta a este acontecimiento, surgieron en diversas partes del imperio usurpadores que reclamaron para sí la autoridad imperial en su región y se esforzaron por reorganizar la defensa de su territorio frente a las amenazas externas. El sucesor de Valeriano, su hijo Galieno, vio así su poder limitado a Italia, África y algunas regiones centrales.


En la Galia, un comandante militar, Marco Cassiano Latino Póstumo, fue proclamado emperador por las tropas, pero en lugar de marchar hacia Italia para adueñarse del control sobre la capital del Imperio, permaneció en su provincia reorganizando la defensa y la administración del territorio. Póstumo tuvo gran éxito en estabilizar la situación local y ello garantizó la consolidación de su régimen, que tomó el control de prácticamente todas las provincias occidentales. Se creó así un Imperio independiente con centro en la Galia pero que se presentó siempre como continuador de la tradición romana. Póstumo eligió a Colonia como su capital, formó su propia guardia pretoriana y eligió a sus propios cónsules cada año.

Los áureos de Póstumo

Una de las señales más evidentes del rápido éxito de Póstumo en mejorar la situación de los territorios bajo su control es la cantidad y calidad de su producción monetaria, que supera claramente a la de Galieno en Roma. Especialmente llamativo es el nivel artístico de sus acuñaciones. Póstumo disponía, evidentemente, de los más talentosos artesanos del Imperio como grabadores de sus cuños.


Dentro de la producción monetaria en nombre de Póstumo, se destaca un grupo de áureos que tienen la particularidad de presentar retratos frontales del emperador, algo poco común hasta ese momento.

La calidad de detalle de estos anversos se encuentra a la altura de lo mejor del arte numismático antiguo. El rostro del emperador nos muestra una imagen completamente realista, un gesto serio, casi adusto. Su mirada esquiva al observador para perderse en un destino lejano y parece indicar la previsión e inteligencia del soberano. La verdadera maestría del grabador se reconoce, sin embargo, en la representación de su barba y cabellos, que producen una sensación de relieve y profundidad muy pocas veces lograda en monedas antiguas. El efecto del conjunto es tan perfecto que el rostro de Póstumo da la sensación de poder moverse en cualquier momento o comenzar a hablar. El atuendo imperial adorna la figura de Póstumo y proclama con fuerza su autoridad, reforzada por la sencilla leyenda POSTVMVS AVG.

domingo, 28 de agosto de 2016

La maiorina (AE 1) de Magnencio con el crismón


Magnencio fue un oficial militar nacido en la Galia pero de ascendencia germánica (303-353 d.C.) que en el año 350 encabezó una exitosa conspiración contra el emperador Constante -el hijo de Constantino-, que se había vuelto muy impopular con el ejército. Magnencio fue proclamado emperador y Constante asesinado.

Los intentos de buscar una conciliación con Constancio II, el hermano de Constante que reinaba en las provincias orientales, fracasaron y Magnencio tuvo que iniciar los preparativos para una guerra civil.

La moneda cuya imagen acompaña esta entrada es una de las acuñaciones más famosas de Magnencio, sobre todo porque fue la primera moneda en presentar como motivo principal en su reverso al crismón (el monograma compuesto por las primeras letras griegas del nombre de Cristo). Este símbolo ya había aparecido en monedas de Constantino y sus hijos, pero siempre como una pequeña marca de control o dentro del estandarte militar conocido como labarum.

El gran numismático Pierre Bastien vio a esta moneda como parte de la campaña de propaganda de Magnencio contra Constancio II. Según esta tesis, Magnencio emitió las monedas con el crismón para ganarse el favor de los cristianos ortodoxos que estaban descontentos con la política religiosa de Constancio II y su apoyo al arrianismo. El arrianismo era una corriente teológica que contaba con muchos adeptos en el Oriente del imperio y veía a Cristo como un ser creado, y que por lo tanto no había existido desde siempre. La corriente opuesta, la ortodoxa nicena, concebía a Cristo como una parte de la Trinidad que había existido desde siempre.

En el reverso de la moneda de Magnencio el crismón aparece acompañado de las letras griegas alfa y omega- Es posible ver en las mismas en alusión al pasaje del evangelio de Juan que afirma: "Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el que es y que era, y que ha de venir, el Todopoderoso". Un pasaje que era una consigna central para los ortodoxos en su disputa con los arrianos. 

Posteriormente, Bastien expresaría dudas sobre esta interpretación, teniendo en cuenta la poco clara identificación religiosa de Magnencio. Sin embargo, creo que eso es irrelevante a la cuestión. FUeran cuales fueses sus creencias personales, Magnencio sin duda tenía interés de buscar el apoyo de los cristianos ortodoxos, que podían ser sus aliados naturales en la lucha contra el arriano Constancio.