martes, 25 de enero de 2011

La doble maiorina de Juliano a Joviano


Trataba aquí recientemente sobre la famosa doble maiorina de Juliano el Apostata acuñada como resultado de la reforma monetaria introducida entre fines del 362 y principios del 363, y sobre las dificultades para interpretar el significado del toro representado en su reverso. Los estudiosos han ofrecido muchas interpretaciones, ninguna absolutamente convincente. Creo que, como ya he señalado, la que cuenta con más posibilidades de ser cierta es la que ve en el reverso una alusión al toro Apis. Es evidente que esta moneda aludía, en muchos sentidos, a la nueva política religiosa iniciada por Juliano, es decir, a su intento de restablecer al paganismo como religión imperial y debilitar a la cada vez más poderosa iglesia católica. Esa parece por lo menos haber sido la interpretación que le dieron sus contemporáneos.

La muerte de Juliano


Uno de los objetivos de la serie de reformas introducidas por Juliano era obtener los recursos necesarios para financiar una gran campaña militar contra el imperio persa sasánida, el gran enemigo de Roma en el oriente desde el siglo III. Juliano buscaba romper con los recurrentes fracasos en esta frontera de su predecesor Constancio II y decidió para ello emprender una invasión en gran escala del territorio enemigo apuntando directamente a la capital Cetesifonte. A pesar de la cuidadosa preparación y de los éxitos iniciales, la campaña acabaría en un completo desastre y Juliano perdería la vida en una escaramuza a medida que el ejército se retiraba. Perdido en territorio enemigo y sin su líder, el ejército eligió a un joven oficial, Joviano, como nuevo ocupante del trono. Éste negoció una rápida paz con los persas a cambio de la entrega de enormes territorios romanos.

Joviano y la reacción cristiana en la moneda


El nuevo emperador era un cristiano, y una de sus primeras medidas fue el restablecimiento de los privilegios y propiedades de la iglesia católica que habían sido eliminados por Juliano. Joviano siguió acuñando las dobles maiorinas introducidas por su predecesor, pero el cambio en los motivos fue, creo, profundamente significativo. En el anverso, encontramos un retrato sin barba que vuelve a la tradición de Constantino y sus hijos. En el reverso, el toro ha sido remplazado por la imagen del emperador de pie sosteniendo en una mano el labarum, el estandarte militar cristiano coronado por el símbolo chi-ro y en la otra una victoria. Es evidente, entonces, que el toro de Juliano tenía una asociación pagana que debía ser remplazada ahora por un motivo netamente cristiano.