martes, 10 de mayo de 2011

El mayor escándalo con monedas falsas en subastas: los dracmas de Apolonia

Hemos discutido en las últimas entradas de este blog sobre el decadracma ateniense de la Gemini VIII cuya autenticidad ha sido puesta en duda. Un caso sumamente preocupante porque prueba que monedas falsas pueden llegar a introducirse hasta en las subastas organizadas por las casas más prestigiosas del mundo. Sin embargo, si lo comparamos con otras subastas de monedas falsas del pasado, creo que se ha tratado de un suceso que, si bien puede dañar la reputación de los organizadores, ha sido bastante trivial. En efecto, ha habido casos mucho más serios, como la subasta de miles de falsos dracmas de Apolonia en los encuentros de la Convención Numismática de Nueva York de los años 1988 y 1999.


La convención numismática de Nueva York del año 1988


En las subastas de la convención, un intermediario puso a la venta más de mil ejemplares de dracmas de la polis griega de Apolonia, ubicada en las costas del mar negro. Se trata de piezas sumamente interesantes, como podéis ver en las imágenes que acompañan esta entrada. La Gorgona de estas monedas es un motivo que siempre ha atraído a los coleccionistas. Muchos comerciantes compraron y revendieron esas monedas, pero pronto surgieron cuestionamientos sobre su autenticidad. La mayoría de los compradores recibió rápidamente un reembolso, pero a pesar de que algunos de los mayores especialistas del mundo como Wayne Sayles (autor del clásico libro sobre detección de monedas falsas: Classical Deceptions) afirmaron la falsedad de estas piezas, hubo también muchos defensores. En particular, la casa de subastas Heritage (sí, la misma que co-organizó la subasta del decadracma ateniense), sostuvo por bastante tiempo que se trataba de piezas auténticas, diciendo que había llevado a cabo tests químicos de composición metálica que lo probaban. Su postura no debe sorprender, pues había comprado la mayoría de estas monedas.

Los dracmas fueron finalmente expuestos más allá de toda duda como falsificaciones cuando se descubrieron conexiones entre sus cuños y otros utilizados en la producción de réplicas en venta en el Museo Histórico Nacional de Bulgaria. Las monedas no fueron confiscadas, sino devueltas al intermediario que originalmente las había puesto en venta y gran parte de ellas ingreso al mercado siendo nuevamente vendidas como si fueran auténticas.

La convención numismática de Nueva York del año 1999


Uno podría pensar que tras los sucesos del año 88 todas las casas de subastas habrían aprendido la lección y que algo semejante no hubiera podido ocurrir nuevamente. Pero él que pensara así se equivocaría rotundamente. Tan sólo 11 años después de lo relatado, otra vez fueron introducidas monedas falsas en las subastas de la Convención Numismática de Nueva York. Peor aún, otra vez se trataba de dracmas de Apolonia. Esta vez, las monedas fueran descubiertas rápidamente y no hubo mucho debate al respecto. Sin embargo, por segunda vez las piezas no fueron confiscadas y muchas de ellas entraron al mercado. Algunas de estas monedas pueden verse todavía con frecuencia en subastas de Ebay. El mercado de los dracmas de Apolonia ha quedado, en consecuencia, prácticamente arruinado. Un porcentaje importante de los dracmas en circulación siguen todavía hoy siendo falsos. Por ello, nadie que no sea un experto puede adquirir una de esas monedas con seguridad.

Hace un tiempo afirmaba en este blog que las monedas falsas son un resultado inevitable de la difusión del coleccionismo. Creo que la presente historia lo prueba más allá de dudas. También prueba que las casas de subastas no siempre aprenden de sus errores, por lo que el coleccionista sólo puede defenderse ampliando sus propios conocimientos.

Nota: la fuente para esta entrada es la excelente página de Reid Goldsborough. Yo ofrezco aquí sólo una síntesis de la misma.