sábado, 2 de abril de 2011

La barba del emperador Juliano o sobre la importancia de los pequeños detalles en las monedas antiguas

AR Siliqua – Juliano II (2,10g), Antioquia 355-361 d.C. - Anverso con retrato de Juliano sin barba

Hasta los detalles más pequeños de una moneda pueden tener un enorme significado histórico. Si un emperador romano aparece representado con barba, en muchos casos no es sólo una cuestión de moda, detrás puede haber un significado profundo. En esta entrada quiero ilustrar este punto con las monedas del célebre emperador Juliano “el apóstata”, que primero lo muestran sin barba mientras fue César de Constancio II y luego con barba desde que fue el único ocupante del trono. ¿Qué se esconde tras ese cambio?

El tortuoso camino de Juliano al trono


El emperador Juliano “el apóstata” es una de las figuras que mejor podemos conocer de la Antigüedad tardía. Su corta vida y su breve reinado despertaron pasiones fuertemente encontradas y ello garantizó que dispongamos de numerosos testimonios sobre su persona. Juliano fue, además, un prolífico escritor y muchas de sus cartas, tratados y discursos se conservan, permitiéndonos comprender las ideas y objetivos que lo guiaban.

Juliano era hijo de Constancio Galo, un medio hermano del emperador Constantino. Tras la muerte de éste, toda su familia fue asesinada por los soldados que querían eliminar a posibles competidores de los hijos del emperador. Juliano y un medio hermano salvaron su vida milagrosamente porque su tierna edad inspiró compasión en los asesinos. Tras una vida marcada por la inseguridad, Juliano fue designado César por su primo –quien era probablemente uno de los responsables de la eliminación de su familia-, Constancio II. Constancio le asignó como tarea la defensa de la Galia, y el joven César la cumplió con gran éxito, obteniendo resonantes victorias sobre los diferentes pueblos germánicos que la amenazaban desde el norte. Fueron sus propios soldados los que le confirieron entonces el ascenso al rango de Augusto, haciendo inevitable la guerra civil. Ésta no llegó a materializarse porque Constancio falleció de causas naturales mientras dirigía sus ejércitos en contra de su primo, quedando Juliano como único soberano del imperio.

AV Sólido Juliano II (4,47g), Antioquía, 361-363 d.C. Anverso con retrato de Juliano con barba

La importancia política de una barba


Una vez dueño del trono, Juliano hizo pública su apostasía, es decir, su rechazo de la fe cristiana que hasta entonces había pretendido seguir, e inicio un programa político general para revertir el creciente peso del cristianismo dentro del imperio y restablecer el culto y los rituales a los dioses tradicionales. Este cambio se reflejó físicamente en su persona: Juliano se dejó la barba, que en la Antigüedad era asociada con los filósofos y el paganismo. Un emperador con barba rompía con una tradición de ya varias décadas que había sido iniciada por el primer emperador cristiano, Constantino. La barba de Juliano tenía así un importante significado, era un símbolo visible para todo el mundo de su ruptura con el cristianismo y de su defensa del paganismo.

Ese cambio físico se reflejó, por supuesto, en las acuñaciones de Juliano. Si las monedas anteriores a su proclamación como Augusto nos lo muestran como un joven lampiño (tal como podemos ver en la siliqua que encabeza esta entrada), las posteriores lo representan con una tupida barba que cubre gran parte de su rostro. He incluido aquí las imágenes de algunas cuantas piezas representativas.

AE 2/3 Juliano I I(3,56g), Heraclea 361-363 d.C. Anverso con retrato de Juliano con barba

Sabemos que muchos contemporáneos reaccionaron con rechazo frente al “nuevo” aspecto del emperador. Mientras Juliano residía en Antioquía entre los años 362 y 363 para preparar la fatídica campaña en Persia en la que perdería la vida, la mayoritariamente cristiana población de la ciudad hizo de la barba de Juliano objeto privilegiado de sus burlas y desprecio. Los antioquenos se burlaban especialmente del retrato en sus monedas, al que comparaban con un chivo (!). Juliano respondió escribiendo un pequeño tratado satírico, el misopogon, es decir el “odiabarbas”, en el que, si bien recurre a la autocrítica de una forma descarnada, también descarga toda su ironía sobre los antioquenos.

Como vemos, una barba puede ser mucho más que moda. Esta historia nos enseña lo importantes que pueden ser los más pequeños detalles de una moneda.