martes, 17 de marzo de 2009

¿Conocían los romanos las tarjetas de crédito?

El peso del dinero


En una escena cerca del final de la película Espartaco, un senador romano (interpretado por Charles Laughton) hace un pago de dos millones de sestercios a un lanista (interpretado por Peter Ustinov). En la escena, la suma es representada por dos pesados sacos llenos de monedas, que Batiatus (el lanista) carga sobre los hombros. Pero para levantar un millón de sestercios en la época en que se desarrolla la acción, habría sido necesario contar con fuerzas sobre humanas. En las monedas de la república tardía, un millón de sestercios equivaldría a nada menos que a unos 965 kilos(!), es decir, casi una tonelada. Es difícil concebir operaciones por esos montos utilizando monedas como medio de pago. Para el traslado habría sido necesario utilizar varios pesados carruajes, lo que haría la operación ciertamente compleja, costosa e insegura. Tenemos, sin embargo, datos que atestiguan que compras y ventas por montos semejantes, o aun mayores, eran comunes. Cicerón, por ejemplo, compró su famosa casa en el Palatino por 3.500.000 sestercios, es decir, 875.000 denarios de plata o algo así como 3.300 kilos de monedas. Se conocen, incluso, operaciones por cifras superiores a los 10.000.000 de sestercios.

Áureo de Julio César - 46 a.C. - Crawford 466/1



Medios de pago sin monedas



¿Cómo podían estas transacciones llevarse a cabo en una época sin papel moneda? Los romanos recurrían para ello a una solución muy sencilla, el uso de distintos mecanismos financieros y de crédito. De hecho, las fuentes indican que se recurría a los mismos no sólo para evitar el problema de estas grandes transferencias de monedas, sino en todo tipo de transacciones cotidianas independientemente de los montos involucrados. La evidencia es escasa, porque los romanos no consideraban a estos asuntos financieros como temas dignos para ser tratados en sus obras literarias. Los historiadores han podido, sin embargo, reconstruir las características de los medios de pago no metálicos utilizados por los romanos, es decir, los equivalentes a nuestras tarjetas de crédito.
El medio más importante eran, sin duda, los nomina, que podrían equipararse a lo que hoy en día se denomina, en español, “pagarés”, es decir, títulos crediticios mediante los cuales una persona se comprometía a efectuar un pago determinado en un momento preciso. Al igual que sus equivalentes modernos, los nomina podían ser transferidos a terceros, por lo que se transformaban, prácticamente, en un equivalente de la moneda, especialmente útil a la hora de transferir grandes sumas. Otro medio muy utilizado eran las permutationes. Semejantes a las letras de cambio de fines de la Edad Media, permitían realizar pagos a grandes distancias sin necesidad de trasladar el dinero, actuando de manera semejante a los cheques de viajero contemporáneos. Finalmente, también las acciones de compañías (en Roma, las societates publicanorum o compañías que arrendaban del Estado el cobro de los impuestos en una región específica) podían utilizarse como medio de pago, llamadas en latín partes.

Los bancos no parecen haber jugado en la sociedad romana un papel comparable al que tenían en Florencia y otras ciudades italianas durante los últimos siglos de la Edad Media. No obstante, las transferencias bancarias como medio de pago no eran desconocidas en Roma. Lo demuestran los archivos de algunos financistas (que cumplían las funciones que los bancos tienen en la sociedad moderna) descubiertos en Pompeya y Herculano.




Áureo de Julio César - 46 a.C. - Crawford 475/2

Una simplificación - Las monedas de oro



En la época republicana, monedas de oro de mayor valor que los denarios de plata eran acuñadas sólo ocasionalmente. Pero con Julio César las mismas se volvieron más frecuentes. Los fabulosos botines de las campañas militares de César en Galia jugaron para ello, sin duda, un gran papel. El áureo pesaba unos 8 gramos y equivalía a 25 denarios o, lo que es lo mismo, 100 sestercios. Con estas monedas de oro se hizo mucho más simple el pago de grandes sumas en efectivo. Un millón de sestercios representaba ahora sólo alrededor de unos 80 kilos de monedas de oro(!). Durante la época imperial los áureos fueron utilizados como el medio más conveniente para atesorar grandes sumas y para realizar pagos por grandes cifras. Ello no implica, por supuesto, que los instrumentos financieros que hemos mencionado se dejarán de utilizar. Por el contrario, las fuentes del período imperial demuestran más allá de dudas que el crédito jugaba un papel central en todos los ámbitos de la economía romana. Más allá de las indudables diferencias tecnológicas que la diferencian de su par contemporánea, la economía romana tenía facetas que nos sorprenden por su gran cercanía con las prácticas cotidianas actuales.

Sobre este tema existen dos publicaciones recientes que recomiendo para quienes quieran profundizar en el tema:
W. V. Harris (ed.) The Monetary Systems of the Greeks and Romans
D. B. Hollander, Money in the Late Roman Republic