martes, 5 de marzo de 2013

Una nueva interpretación de la doble maiorina de Juliano el Apóstata de Francisco López Sánchez


Hace unos días, ha llegado a mis manos el libro Emperor and Author: The Writings of Julian 'the Apostate' (Emperador y autor. Las obras de Juliano el Apóstata), que reúne las contribuciones a un encuentro de investigadores llevado a cabo en julio de 2009 en la universidad de Cardiff en Inglaterra. El libro incluye un interesante estudio del profesor español Francisco López Sánchez sobre las acuñaciones de Juliano, que presenta algunas tesis muy originales que me gustaría discutir aquí.

La doble maiorina de Juliano

Recordemos, primero, que en el verano del año 362 d.C., el emperador Juliano se encontraba en Antioquía en medio de los preparativos para su campaña militar contra el imperio persa sasánida. Fueron meses de frenética actividad, en los que se introdujeron una serie de reformas en el Estado para intentar volverlo más eficaz, especialmente en el frente fiscal. Uno de los cambios más importantes introducidos en este contexto fue la modificación de las denominaciones de vellón bajo. Juliano introdujo dos nuevas monedas, una de unos 8,25 gramos de peso denominada hoy doble maiorina o AE1, y una más pequeña de unos 3 gramos conocida como AE3. Los motivos de la primera atrajeron rápidamente la atención de los contemporáneos, como sabemos por el mismo Juliano, quien en si Misopogon nos indica como esa moneda fue rechazada y tomada como motivo de bura por la población preponderantemente cristiana de Antioquía.

En el anverso puede verse el busto de Juliano con una corona de perlas y una larga barba (que caracterizaba su retrato desde su transformación en gobernante único del imperio y su rechazo del cristianismo) rodeado de la leyenda DN FL CL IVLIANVS PF AVG. En el reverso puede verse un toro hacia la derecha y mirando al frente, con dos estrellas encima y la leyenda SECVRITAS REI PVB.

La interpretación de la imagen del toro en el anverso ha sido muy debatida por los especialistas. En las primeras décadas del siglo XX autores como H. Mattingly y G. Elms propusieron la identificación con el toro Apis. Para F. D. Gilliard, por el contrario, el toro podría ser una alusión al signo astrológico de Juliano, tauro. Kent, por su parte, vio en este animal una representación del propio Emperador como guardián de su pueblo, mientras que para J. Arce, sería una referencia al sacrificio ritual de toros (el taurobolios) celebrado por iniciativa el propio Juliano en Antioquía.

La interpretación de Francisco López Sánchez

En el trabajo mencionado, López Sánchez propone una interpretación algo más compleja, a la que no puedo hacer justicia en este breve comentario, pero me gustaría señalar sus ideas centrales. López Sánchez reconoce en el toro antes que nada una alusión a los sacrificios, pero lo relaciona específicamente con el ritual de la circumdatio, por el cual se trazaba el “pomerium” o límite sagrado de una ciudad mediante un arado tirado por una yunta de bueyes. El pomerium separaba el ámbito civil del militar y fijaba el límite que garantizaba la seguridad del estado, lo que para López Sánchez se refleja en la leyenda securitas rei publicae que acompaña estos motivos. Las dos estrellas que aparecen sobre el toro son interpretadas por este autor como referencias a ambos animales y deduce de representaciones semejantes en acuñaciones constantinianas que su significado se relaciona con las ideas de aeternitas y translatio imperii tras la fundación de Constantinopla. Además de estos significados generales, el motivo del toro habría sido incluido a finales del año 362 también con el objetivo expreso de dotar a las unidades militares de los petulantes y celtas (con las que Juliano tenía una relación muy estrecha desde su proclamación como Augusto por el ejército en París) con un símbolo militar propio de carácter pagano que remplazara al símbolo cristiano crismón que había caracterizado a diversas unidades desde el reinado de Constantino.

La teoría de López Sánchez es interesante y bien argumentada, sin embargo, es excesivamente compleja como para ser convincente. ¿Es posible pensar que el ciudadano romano entendiera un mensaje tan sofisticado y una alusión tan indirecta al contemplar esta moneda? El toro era, sin duda, una referencia a los cultos tradicionales que Juliano pretendía restablecer en el mundo romano y un símbolo polisémico que podía interpretarse de diversas maneras, como una alusión a Mitra y al toro Apis entre otras posibilidades. Es probable que ese carácter ambiguo haya sido uno de los factores que impulsaron a Juliano a elegirlo.

¿Qué opináis vosotros?