miércoles, 10 de julio de 2013

Numismática: Historia monetaria del Imperio Romano de Augusto a Nerón

Áureo de Augusto, 14-12 a.C. - Lugdunum - RIC 164a
Áureo de Augusto, 14-12 a.C. - Lugdunum - RIC 164a

La numismática no sólo comprende la descripción y catalogación de monedas. Su objetivo disciplinar es mucho más amplio y se orienta hacia el estudio del significado, uso y circulación de las monedas a lo largo de la historia. Un aspecto particularmente interesante dentro de este conjunto de problemáticas es el de lo que podemos llamar “historia monetaria”, en la que la numismática se acerca a la economía para comprender el funcionamiento del sistema de acuñaciones en el contexto de cada época. En esta entrada me enfoco en un breve panorama general de la historia monetaria del Imperio Romano de Augusto a Nerón

La expansión de la oferta monetaria


La reorganización del sistema monetario llevada a cabo por Augusto fue enormemente exitosa. Se restableció la calidad del denario, se expandió la producción de áureos y se introdujeron nuevas denominaciones en metal bajo para los intercambios cotidianos. Se generó, de esta forma, una eficaz estructura de denominaciones imperiales complementada por algunas acuñaciones provinciales adecuadas a las necesidades y tradiciones de regiones específicas. Además de ello, se reorganizaron las cecas y se restableció la producción monetaria en Roma, generando un abastecimiento adecuado de circulante en todas las regiones del imperio, particularmente en aquellas donde el Estado concentraba sus desembolsos.

La moderada expansión de la oferta monetaria y la consolidación de la paz interior generaron las condiciones para una época de prosperidad y crecimiento económico que contribuyó a la legitimación política del régimen imperial. Además de ellos, el incremento en el gasto y la cada vez más frecuente recaudación de los impuestos en metálico intensificó la monetarización de la economía en todas las regiones del Imperio. Todos estos factores contribuyeron, a su vez, a que las acuñaciones de Augusto fueran bien aceptadas por el público y a que se difundiera la confianza en su valor, respetándose las tasas de cambio fijadas por el Estado entre las distintas denominaciones.

As de Tiberio - 34-37 d.C. Roma RIC 83

As de Tiberio - 34-37 d.C. Roma RIC 83

Niveles de emisión monetaria


Paradójicamente, aunque el volumen del gasto estatal creció en forma considerable con el establecimiento del principado, la investigación numismática demuestra que los niveles de emisión monetaria durante la dinastía Julio-Claudia fueron muy irregulares, con numerosas pausas de varios años en las que no se acuñaron monedas. Ello indica, evidentemente que lo obtenido por la recaudación fiscal era suficiente para financiar los gastos regulares del Estado y que el volumen de circulante era adecuado a las necesidades de la economía. El presupuesto público total de este período ha sido estimado por R. Wolters entre 600 y 1.000 millones de sestercios anuales.

Los niveles de emisión podrían mantenerse relativamente bajos porque en las décadas finales de la república (durante los períodos de guerras civiles) se habían acuñado cifras enormes que seguían en circulación. Además de ello, la reforma monetaria de Augusto había generado otra importante expansión de la oferta monetaria al reintroducir la acuñación de monedas de metal bajo y emitir áureos en forma regular. El oro, que hasta finales de la república había permanecido inmovilizado en la forma de ofrendas en los templos, pasó así a formar parte regular del sistema monetario del mundo romano. La masa total del circulante no puede estimarse pero el hecho de que Tiberio dejara al momento de su muerte una reserva 3.000 millones de sestercios en el tesoro es una clara indicación de crecimiento respecto de la época republicana pues excede por un factor de treinta las máximas reservas acumuladas en ese período de las que tengamos noticia.

Denario de Claudio - 50-51 d.C. - RIC 54

Denario de Claudio - 50-51 d.C. - RIC 54

La circulación monetaria


El funcionamiento del aparato estatal garantizaba que las monedas permanecieran en circulación pues implicaba, primero, su recaudación como impuestos y, luego, su desembolso como salarios de militares y funcionarios, como pagos por grano para distribuciones gratuitas, como costo de construcciones, como distribuciones a soldados o habitantes de Roma, etc. No es, sin embargo, claro si desde el punto de vista de la circulación monetaria el imperio conformaba una unidad o si existían diversas regiones que constituían circuitos económicos relativamente cerrados. Las opiniones de los investigadores están divididas en torno a este problema, alegando Keith Hopkins -a partir de un modelo teórico de la economía romana- a favor de la primera posibilidad y R. Duncan-Jones -a partir de estudios empíricos- a favor de la segunda.

Para mantener el ciclo en funcionamiento, el Estado debía introducir permanentemente nuevo metal, dado que, por el desgaste de las monedas y las pérdidas ocasionadas por el atesoramiento y las importaciones, la reacuñación de las obtenidas como impuestos era insuficiente en el mediano plazo para mantener un volumen estable o para responder a la creciente demanda de medios de pago ocasionada por el crecimiento económico. El nuevo metal se obtenía principalmente de la explotación minera, de las guerras de conquista y de las exportaciones fuera del imperio.

Sestercio de Nerón - 63 d.C. - Roma - RIC 104

Sestercio de Nerón - 63 d.C. - Roma - RIC 104

Las fuentes del metal


La fuente más regular de nuevo metal era la minería. La estabilidad política y las mejoras en la administración de los territorios provinciales permitieron que la explotación de yacimientos metalíferos alcanzara durante el principado un pico de actividad que se mantendría hasta el inicio de la dinastía de los severos. Los principales distritos mineros eran Hispania, que se explotaba desde el período republicano y Dalmacia, que comenzó a ser explotada durante el principado de Augusto. A ellas se añadiría posteriormente Dacia, incorporada al imperio a principios del siglo II d.C. por la conquista de Trajano. Las mejoras en el control de la producción, en la eficacia del transporte y en la productividad de las cecas permitieron, además, durante el principado una utilización más eficiente de los recursos mineros para la producción monetaria.

Noria romana de la mina Río Tinto

Noria romana de la mina Río Tinto

Si bien el ritmo de la expansión militar se desaceleró notablemente durante el principado, las guerras siguieron siendo una fuente importante de nuevo metal para el Estado romano, si bien una cada vez menos frecuente. El botín obtenido por Augusto en sus guerras en Hispania, Ilírico y Egipto alcanzó un valor de 1.000 millones de denarios. Durante el siglo I d.C. aportaron algunos recursos la conquista de Britania y la supresión de la revuelta judía en Palestina. El último gran ingreso de nuevo metal lo representaría la conquista de Dacia a principios del siglo II d.C. que proporcionaría un botín de más de 1.500 millones de denarios y, además, la incorporación de una importante región aurífera.

Finalmente, también el comercio exterior era una fuente de nuevos metales. Los romanos obtenían sobre todo oro a través del tráfico realizado a través de Egipto con las regiones de Nubia y Etiopía. Los romanos también obtenían oro de la costa occidental de África por intermediación de los garamantes. No obstante, en líneas generales, es probable que el comercio exterior representara para el imperio un drenaje de metales preciosos antes que un incremento. Ello era así porque el tráfico de lujo llevado a cabo desde puertos del Mar Rojo con Arabia, India y China era deficitario y significaba, según datos de Plinio el Viejo, la pérdida anual de unos 100 millones de sestercios (25 millones de denarios).

El abundante ingreso de metales procedentes de estas fuentes permitió que hasta la última parte del reinado de Nerón, la calidad de la moneda romana se mantuviera prácticamente sin alteraciones en los altos estándares y niveles fijados en la reforma monetaria de Augusto.