sábado, 7 de diciembre de 2019

El laberinto del Minotauro en las monedas de Cnosos


El mito del Minotauro


Según el mito, Minos solicitó al dios Poseidón que produjera un milagro que lo ayudara a ganar el trono de Creta. Poseidón le concedió el pedido e hizo que emergiera un fantástico toro blanco del mar,

Minos obtuvo el trono de Creta. Originalmente, el nuevo rey había prometido sacrificar al toro en honor al dios que lo había asistido, pero luego prefirió conservarlo para él y sacrificar a otro esperando que el dios no notara la diferencia. Por supuesto, el engaño fue descubierto, y Poseidón decidió castigar la ingratitud de Minos.


El dios hizo que la esposa de Minos, Pasifae, se enamorara del toro. Poseída por una pasión incontrolable, ella le ordenó al legendario ingeniero Dédalo que construyera una especie de disfraz de vaca que le permitiera yacer con el animal. El resultado de esta unión antinatural fue el nacimiento del Minotauro, un monstruo con cabeza de toro pero cuerpo humano. 

Al crecer, la creatura desarrolló un gusto por la carne humana, y Minos hizo que Dédalo construyera un laberinto para confinarlo. El poderoso Minos exigía de Atenas que enviara siete muchachos y siete doncellas como tributo. Los jóvenes debían ingresar al laberinto y, perdidos en su interior, eran devorados por el Minotauro. Esto se repitió hasta que el héroe Teseo fue uno de los enviados. Ariadna, la hija de Minos, se enamoró de él y le facilitó una espada y un ovillo de lana. Con el arma mató al Minotauro en el centro del laberinto, y con el ovillo encontró nuevamente el camino para salir, pues había atado un extremo en la entrada.


Cnosos y sus monedas


En el mito, Minos gobierna Creta desde Cnosos. Detrás de la leyenda se esconde probablemente un hecho histórico, ya que esa ciudad fue un centro político de enorme importancia en la era minoica pero fue destruida alrededor del año 1600 a.C. e inició un período de decadencia. En las eras arcaica y clásica, Cnosos lentamente recuperó su importancia y se transformó en un próspero centro de comercio. Fruto de este desarrollo, a finales del siglo V a.C., Cnosos acuñó sus primeras monedas de plata, tomando como símbolos al Minotauro y al laberinto de la leyenda.

Con el paso del tiempo, el minotauro del anverso fue remplazado primero por una figura femenina (¿Ariadna?) y luego por una masculina (¿Minos?), pero el laberinto siguió ocupando la gran mayoría de los reversos., en diseños cada vez más estilizados. Generalmente el laberinto es cuadrado o rectangular, pero en alguna emisión tiene una forma circular o, incluso, es parecido a una esvástica.

Por la fama de la leyenda del minotauro y su laberinto, las monedas de Cnosos son muy deseadas por los coleccionistas y cuando están en buen estado alcanzan fácilmente valores elevados, dependiendo de la rareza de la emisión.

domingo, 17 de noviembre de 2019

Un fantástico tetradracma de Seleuco I con un caballo y un elefante



De la muerte de Alejandro al ascenso de Seleuco


Cuando Alejandro Magno murió en el 323 a.C., no dejó ningún heredero claro para su vasto imperio de recientes conquistas. 

Su medio hermano Filipo Arrideo tenía aparentemente un retraso y era considerado incapaz de reinar. Su esposa, la princesa bactriana Roxana, esperaba un niño que todavía no había nacido, el futuro Alejandro IV. Había, además, un segundo hijo, Heracles, fruto de la unión con una concubina. La paternidad de Alejandro se consideraba, además, dudosa.

Busto de Seleuco I
El verdadero poder recaería entonces en los grandes generales de Alejandro, que pasarían a ser conocidos como los diádocos (del griego antiguo διάδοχοι, 'sucesores'). Éstos usarían a estos parientes del gran conquistador como peones que serían luego sacrificados cuando fuera conveniente. El resultado serían dos generaciones de cruentas guerras de las que el imperio emergería fracturado en una serie de reinos.

Uno de los más exitosos entre los diádocos sería Seleuco, quien en vida de Alejandro había sido el comandante del regimiento de infantería de élite de los hipaspistas (ὑπασπισταὶ), con destacada participación en muchas de las batallas clave de la conquista de Persia.

En los caóticos años que siguieron a la muerte de Alejandro, Seleuco lograría primero hacerse con el control de la satrapía de Babilonia (en el 312 a.C.) y la usaría después como base para extender su dominio hacia las restantes satrapías del este, hasta la misma frontera con los reinos de la India.

Las monedas de Seleuco y el tetradracma del caballo



Seleuco se proclamó rey en el 305 a.C. y poco después comenzó a acuñar una importante producción monetaria en su propio nombre en diversas cecas. Sus primeras monedas imitaron los símbolos y la apariencia de las de Alejandro, pero las sucesivas emisiones fueron gradualmente generando un estilo propio que llegaría a ser muy original.

La moneda cuya imagen encabeza esta entrada es una de las más hermosas y llamativas de toda la producción monetaria de Seleuco. Se trata de un tetradracma acuñado en la ciudad de Pérgamo hacia finales de su reinado, en el 281 a.C. Es una pieza de gran rareza, ya que sólo se conocen hoy un puñado de ejemplares.

En el anverso anepigráfico podemos ver la cabeza excepcionalmente detallada de un poderoso caballo con su brida. Los cuernos que nacen encima de sus orejas indican que no se trata de un animal común, sino de una figura divina.

En el reverso vemos un poderoso elefante que avanza hacia la derecha, enmarcado arriba y abajo por la leyenda BAΣIΛEΩΣ – ΣEΛEYKOY, el rey Seleuco. En la parte superior del campo podemos ver también una pequeña abeja arriba y un ancla debajo. Se trata de marcas de control que no aparecen en todos los ejemplares.


En la pieza sobre estos párrafos, esas marcas están ausentes (remplazadas por un par de monogramas entre las piernas del elefante) y la bestia parece llevar una campana sobre el cuello.

La interpretación de los motivos


La rareza de estas monedas parece indicar que sólo fueron acuñadas en cantidades relativamente reducidas y por un breve período de tiempo. Tradicionalmente se las asocia con la victoria de Seleuco I sobre Lisímaco en la batalla de Corupedio del 281 a.C.



Para el caballo en el anverso se han propuesto dos interpretaciones alternativas. La más difundida es la que ve en el animal una referencia al famoso caballo del propio Alejandro, Bucéfalo. Se trataba de un corcel de enorme tamaño y tan fiero carácter que era considerado indomable, hasta que Alejandro logró montarlo cuando tenía tan sólo 13 años. Desde ese momento se convirtió en su montura insignia, que lo acompañaría en todas sus campañas.

Una interpretación alternativa (a mi juicio más convincente) es que se trata de un caballo del propio Seleuco. El cronista tardoantiguo sirio antiguo Juan Malalas nos cuenta que en su época (finales del siglo V y principios del VI d. C.) todavía era posible ver en Antioquía una estatua que representaba la cabeza de un caballo con cuernos erigida por Seleuco para honrar a su propio corcel, que lo había salvado de la destrucción a manos de Antígono Monoftalmo en el 315 a. C.

Elefante de guerra del período helenístico

El elefante que aparece en el reverso era, por su parte, un símbolo genérico del poder militar seléucida. Seleuco había emprendido una importante campaña militar en la India en los años 304-303 a. C. El conflicto terminó con la firma de un tratado de paz con el emperador indio Chandragupta. Una de las cláusulas más importantes era la entrega a Seleuco de un contingente de 500 elefantes de guerra, que desde ese momento formarían el núcleo de su ejército. Constituían una enorme ventaja frente al resto de los diádocos y serían repreentados con gran frecuencia en sus monedas.

Su gran rareza y la belleza de sus motivos hacen que estas monedas sean muy codiciadas y alcances valores siderales. El ejemplar en el que el elefante tiene una campana que cuelga de su cuello fue subastado en mayo de 2019 por 375.000 francos suizos.