viernes, 24 de agosto de 2012

Propaganda y realidad en la moneda romana: sobre dos áureos de Pértinax


En una entrada reciente, presentaba la célebre subasta del trono del Imperio Romano por parte de los pretorianos el 28 de marzo del 193 d.C. como consecuencia del fracaso del breve reinado de Pértinax. Desde la ventajosa perspectiva de 1800 años de distancia, no puede dejar de impresionarnos el profundo contraste entre la representación de este efímero soberano en sus monedas y la realidad de su escaso poder.

En el exquisito áureo cuya imagen encabeza esta entraba (que formó parte de la espectacular colección de Barry Feirstein), el contraste es especialmente fuerte. El retrato del emperador en el anverso es una verdadera obra maestra del arte romano y logra transmitir, con singular realismo, el rostro adusto y marcado de arrugas del sexagenario Pértinax. Casi podemos sentirlo prematuramente envejecido por las peripecias y privaciones de diversas campañas militares. La corona de laureles es un toque casi imperceptible en esta cabeza que con tanta potencia nos transmite la sensación de fuerza y experiencia.

En el reverso, encontramos a la personificación de la providencia de los dioses –como lo explica la leyenda PROVID DEOR- que de pie levanta la mano derecha hacia una estrella representada en el campo superior. Este motivo complementa al reverso en forma magistral. El sabio emperador ha llegado al trono gracias a la providencia divina que, en su cuidado por el bienestar de los hombres, ha designado un soberano capaz de hacer llegar tiempos mejores.

En este segundo áureo (un ejemplar espectacular por su conservación casi fdc) el retrato del anverso es igual de expresivo. En el reverso vemos al mismo emperador de pie junto a un trípode haciendo votos por un reinado de diez años.

El contraste entre estas representaciones de Pértinax y la realidad parece casi una ironía de la historia pero es, en verdad, un ejemplo perfecto para ilustrar la forma de operar del discurso ideológico de representación del poder en las monedas romanas. La ceca de Roma no cumplía sólo una función económica, era también casi lo que podríamos denominar un aparato de difusión y propaganda política. 

Ese aparato era tan eficaz que aun durante el breve reinado de este soberano (sólo 87 días) fue capaz de producir un conjunto importante de acuñaciones cuyas representaciones conformaban en conjunto un verdadero “programa ideológico” cuya finalidad era afianzar el poder del nuevo régimen. Podía hacerlo en tan poco tiempo porque ya se había desarrollado todo un repertorio iconográfico al que los oficiales responsables podían recurrir para transmitir los mensajes políticos del momento.