miércoles, 10 de noviembre de 2010

Otro medallón del tesoro de Beaurains


El 21 de septiembre de 1922 en Beaurains (Pas-de-Calais), fue descubierto accidentalmente por un grupo de trabajadores un invaluable tesoro romano, oculto dentro de un ánfora de terracota. Lamentablemente, no es posible reconstruir su composición exacta, porque los obreros no declararon el hallazgo e intentaron vender ilegalmente las piezas en el mercado negro. Algunas monedas y joyas habrían, incluso, sido fundidas. Se estima que la cantidad recuperada es alrededor del 70 % del total original.

Aún así reducido, el tesoro de Beaurains era enorme. Incluía veintitrés joyas (collares, pulseras, pendientes, hebillas, anillos, colgantes, algunos de los cuales estaban hechos con monedas), diversas piezas de plata (un candelabro, dos cucharas, un lingote), y 472 monedas, de las cuales veinticinco eran grandes medallones de oro acuñados por los tetrarcas o por Constantino I. El más espectacular era un múltiplo de 10 sólidos de Constancio I, conocido con el nombre de “medallón de Arras” del que ya he tratado en este blog. Los medallones fueron acuñados en las cecas de Tréveris y Roma, y quien los enterró los había recibido seguramente como regalos de los emperadores entre los años 285 y el 310 d. C., por lo que es probable que se tratara de un oficial de alto rango del ejército imperial.

Si bien el denominado medallón de Arras es el más grande de los encontrados, hay otros que rivalizan con él por su belleza e interés. Uno de ellos es el múltiple de cinco 5 sólidos de oro (34 mm de diámetro y 26.05 gramos de peso), acuñado en Trier, en el 303 d.C. por Diocleciano. Se trata de una verdadera obra maestra de la propaganda política, que representa los ideales de concordia, paz interna y prosperidad que eran vistos por la tetrarquía como sus grandes logros.

En el anverso vemos el retrato de Diocleciano con una corona de laureles en su cabeza y envuelto en el manto púrpura imperial. En su mano derecha sostiene un cetro rematado con un águila. La leyenda (DIOCLETIANVSPFAVGCOSVIII) lo califica como Augusto, es decir, como uno de los dos gobernantes superiores dentro del esquema político de la tetrarquía, y hace referencia a su octavo consulado. En el reverso, vemos a. Diocleciano y Maximiano, los dos Augustos, vestidos con la toga, llevando cada uno un rollo de papiro en la mano izquierda y realizando un sacrificio en un altar colocado entre ellos. Detrás, puede verse el busto de Felicitas, con el caduceo en la derecha y la cornucopia en la izquierda. La leyenda completa el cuadro: FELICITASTEMPORVM, la felicidad de los tiempos, el típico anuncio de una edad de oro. En el exergo, PTR designa a Trier como el lugar de acuñación de este medallón.