martes, 18 de enero de 2011

La doble maiorina de Juliano el Apóstata y el toro Apis

Las reformas del 362 d.C.

En el verano del año 362 d.C., el emperador Juliano se encontraba en Antioquía en medio de los preparativos para su campaña militar contra el imperio persa sasánida. Fueron meses de frenética actividad, en los que se introdujeron una serie de reformas en el Estado para intentar volverlo más eficaz, especialmente en el frente fiscal. Ello era un requisito imprescindible de toda campaña militar exitosa. Uno de los cambios más importantes introducidos en este conexto fue la modificación de las denominaciones de vellón bajo, destinada a combatir el fuerte deterioro en el valor de esas piezas y a restaurar la confianza del público en las mismas. Juliano introdujo dos nuevas monedas, una de unos 8,25 gramos de peso denominada hoy doble maiorina o AE1, y una más pequeña de unos 3 gramos conocida como AE3. Los motivos de la primera atrajeron rápidamente la atención de los contemporáneos, como sabemos por el mismo Juliano, quien en si Misopogon nos indica como esa moneda fue rechazada y tomada como motivo de bura por la población preponderantemente cristiana de Antioquía.

Una moneda muy original

El diámetro de unos 28 milímetros de esta moneda otorgaba una superficie especialmente atractiva para representar motivos elaborados. En el anverso puede verse el busto de Juliano con una corona de perlas y una larga barba (que caracterizaba su retrato desde su transformación en gobernante único del imperio y su rechazo del cristianismo) rodeado de la leyenda DN FL CL IVLIANVS PF AVG. En el reverso puede verse un toro hacia la derecha y mirando al frente, con dos estrellas encima y la leyenda SECVRITAS REI PVB.

Esta moneda ha atraído también la atención de los estudiosos, pues señala una clara intención de ruptura con la tradición al introducir un motivo de reverso completamente original contrastando con la tendencia vigente desde el reinado de Constantino a la repetición de una serie de temas establecidos. En efecto, desde la conversión de ese emperador al cristianismo los motivos paganos habían paulatinamente desaparecido de las monedas, siendo remplazados por conceptos generales referidos al soberano y el estado, especialmente a su capacidad para garantizar la defensa frente a los enemigos y la estabilidad interior.

La interpretación de la imagen del toro en el anverso ha sido muy debatida por los especialistas. En las primeras décadas del siglo XX autores como H. Mattingly y G. Elms propusieron la (todavía clásica) identificación con el toro Apis. Para F. D. Gilliard, por el contrario, el toro podría ser una alusión al signo astrológico de Juliano, tauro. Kent, por su parte, vio en este animal una representación del propio Emperador como guardián de su pueblo, mientras que para J. Arce, sería una referencia al sacrificio ritual de toros (el taurobolios) celebrado por iniciativa el propio Juliano en Antioquía.
Una defensa de la interpretación tradicional

La doble maiorina de Juliano nos muestra un claro ejemplo de las dificultades de interpretación que ofrecen las monedas antiguas. A pesar de que el reinado de Juliano es uno de aquellos sobre los que más testimonios contemporáneos sobreviven, no podemos definir con precisión el sentido de una representación numismática a la cual el emperador otorgaba, sin duda, un importante valor propagandístico. En mi opinión, sin embargo, la tesis tradicional es la más convincente. Poseemos el testimonio de Amiano Marcelino (22.14.6) sobre el descubrimiento de un nuevo toro Apis en el año 362, un acontecimiento que fue recibido con gran entusiasmo por Juliano y considerado, probablemente, como un presagio sumamente favorable para la próxima campaña contra los persas. Por otra parte, como señala Klaus Rosen en su biografía de Juliano, desde tiempos del emperador Calígula, era frecuente que la aparición de un nuevo toro de Apis fuera anunciada en las acuñaciones imperiales. Un ejemplo claro es la moneda del emperador Adriano que encabeza este párrafo. (Dracma de bronce, Egipto, 134-135 d.C.) Juliano no hacía, por lo tanto, más que volver a una antigua tradición. Ese era el objetivo general de su reinado, volver a las antiguas tradiciones y borrar completamente el capítulo cristiano del imperio que había comenzado con su tío Constantino.