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martes, 16 de abril de 2013

Philip Grierson sobre el origen del dinero


Philip Grierson
Philip Grierson

Continuando con la serie de entradas sobre el origen del dinero (ved la primera, segunda y tercera parte) llego ahora a los aportes de Philip Grierson (1910-2006), un distinguido historiador y numismático inglés, profesor en la Universidad de Cambridge. Ya he tratado sobre su vida y obra en este blog y confieso que es uno de mis autores favoritos. Grierson contribuyó al debate sobre el origen del dinero un breve pero profundo ensayo (The Origins of Money, Londres, 1977). que se ha convertido en un clásico.

Grierson se basó en los hallazgos de una serie de estudios antropólogicos. Su explicación deja de lado el énfasis económico de las teorías metalistas y chartalistas y se concentra en la importancia de algunas prácticas sociales en este proceso.

Grierson parte en su análsis de la distinción entre el dinero comercial para propósitos generales y el dinero primitivo no-comercial para propósitos específicos. Este último ha sido conocido y utilizado en numerosas culturas cumpliendo una función para pagos en el contexto de interacciones sociales específicas (como la entrega de dotes, la cancelación de multas e indemnizaciones, etc.). La característica que ambos tipos comparten es la de unidad de valor. Sin embargo, este tipo de dinero es utilizado rara vez, si acaso, para las compras diarias o transacciones comerciales.

orígenes del dinero - Philip Grierson

¿Cuál es el origen del dinero no-comercial como medida de valor? Grierson propone que reside en la costumbre del Wergeld. Este término procede del primitivo derecho germánico y hace referencia al pago indemnizatorio en compensación por un asesinato u otro daños. El objetivo de esta práctica es evitar las venganzas familiares e impedir el surgimiento de rivalidades violentas en el seno de la comunidad. Los objetos que se eligieron como medio de pago del Wergeld no necesariamente alcanzaron ese papel por haberse establecido en el trueque como la mercancía más líquida, argumenta Grierson contra la teoría metalista, sino que se trata generalmente de objetos que confieren estatus social o prestigio a sus poseedores. Una prueba en favor de esta teoría es el hecho de que en muchos idiomas el término usado para “pagar” tiene su origen etimológico en palabras que significan “pacificar”.

En aquellas sociedades en que aparece el dinero comercial para propósitos generales, se trata, para Grierson, con alta probabilidad, de un desarrollo a partir del dinero no-comercial para propósitos específicos como el Wergeld.

martes, 9 de abril de 2013

El origen del dinero 3° parte – las teorías chartalistas


Georg F. Knapp

Las diferentes versiones de la teoría clásica sobre el origen del dinero comparten (como vimos en la 1° y 2° parte de esta serie) una premisa fundamental, la idea de que éste surge como producto natural de las necesidades individuales de quienes intervienen en mercados basados en el trueque. Esta teoría fue objeto de duras críticas por economistas de otras corrientes ya desde principios del siglo XX y el caso contra sus supuestos centrales ha sido reforzado, desde entonces, por numerosas investigaciones históricas y antropológicas.

La gran debilidad de la teoría metalista clásica sobre el origen del dinero es que argumenta únicamente a partir de líneas hipotéticas y que no presenta ninguna evidencia empírica que permita constatar su veracidad. De hecho, esta teoría deduce la existencia de un primitivo mundo del trueque sólo a partir de consideraciones lógicas y abstractas, sin considerar en ningún momento a la información proporcionada por el registro histórico y arqueológico. Uno de los puntos centrales que se esgrimen en su contra es que no se conoce prácticamente ninguna evidencia de la existencia de sistemas económicos basados en el trueque en ningún período del pasado o región del mundo.

La principal corriente teórica alternativa sobre el origen del dinero se centra en un punto que es, como se señaló, intencionalmente dejado de lado por la teoría clásica: el papel del Estado. Se la designa generalmente como teoría “chartalista” del dinero, un término acuñado por uno de sus fundadores, el economista alemán George Friedrich Knapp (1842-1926) a partir de la palabra latina “charta” (papel). Con este término quiere reflejar la idea de que el dinero es un objeto sin un valor intrínseco más allá de la sanción legal del Estado. En su Teoría estatal del dinero (Staatliche Theorie des Geldes), publicado por primera vez en 1905, Knapp argumenta que el dinero no puede concebirse sólo como una mercancía, como afirmaba Adam Smith, sino que su naturaleza depende de la sanción legal de un Estado que garantiza que funcione como medio de intercambio reconocido al aceptarlo, a su vez, como medio para cancelar las exigencias tributarias que impone a sus súbditos.

Una concepción en algunos puntos semejante a la de Knapp –pero desarrollada de manera independiente- fue presentada por el diplomático inglés Alfred Mitchell Innes en dos artículos de los años 1913 y 1914. A diferencia de Knapp, sin embargo, este autor presenta una teoría completa del proceso histórico mediante el cual surge el dinero.


Revista en que se publicaron los trabajos de Alfred Mitchell Innes

En la visión de Adam Smith y de Carl Menger, el problema de la “doble coincidencia de necesidades” lleva a que todos los que intervienen en un mercado premonetario intenten intercambiar sus productos por uno que tenga más demanda para que les resulte más sencillo cambiarlo por lo que necesitan. Es decir, tomando un ejemplo de Mitchell Innes, que si un panadero y un cervecero quieren carne pero el carnicero está bien provisto de pan y cerveza, no es posible realizar un intercambio directo y los primeros se ven obligados a buscar un bien que por ser muy demandado cuente con mayor probabilidad de ser requerido por el carnicero.

Para Mitchell Innes esta es una suposición irreal e innecesariamente compleja. En su opinión, suponiendo que el panadero y el cervecero sean hombres honestos, el carnicero puede proveerlos de carne y recibir de ellos un reconocimiento de que tienen con él una deuda. Esto sería posible, si asumimos que la comunidad reconoce la obligación del panadero y el cervecero de saldar esa deuda con pan o cerveza en los valores relativos de mercado del pueblo, cuando llegue el momento en que el panadero desee esos productos. Para Mitchell Innes, en síntesis, no es necesario postular un complejo proceso de una mercancía que se transforma en medio de intercambio. Mucho más sencillo es el intercambio de un producto a cambio de una deuda o compromiso futuro.

A diferencia de los partidarios de la teoría clásica, Mitchell Innes utiliza la información histórica y arqueológica disponible en su tiempo para constatar empíricamente su teoría. La existencia en todas las tradiciones jurídicas conocidas del mundo del reconocimiento de la obligación legal de saldar las deudas rechaza, en su opinión, expresamente el postulado de la teoría clásica de que el crédito es una invención posterior a la del dinero y posibilitada por la existencia de éste. Para Mitchell Innes, por el contrario, el crédito es la verdadera forma del dinero ya que puede conservarse por mucho tiempo y hasta transferirse a terceros. El dinero no tiene, por lo tanto, nada que ver con los metales preciosos.


Palos tallados de deuda

Mitchell Innes ve en la información proporcionada por hallazgos arqueológicos comunes una confirmación del carácter universal de esta práctica. En su opinión, durante muchos siglos, el principal instrumento del comercio no habría sido la moneda o una mercancía que asumiera sus funciones, sino el uso de palos tallados en los que se registraban las deudas (conocidos en latín como talea, en francés como Taille y en alemán como Kerbholz). El nombre del deudor y la fecha de la transacción eran escritos en dos lados opuestos de la varilla, que se dividía entonces por la mitad de tal manera que el nombre y la fecha aparecieran en ambas partes. Ambas mitades constituían un registro completo del crédito y de la deuda. El deudor estaba protegido por su trozo de la imitación fraudulenta o manipulación del comprobante en manos del acreedor.

El Estado al recaudar impuestos es el principal creador de dinero, pues se transforma en acreedor automático de todos los contribuyentes, que pasan a ser sus deudores. Esa posición de acreedor le permite al Estado producir certificados con los que adquirir y bienes y servicios que serán recibidos pues se compromete a su vez a aceptarlos como medio para cancelar las deudas fiscales de sus contribuyentes. En la concepción de nuestro autor, entonces, la moneda no se acuña para garantizar su peso y pureza como quiere la teoría clásica, sino para señalar su carácter de medio de pago oficial que el Estado está dispuesto a aceptar de sus deudores. El valor de la moneda no deriva, entonces, para Mitchel Innes de su contenido metálico sino que, como cualquier certificado de deuda, depende del grado de solvencia percibido del deudor.

martes, 2 de abril de 2013

El origen del dinero y la moneda - 2°parte: La teoría de Carl Menger


Carl Menger

Continuando con la serie de entradas sobre el origen del dinero y la moneda, presento en esta segunda parte la versión de la teoría clásica elaborada por el economista austríaco Carl Menger (1840-1921) a fines del siglo XIX. 

La liquidez de las mercancías y el origen del dinero

Carl Menger es considerado uno de los economistas más relevantes de la historia, el padre de la escuela austriaca y famoso, sobre todo, por sus contribuciones al desarrollo de la teoría de la utilidad marginal. Entre sus numerosos escritos, Menger dedicó también un breve pero profundo análisis al origen del dinero, publicado originalmente en el año 1892.

Menger toma como punto de partida de su teoría el marco general de la argumentación de Adam Smith y supone que, cuando se generó la división del trabajo dentro de las comunidades humanas, necesariamente tienen que haberse desarrollado mercados de intercambio mediante trueque. Este tipo de mercados se enfrentan, sin embargo, al problema de la “doble coincidencia de demandas” que ya mencionamos en la primera entrada de esta serie. Para Menger, al igual que para Smith, es la experiencia de las dificultades del trueque lo que gradualmente lleva al uso de los metales como primera forma de dinero y, luego, a la aparición de la moneda.

El eje de la explicación de Menger se centra en la idea de que las mercancías tienen diferentes “capacidades de venta” (en alemán Absatzfähigkeit)", lo que podríamos traducir como “diferentes grados de liquidez”. Esos diferentes grados se reconocen en el margen entre el “precio ofrecido” y el “precio solicitado” de ese producto en el mercado. Según Menger, aun la observación más superficial de los fenómenos del mercado nos enseña que no tenemos la posibilidad, cuando hemos comprado un artículo por un precio determinado, de volver a venderlo inmediatamente por el mismo precio. El precio al cual podemos comprar voluntariamente una mercancía en un mercado determinado y en un momento dado y el precio al cual podemos venderla son diferentes.


Lingotes de plata romanos

Por lo tanto, quien trae al mercado productos de escasa liquidez, se encuentra con que frecuentemente no puede intercambiarlos directamente por aquellos bienes que necesita. Se ve, de esta manera, en la necesidad de intercambiarlos por otros productos que, aunque no tenga necesidad de ellos, son más líquidos que los suyos. Al hacerlo, no logra inmediatamente su objetivo pero se va acercando a él al contar ahora con bienes que tienen una mayor probabilidad de ser demandados por quienes poseen lo que a él le interesa.

De mercancía líquida a dinero: ¿por qué adquieren los metales preciosos una función monetaria?

Es la experiencia regular de esta situación la que lleva, según Menger, a que los productos más líquidos en cada mercado vayan adquiriendo gradualmente las funciones del dinero. En los pueblos que alcanzaron estructuras económicas más complejas, esa función fue recayendo en los metales, por su liquidez altamente superior en relación con la de todos los otros productos y, al mismo tiempo, porque se los ha considerado especialmente aptos para las otras funciones que tiene el dinero además de ser un medio de intercambio: las de permitir atesorar valor y servir como unidad de cuenta.

De entre los metales, esa función se va, con el tiempo, concentrando en los metales preciosos. Para Menger, ello se debe a que en todos los pueblos ha existido una demanda natural por el oro y la plata por su utilidad y belleza. Además, a pesar de su escasez, están geográficamente bien distribuidos y su extracción no es compleja. Esa demanda natural fue la fuente primera de la mayor liquidez de estos metales, que se acrecentó todavía más en la medida en que comenzaron a cumplir la función de dinero, ya que todos los buscaban para luego intercambiarlos por los productos que necesitaban.

Un punto especialmente importante para Menger es que, según su explicación demuestra, el dinero surge sin intervención del Estado, sólo como un resultado de la combinación de los intereses individuales de quienes operan en el mercado. En sus palabras: “El dinero no ha sido generado por la ley. En sus orígenes es una institución social y no estatal”. El Estado interviene sólo para certificar la calidad del dinero creado por el mercado y asegurar la confianza en la autenticidad, peso y pureza de cada pieza de metal con una marca aplicada a tal fin. De esta manera se da origen, finalmente, a la moneda.

martes, 26 de marzo de 2013

El origen del dinero y la moneda - 1°parte: La teoría clásica de Adam Smith


Diferentes formas del dinero a lo largo de la historia

El dinero está tan íntimamente ligado a la estructura de nuestra sociedad, que nos resulta difícil pensar cómo podríamos vivir prescindiendo de él. Sin embargo, en la milenaria historia de la humanidad, constituye una invención relativamente reciente. Grandes civilizaciones y estados, tal como -sólo por poner un ejemplo especialmente claro- el poderoso imperio inca, pudieron desarrollarse y prosperar sin recurrir en absoluto a su uso. La historia del surgimiento del dinero y la moneda es sumamente compleja y de gran importancia para la numismática. Es un problema que continua presentando muchos puntos oscuros, muy debatidos por los investigadores. Se han propuesto explicaciones muy diferentes, a las que podemos agrupar en tres grandes escuelas: la económica clásica, la chartalista y la antropológica. En la serie de entradas que hoy comienzo presentaré una a una las principales teorías esbozadas dentro de cada escuela y las diferentes críticas que se han realizado a cada una de ellas.

Dinero y moneda

 La moneda en su forma moderna apareció por primera vez, a fines del siglo VII o principios del VI a.C., en Asia Menor. Antes que una verdadera invención, representó un desarrollo o elaboración de otras formas de dinero anteriores: pequeñas barras y trozos de metales preciosos utilizadas en la región como medio de intercambio. Desarrollos semejantes se produjeron, algo más tarde y de forma independiente, en la India y en China. Desde estos centros, su uso se fue expandiendo gradualmente, a lo largo de los siglos, por las diversas regiones del mundo.

Para poder comprender la historia del origen del dinero y la moneda es importante distinguir entre estos dos conceptos. Simplificando, podríamos decir que se entiende por “dinero” cualquier objeto al que se le reconoce un valor y es aceptado como medio de pago de bienes y servicios en un mercado. Otras dos funciones secundarias del dinero son las de servir como unidad de cuenta para expresar valores y como medio para atesorar riqueza. La moneda, por el contrario, es algo mucho más específico: una pieza de metal (generalmente, de forma circular) en la que aparece un motivo con el que la autoridad emisora certifica su valor y su peso para que pueda ser usada como dinero. El origen del dinero y el de la moneda son, en consecuencia, dos problemas distintos aunque estrechamente relacionados. Es necesario entender cómo y por qué en determinadas culturas se produce el desarrollo de distintas formas de dinero y cómo, en tan sólo algunos casos, se le dio la forma monetaria que terminaría imponiéndose.


Adam Smith

La teoría económica clásica – El origen del dinero de Aristóteles a Adam Smith

La explicación más difundida del origen del dinero –que podemos encontrar en todos los manuales de economía- tiene una larga trayectoria. Aparece, de hecho ya esbozada en la Política de Aristóteles (I, I257b-1258a), pero tiene su formulación clásica en La riqueza de la naciones (libro I, capítulo IV) de Adam Smith, el texto fundacional de la economía moderna. El economista austríaco Carl Menger le daría su forma definitiva al añadirle algunos refinamientos matemáticos y lógicos.

La característica central de esta teoría es que argumenta de manera conjetural. Sin embargo, me esforzaré por presentarla en forma histórica.

Esta argumentación parte de la suposición de que bandas de cazadores recolectores o pequeñas aldeas de pastores y agricultores limitadas a una economía de subsistencia serían el único tipo de comunidades que carecerían completamente de intercambios. Cada unidad familiar produce localmente el no muy amplio rango de bienes necesario para garantizar la reproducción social del grupo. Por el contrario, en cuanto se complejiza la vida social y se desarrollan la especialización y la división del trabajo, entonces inevitablemente surge la necesidad de realizar intercambios. La forma natural en que éstos se habrían llevado a cabo sería el trueque.


Trueque

El trueque implica considerables dificultades, pues –según argumenta esta teoría- requiere de una “doble coincidencia de necesidades” para que el intercambio pueda efectivamente tener lugar. Esto puede ilustrarse claramente con un ejemplo. Tenemos un herrero que tiene herramientas de metal excedente y desea intercambiarlas por piezas de alfarería. Debe encontrar, entonces alguien que posea las mismas y que, además, esté dispuesto a intercambiarlas por lo que él ofrece. Otro problema frecuente surgiría al intentar cambiar un bien grande e indivisible por diversos bienes más pequeños.

La primera respuesta a estas dificultades sería que cada individuo buscaría intercambiar sus bienes por uno que fuera ampliamente demandado para asegurarse de encontrar más fácilmente interesados en recibirlo en trueque por lo que él desea. Al consolidarse ese bien ampliamente demandado como medio para todos los intercambios habría surgido la primera forma primitiva de dinero. Vemos, efectivamente, que en muchas sociedades distintos bienes cumplieron ese papel: cabezas de ganado, sal, hojas de tabaco, etc.

Para Adam Smith, con el paso del tiempo, sin embargo, los hombres habrían finalmente adoptado para esta  función a los metales por encima de cualquier otra mercancía, dadas las considerables ventajas que éstos ofrecían. No sólo pueden conservarse por largo tiempo sin sufrir casi deterioro sino que también pueden, sin dificultad, dividirse en cualquier número de piezas más pequeñas y, luego, volver reunirse por fundición en una de mayor tamaño. Muy pocos bienes presentan estas características que los vuelven óptimos para su uso como instrumentos de comercio.


Antigua balanza romana usada para pesar trozos de bronce en operaciones comerciales

Los únicos inconvenientes asociados a este uso de trozos metal como medio de intercambio era la necesidad de pesarlos en cada transacción para determinar su valor exacto. En consecuencia, para hacer más sencillos los intercambios en aquellas sociedades con una organización más compleja se habría recurrido a colocar un sello público sobre ciertas unidades de estos metales para certificar su peso y calidad y permitir prescindir del pesado. Con la adopción de la forma circular ya llegamos a la aparición de la moneda.

Es conocido que en la historia temprana de Roma se dio una transición, semejante a la pretendida por esta teoría, del uso como dinero de cabezas de ganado (hecho que dejó su impronta en la palabra latina pecunia) al de rústicos lingotes metálicos primero y de lingotes estampados con motivos garantizando sus características.