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martes, 29 de octubre de 2019

Una "moneda" de Tutankamón que podría reescribir la historia


medio deben de Tutankamón


¿Qué pueblo inventó la moneda?


La moneda fue inventada por los lidios, un pueblo antiguo de Asia Menor en el siglo VI a.C.

Esa es, por lo menos, la historia que todos conocemos. Sin embargo, una pieza que sale a la venta el 18 de noviembre de 2019, en la subasta nr. 11 de la casa suiza Numismatica Genevensis pondría en duda la versión hasta ahora aceptada e indicaría que objetos con las características propias de monedas fueron usados por los egipcios muchos siglos antes.

Este importante objeto es una poco llamativa barra de plata en forma de gota aplanada. Lo importante es que en una de sus caras fue estampada con un cartucho incuso en forma de jarra con el nombre del faraón Tutankamón (uno de los más famosos de la historia de Egipto gracias al descubrimiento de su tumba a principios del siglo XX). Reinó alrededor de los años 1345-1327 a. C. La inscripción lo designa “Tutankamón, gobernante de Heliópolis en el Alto Egipto”.

La pieza fue propiedad del gran coleccionista Roger Pereire. Su colección fue dispersada en la década del 70 y esta pieza estuvo desde entonces en manos de un coleccionista suizo, sin haber atraído demasiada atención desde entonces.

Esta pequeña barra de plata tiene un peso de 41,55 gramos, lo que equivale aproximadamente a medio “deben”.

Máscara funeraria de Tutankamón

El deben egipcio, ¿unidad de cuenta o moneda?


El deben era una unidad de cuenta utilizada por los antiguos egipcios para expresar el valor de diversos bienes y facilitar sus intercambios en el mercado. El deben siempre ha sido considerado una medida abstracta que tenía un equivalente en plata como en cualquier otro bien. Lo que no sabíamos es que existieran piezas de plata emitidas por el Estado egipcio para que fueran equivalentes físicos de esa unidad de valor.

El contenido de plata del 98.54% de esta pieza indica que el material fue refinado artificialmente para alcanzar la máxima pureza posible con la tecnología de la época. Lo que indica que se ha puesto mucho cuidado en su producción. Quizás, el nombre del faraón es la garantía de ese nivel de pureza.

¿Tenemos que pensar entonces que la moneda es anterior a lo que creíamos? Es muy pronto para afirmarlo. Serían necesarios más hallazgos semejantes para confirmar que este tipo de piezas circularon de manera habitual y que no se trata de objetos excepcionales fabricados con un propósito específico. Sea como fuere, se trata de una pieza de enorme importancia histórica que ilustra el gran nivel de desarrollo alcanzado por la economía egipcia durante el período del Imperio Nuevo.


viernes, 26 de abril de 2013

El origen de la moneda 2° parte


primeras monedas de la historia
Stater de oro, 8,05 gr.

En la última entrada vimos una explicación del origen de la moneda en Lidia. Según R. Wallace, se trató de un medio para facilitar el uso comercial del electrón. Como las piezas de este metal tenían un valor intrínseco variable por las diferencias en su contenido de oro, sólo una garantía de valor estatal podía hacer que su uso fuera práctico. En esta entrada continuo este tema considerando el desarrollo posterior de las monedas de electrón hasta su remplazo sistemas bimetálicos con acuñaciones en oro y plata.

Al acuñar el electrón con una garantía estatal, se transfirió, por lo menos parcialmente, el valor de la pieza de su contenido metálico intrínseco hacia la autoridad pública como emisora y garante de las monedas. Esta innovación permitió aprovechar de una manera sencilla, como vimos, para el financiamiento del Estado y para la actividad comercial la riqueza aurífera de los ríos de Asia Menor y por ello fue imitada rápidamente por las ciudades griegas de la zona.

primera moneda de la historia
Agregar leyenda

Stater de plata 10,66 gr.

Al transferirse la base del valor de la pieza de su contenido metálico a la garantía del Estado, se generó, para algunos autores, un fuerte incentivo para que éste obtuviera un beneficio sobrevaluando las piezas. Como afirma John Kroll -una de las mayores autoridades en este tema-, la evidencia señala que las monedas de lidia (identificables por llevar el motivo del león real en e anverso) estaban oficialmente valuadas como si su composición correspondiera al promedio natural del electrón lidio (aproximadamente 73% de oro y 27% de plata) mientras que el contenido metálico real de las piezas había sido alterado artificialmente mediante el añadido de cobre y plata para llegar a un contenido aurífero mucho más bajo (54% de oro, 44% de plata y 1 o 2 % de cobre). Este último metal se añadía en porcentajes variables en cada caso para uniformar el color de las monedas. La manipulación se traducía en una diferencia de entre el 15 y el 20% entre el valor nominal y el valor metálico intrínseco, porcentaje que representaba una ganancia para el Estado.

La manipulación del contenido metálico de las primeras monedas lidias habría llevado a una gradual pérdida de confianza en las mismas que haría necesario, finalmente, remplazarlas. A mediados del siglo VI a.C., se difundió el conocimiento del proceso de cementación que permite separar el electrón en sus componentes naturales. Ello permitió al rey lidio Creso (reinado 560-547 a.C.) reclamar todas las viejas piezas de electrón en circulación y sustituirlas por un nuevo sistema bimetálico de monedas de oro y plata acuñadas en Sardes. Ambas llevaban en su anverso la misma representación, un león enfrentado con un toro.

Creso introdujo el primer sistema monetario bimetálico de la historia con tasas de cambio fijas entre el oro y la plata. El peso de los nuevos estáteres de oro fue reducido a 10,8 gr. y, después de algún tiempo, a 8,1 gr. Los estáteres de plata pura fueron acuñados con un peso de 10,8 gr. junto con un amplio rango de fracciones de menor valor (1/3, 1/6, 1/12, 1/24, 1/48). Se cree que el peso de estas nuevas monedas fue fijado a un nivel que permitiera un fácil intercambio de las nuevas monedas de oro por los viejos estáteres de electrón.

martes, 23 de abril de 2013

El origen de la moneda


origen de la moneda
Tercio de Estater - Lidia

En una serie de entradas recientes os presenté algunas de las principales teorías para explicar el origen del dinero. Ahora quiero compartir con vosotros este breve análisis del origen de la moneda.

Los lidios inventores de la moneda


La moneda fue inventada en el siglo VII a.C. en Asia Menor. Más específicamente, en el reino de Lidia, un poderoso Estado al oeste de la península anatólica. Notable por su riqueza y desarrollo, Lidia vivió un período de auténtico esplendor entre los siglos VII y VI a.C., hasta que, en el 546 a.C., fue conquistada por los persas.

El reino de Lidia
Mapa de Lidia

Las primeras monedas fueron producidas en Sardes, la capital de Lidia, en las últimas décadas del siglo VII a.C. Se las acuñó exclusivamente a partir de electrón, que es la aleación natural entre la plata y el oro en que estos metales aparecen en el lecho de cursos de agua. Los lidios lo obtenían del célebre río Pactolo, cuya riqueza aurífera era tal que los griegos creían que en sus aguas había lavado sus manos el mítico rey Midas. Algunas póleis de la costa jonia -que eran controladas o influenciadas por los lidios- imitaron rápidamente esta innovación y comenzaron a acuñar sus propias monedas de electrón. Sin embargo, por un tiempo considerable, la moneda siguió siendo un fenómeno regional limitado al Asia Menor, donde el electrón es abundante.

primeras monedas
Doceavo de estater 

Características generales de las primeras monedas


La unidad de denominación utilizada fue el estater (στατήρ), pero diferentes ciudades le fijaban un peso diferente. En el sistema lidio-milesio, equivalía a14.5 gramos. También se acuñaban diversas piezas fraccionarias, incluso algunas muy pequeñas, lo que demuestra que las monedas no sólo eran utilizadas para realizar grandes pagos sino también para los intercambios cotidianos. En este contexto, es importante recordar que, en un pasaje de sus historias, Heródoto adjudicaba a los lidios el ser los primeros tanto en acuñar monedas como en practicar el comercio minorista.

origen de la moneda
Estater de Mileto

Una característica general de las emisiones tempranas en electrón es la gran diversidad de motivos. Algunas monedas tienen simplemente una superficie con estrías o marcas irregulares, mientras que en otras aparecen, sobre todo, diversas representaciones de animales. La evidencia arqueológica indica que ambos tipos de motivos son contemporáneos y no el resultado de una evolución gradual. El león es la figura más popular pero también aparecen toros, perros, pájaros, focas e, incluso, seres fantásticos. Las piezas tienen formas muy irregulares pero los estándares de peso son respetados rigurosamente.

¿Por qué se acuñaron de electrón?


Hasta mediados del siglo VI a.C., sólo se acuñaron monedas de electrón. Se trata de un hecho sumamente llamativo, pues el valor de esta aleación varía de acuerdo a los porcentajes de oro y plata en su composición, que es diferente en cada pieza y tiene que ser determinado a través del uso de una piedra de toque o de otros métodos más complejos.

Tercio de Estater - Lidia

De acuerdo con la teoría metalista, la introducción de la moneda es un medio de evitar el engorroso pesado de los trozos de metal en las operaciones comerciales. El Estado garantiza el valor intrínseco produciendo pequeños lingotes marcados con una estampa que certifica su calidad y peso y hace, de esta forma, innecesario tener que determinar el valor de cada pieza. Sin embargo, esta teoría no se corresponde con las características de las primeras piezas acuñadas de electrón. El Estado no podía certificar un valor intrínseco uniforme a piezas que tenían, en cada caso, un valor diferente correspondiente al porcentaje de oro presente.

1/24 de Estater - Lidia

Esta paradoja intrigó por mucho tiempo a los investigadores pero fue resuelta de manera muy convincente por R. Wallace en un artículo del año 1987. En su tesis, el origen de la moneda es, precisamente, un resultado de las dificultades para el uso del electrón en las operaciones comerciales. En el siglo VII a.C., no se conocía todavía la forma de separar el oro y la plata de esta aleación, por lo que la gran riqueza proporcionada por ríos como el Pactolo o el Hermo no podía ser aprovechada adecuadamente para el comercio. La respuesta a este problema fue que el Estado lidio produjo piezas de peso uniforme y sus fracciones estandarizadas y garantizó su valor marcándolas con una estampa. La moneda fue inventada, en síntesis, para resolver el problema del valor intrínseco variable de las piezas de electrón que no podían circular de forma efectiva sin una garantía.

martes, 2 de abril de 2013

El origen del dinero y la moneda - 2°parte: La teoría de Carl Menger


Carl Menger

Continuando con la serie de entradas sobre el origen del dinero y la moneda, presento en esta segunda parte la versión de la teoría clásica elaborada por el economista austríaco Carl Menger (1840-1921) a fines del siglo XIX. 

La liquidez de las mercancías y el origen del dinero

Carl Menger es considerado uno de los economistas más relevantes de la historia, el padre de la escuela austriaca y famoso, sobre todo, por sus contribuciones al desarrollo de la teoría de la utilidad marginal. Entre sus numerosos escritos, Menger dedicó también un breve pero profundo análisis al origen del dinero, publicado originalmente en el año 1892.

Menger toma como punto de partida de su teoría el marco general de la argumentación de Adam Smith y supone que, cuando se generó la división del trabajo dentro de las comunidades humanas, necesariamente tienen que haberse desarrollado mercados de intercambio mediante trueque. Este tipo de mercados se enfrentan, sin embargo, al problema de la “doble coincidencia de demandas” que ya mencionamos en la primera entrada de esta serie. Para Menger, al igual que para Smith, es la experiencia de las dificultades del trueque lo que gradualmente lleva al uso de los metales como primera forma de dinero y, luego, a la aparición de la moneda.

El eje de la explicación de Menger se centra en la idea de que las mercancías tienen diferentes “capacidades de venta” (en alemán Absatzfähigkeit)", lo que podríamos traducir como “diferentes grados de liquidez”. Esos diferentes grados se reconocen en el margen entre el “precio ofrecido” y el “precio solicitado” de ese producto en el mercado. Según Menger, aun la observación más superficial de los fenómenos del mercado nos enseña que no tenemos la posibilidad, cuando hemos comprado un artículo por un precio determinado, de volver a venderlo inmediatamente por el mismo precio. El precio al cual podemos comprar voluntariamente una mercancía en un mercado determinado y en un momento dado y el precio al cual podemos venderla son diferentes.


Lingotes de plata romanos

Por lo tanto, quien trae al mercado productos de escasa liquidez, se encuentra con que frecuentemente no puede intercambiarlos directamente por aquellos bienes que necesita. Se ve, de esta manera, en la necesidad de intercambiarlos por otros productos que, aunque no tenga necesidad de ellos, son más líquidos que los suyos. Al hacerlo, no logra inmediatamente su objetivo pero se va acercando a él al contar ahora con bienes que tienen una mayor probabilidad de ser demandados por quienes poseen lo que a él le interesa.

De mercancía líquida a dinero: ¿por qué adquieren los metales preciosos una función monetaria?

Es la experiencia regular de esta situación la que lleva, según Menger, a que los productos más líquidos en cada mercado vayan adquiriendo gradualmente las funciones del dinero. En los pueblos que alcanzaron estructuras económicas más complejas, esa función fue recayendo en los metales, por su liquidez altamente superior en relación con la de todos los otros productos y, al mismo tiempo, porque se los ha considerado especialmente aptos para las otras funciones que tiene el dinero además de ser un medio de intercambio: las de permitir atesorar valor y servir como unidad de cuenta.

De entre los metales, esa función se va, con el tiempo, concentrando en los metales preciosos. Para Menger, ello se debe a que en todos los pueblos ha existido una demanda natural por el oro y la plata por su utilidad y belleza. Además, a pesar de su escasez, están geográficamente bien distribuidos y su extracción no es compleja. Esa demanda natural fue la fuente primera de la mayor liquidez de estos metales, que se acrecentó todavía más en la medida en que comenzaron a cumplir la función de dinero, ya que todos los buscaban para luego intercambiarlos por los productos que necesitaban.

Un punto especialmente importante para Menger es que, según su explicación demuestra, el dinero surge sin intervención del Estado, sólo como un resultado de la combinación de los intereses individuales de quienes operan en el mercado. En sus palabras: “El dinero no ha sido generado por la ley. En sus orígenes es una institución social y no estatal”. El Estado interviene sólo para certificar la calidad del dinero creado por el mercado y asegurar la confianza en la autenticidad, peso y pureza de cada pieza de metal con una marca aplicada a tal fin. De esta manera se da origen, finalmente, a la moneda.

martes, 26 de marzo de 2013

El origen del dinero y la moneda - 1°parte: La teoría clásica de Adam Smith


Diferentes formas del dinero a lo largo de la historia

El dinero está tan íntimamente ligado a la estructura de nuestra sociedad, que nos resulta difícil pensar cómo podríamos vivir prescindiendo de él. Sin embargo, en la milenaria historia de la humanidad, constituye una invención relativamente reciente. Grandes civilizaciones y estados, tal como -sólo por poner un ejemplo especialmente claro- el poderoso imperio inca, pudieron desarrollarse y prosperar sin recurrir en absoluto a su uso. La historia del surgimiento del dinero y la moneda es sumamente compleja y de gran importancia para la numismática. Es un problema que continua presentando muchos puntos oscuros, muy debatidos por los investigadores. Se han propuesto explicaciones muy diferentes, a las que podemos agrupar en tres grandes escuelas: la económica clásica, la chartalista y la antropológica. En la serie de entradas que hoy comienzo presentaré una a una las principales teorías esbozadas dentro de cada escuela y las diferentes críticas que se han realizado a cada una de ellas.

Dinero y moneda

 La moneda en su forma moderna apareció por primera vez, a fines del siglo VII o principios del VI a.C., en Asia Menor. Antes que una verdadera invención, representó un desarrollo o elaboración de otras formas de dinero anteriores: pequeñas barras y trozos de metales preciosos utilizadas en la región como medio de intercambio. Desarrollos semejantes se produjeron, algo más tarde y de forma independiente, en la India y en China. Desde estos centros, su uso se fue expandiendo gradualmente, a lo largo de los siglos, por las diversas regiones del mundo.

Para poder comprender la historia del origen del dinero y la moneda es importante distinguir entre estos dos conceptos. Simplificando, podríamos decir que se entiende por “dinero” cualquier objeto al que se le reconoce un valor y es aceptado como medio de pago de bienes y servicios en un mercado. Otras dos funciones secundarias del dinero son las de servir como unidad de cuenta para expresar valores y como medio para atesorar riqueza. La moneda, por el contrario, es algo mucho más específico: una pieza de metal (generalmente, de forma circular) en la que aparece un motivo con el que la autoridad emisora certifica su valor y su peso para que pueda ser usada como dinero. El origen del dinero y el de la moneda son, en consecuencia, dos problemas distintos aunque estrechamente relacionados. Es necesario entender cómo y por qué en determinadas culturas se produce el desarrollo de distintas formas de dinero y cómo, en tan sólo algunos casos, se le dio la forma monetaria que terminaría imponiéndose.


Adam Smith

La teoría económica clásica – El origen del dinero de Aristóteles a Adam Smith

La explicación más difundida del origen del dinero –que podemos encontrar en todos los manuales de economía- tiene una larga trayectoria. Aparece, de hecho ya esbozada en la Política de Aristóteles (I, I257b-1258a), pero tiene su formulación clásica en La riqueza de la naciones (libro I, capítulo IV) de Adam Smith, el texto fundacional de la economía moderna. El economista austríaco Carl Menger le daría su forma definitiva al añadirle algunos refinamientos matemáticos y lógicos.

La característica central de esta teoría es que argumenta de manera conjetural. Sin embargo, me esforzaré por presentarla en forma histórica.

Esta argumentación parte de la suposición de que bandas de cazadores recolectores o pequeñas aldeas de pastores y agricultores limitadas a una economía de subsistencia serían el único tipo de comunidades que carecerían completamente de intercambios. Cada unidad familiar produce localmente el no muy amplio rango de bienes necesario para garantizar la reproducción social del grupo. Por el contrario, en cuanto se complejiza la vida social y se desarrollan la especialización y la división del trabajo, entonces inevitablemente surge la necesidad de realizar intercambios. La forma natural en que éstos se habrían llevado a cabo sería el trueque.


Trueque

El trueque implica considerables dificultades, pues –según argumenta esta teoría- requiere de una “doble coincidencia de necesidades” para que el intercambio pueda efectivamente tener lugar. Esto puede ilustrarse claramente con un ejemplo. Tenemos un herrero que tiene herramientas de metal excedente y desea intercambiarlas por piezas de alfarería. Debe encontrar, entonces alguien que posea las mismas y que, además, esté dispuesto a intercambiarlas por lo que él ofrece. Otro problema frecuente surgiría al intentar cambiar un bien grande e indivisible por diversos bienes más pequeños.

La primera respuesta a estas dificultades sería que cada individuo buscaría intercambiar sus bienes por uno que fuera ampliamente demandado para asegurarse de encontrar más fácilmente interesados en recibirlo en trueque por lo que él desea. Al consolidarse ese bien ampliamente demandado como medio para todos los intercambios habría surgido la primera forma primitiva de dinero. Vemos, efectivamente, que en muchas sociedades distintos bienes cumplieron ese papel: cabezas de ganado, sal, hojas de tabaco, etc.

Para Adam Smith, con el paso del tiempo, sin embargo, los hombres habrían finalmente adoptado para esta  función a los metales por encima de cualquier otra mercancía, dadas las considerables ventajas que éstos ofrecían. No sólo pueden conservarse por largo tiempo sin sufrir casi deterioro sino que también pueden, sin dificultad, dividirse en cualquier número de piezas más pequeñas y, luego, volver reunirse por fundición en una de mayor tamaño. Muy pocos bienes presentan estas características que los vuelven óptimos para su uso como instrumentos de comercio.


Antigua balanza romana usada para pesar trozos de bronce en operaciones comerciales

Los únicos inconvenientes asociados a este uso de trozos metal como medio de intercambio era la necesidad de pesarlos en cada transacción para determinar su valor exacto. En consecuencia, para hacer más sencillos los intercambios en aquellas sociedades con una organización más compleja se habría recurrido a colocar un sello público sobre ciertas unidades de estos metales para certificar su peso y calidad y permitir prescindir del pesado. Con la adopción de la forma circular ya llegamos a la aparición de la moneda.

Es conocido que en la historia temprana de Roma se dio una transición, semejante a la pretendida por esta teoría, del uso como dinero de cabezas de ganado (hecho que dejó su impronta en la palabra latina pecunia) al de rústicos lingotes metálicos primero y de lingotes estampados con motivos garantizando sus características.

martes, 26 de enero de 2010

Un tetradracma de Camarina – Una obra maestra del arte numismático

La historia temprana de la ciudad griega de Camarina en Sicilia es compleja y turbulenta. Fue fundada en el 598 a.C. y destruida en el 552 a.C. Fue refundada en el 493 a.C. y nuevamente destruida en el 485 a.C. Finalmente, una tercera fundación en la década del 460 a.C. pudo quebrar con esta tradición negativa y dar origen a una ciudad próspera y pujante. La ciudad es conocida sobre todo por sus acuñaciones, que se destacan por su excepcional calidad y nivel artístico. Uno de los ejemplos más célebres acompaña esta entrada, un exquisito tetradracma. En el anverso vemos una cuadriga conducida por Atenea, mientras que Victoria vuela en sentido contrario. Debajo, en exergue, se divisan dos ánforas. La delgada línea que delimita el exergue contiene la firma del grabador, EXAKESTIDAS, en letras diminutas. El reverso es ocupado completamente por la cabeza de un joven Hércules llevando la piel del león de nemea. El nivel de detalle es asombroso, como puede reconocerse en la melena del león, de la que se reconocen incontables cabellos. La leyenda KAMARINAION puede reconocerse todavía delante del rostro del héroe. Se trata, en mi opinión, de una verdadera obra maestra, de la que EXAKESTIDAS podía, con razón, sentirse orgulloso.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Los lidios: inventores de la moneda


Ya he tratado aquí en líneas generales sobre el origen de la moneda, pero sin decir casi nada sobre el pueblo responsable de esta crucial innovación, los lidios.

El reino de Lidia fue un poderoso Estado al oeste de la península anatólica, notable por su riqueza y desarrollo, que vivió un período de auténtico esplendor entre los siglos VII y V a.C., período en que fue, finalmente, conquistado por los persas. Su último rey, Creso, es una figura a mitad de camino entre la historia y la leyenda, eternizado por Heródoto en muchos célebres pasajes de su obra.

Si los lidios fueron los primeros en acuñar monedas, fueron, en cambio, los griegos quienes las perfeccionaron para su uso comercial y las difundieron por el mundo mediterráneo. ¿Cómo puede explicarse que los lidios arrebataran a los creativos griegos el honor de ser los responsables de este crucial desarrollo? Es imposible dar una respuesta definitiva a partir de las escasas informaciones disponibles, pero sí presentar algunos argumentos que pueden aclarar el proceso histórico que nos ocupa.

Midas se baña en el río Pactolo

En primer lugar, es importante considerar una condición fundamental, la disponibilidad de la materia prima. Los lidios controlaban el río Pactolo (Pactolus), célebre en la Antigüedad por el alto contenido aurífero de sus arenas. Según la mitología griega, el río adquirió su electro (la aleación natural del oro y la plata), cuando el rey Midas de Frigia se bañaba en él para perder su toque dorado, que había convertido incluso su comida en oro, una bella parábola sobre el carácter destructivo de la riqueza. En realidad, el río Pactolo adquiría su electro de depósitos de cuarzo cerca del Monte Tmolo. Los reyes de Lidia contaban entonces con recursos excepcionales a su disposición y no debe extrañarnos que decidieran explotarlos en forma organizada estandarizando el tamaño de sus piezas y certificando su valor mediante la estampa de un motivo en el metal, es decir, con la acuñación.

En segundo lugar, es relevante destacar que el reino lidio se encontraba posicionado en la confluencia de importantes rutas comerciales entre el Cercano Oriente y Europa, lo que hacía de su territorio un espacio natural de confluencia e intercambio. La moneda puede haber contribuido a simplificar el comercio de productos procedentes de regiones distantes acrecentando la importancia de Lidia como mercado. Si bien en la actualidad muchos especialistas discuten la tesis tradicional de que el dinero surgió para facilitar los intercambios y lo adjudican a fines rituales y políticos, creo que sus argumentos no son del todo convincentes.

Finalmente, Lidia era una monarquía relativamente centralizada cuya administración se vio, seguramente, beneficiada por la introducción de nuevos mecanismos de intercambio y recaudación fiscal. Creo que es este tercer punto el que explica por qué la moneda se introdujo en Lidia y no en las ciudades-Estado griegas, pues allí no se encontraban disponibles los mismos recursos, ni presentes las mismas necesidades administrativas. El motivo del león que caracteriza a las monedas lidias es interpretado generalmente como un símbolo de la monarquía, lo que, creo, refuerza esta interpretación.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Otra de las monedas más antiguas y bellas del mundo



El lugar de emisión de este sexto de stater no ha podido ser identificado pero, sin lugar a dudas, se trata de una pieza muy antigua, de los mismos orígenes de la moneda, antes del 600 a.C. Lo evidencia, además de su estilo, el hecho de que fuera acuñada en electro, la aleación natural del oro y la plata.

Su anverso muestra una leona con la mandíbula abierta y la lengua visible representada casi en una forma impresionista. El león fue ampliamente utilizado en las primeras monedas por simbolizar poder, fuerza y dominación, pero el de ese stater se destaca por su plasticidad. Sólo al observar la imagen desde una cierta distancia identificamos de qué se trata pero, al aproximarnos, el motivo se descompone en una serie de bloques rigurosos, que le dan al conjunto una impresión de fuerza, tenacidad y movimiento muy bien lograda por el anónimo artista. El reverso de nuestra moneda tiene una marca de cuño, un rasgo distintivo de las piezas de este período temprano.

Hubo una considerable variedad en las representaciones en las primeras monedas Jónicas. Los motivos favoritos eran leones, carneros o chivos, ciervos, toros y caballos. Inicialmente, estos motivos no eran todavía emblemas de la ciudad emisora. Posteriormente, sin embargo, se convirtieron en atributos distintivos de las mismas. El león fue característico de Lydia, pero las ciudades de Jonia también lo usaron en sus acuñaciones. Por lo tanto, es bastante difícil determinar la ceca responsable de una moneda temprana.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Una de las monedas más antiguas y bellas del mundo


Una de las entradas más visitadas de este blog es la que se refiere al origen de la moneda. En relación con ese tema, os presento hoy una de las acuñaciones más antiguas conocidas. La hermosa pieza cuyas imágenes acompañan esta entrada fue una de las primeras monedas producidas en la zona del Mediterráneo, datando de alrededor del 630 a.C. Tanto la fecha de su emisión como el significado de la leyenda en el anverso – muy rara en este período temprano - son temas muy controvertidos.


El texto puede traducirse como: "Yo soy el sello de Phanes”. El motivo de la moneda junto con la inscripción sirvió, sin duda, como una marca de garantía del peso y calidad del metal utilizado. El problema consiste en cómo interpretar la palabra "Phanes". Es posible que la acuñación fuese encargada por el templo en Éfeso, en cuyo caso "Phanes" se referiría a la "brillante" diosa Artemisa. Las transacciones comerciales realizadas en los templos y que involucraban sus activos se realizaban siempre en nombre de la deidad respectiva. En ese caso, la autoridad responsable de acuñar esta singular pieza habría sido la misma diosa Artemisa, o, más precisamente, su templo en Éfeso.