viernes, 25 de octubre de 2013

La moneda romana bajo Galieno (260-268 d.C)

La producción numismática durante el reinado solitario de Galieno ofrece un fiel reflejo de las extremas dificultades experimentadas por el imperio en esos años críticos del siglo III, en los que la supervivencia misma del Imperio parecía amenazada. El reducido territorio bajo el control del emperador no se encontraba, evidentemente, en condiciones de generar recursos fiscales suficientes como para hacer frente a los crecientes gastos militares. El Estado debió recurrir al expediente habitual y el resultado de ello fue un abrupto y radical deterioro en la calidad de las acuñaciones.

El deterioro de las monedas

Al igual de lo que había sucedido durante los reinados de sus inmediatos antecesores, el antoniniano fue la moneda más afectada por esta situación. Su contenido de plata cayó permanentemente en los años en que Galieno ocupó el trono para llegar a tan sólo un irrisorio 2,5% en el 268 d.C. Al transformarse la principal denominación de plata del imperio de esta forma en una pequeña moneda de bronce, se dejó totalmente de lado la producción de las viejas monedas en ese metal, como el sestercio, que pasó a transformarse en una moneda de cuenta. Galieno acuñó sus últimos sestercios en el 262 d.C. Al igual de lo que sucedía con los denarios, algunos emperadores posteriores producirían todavía algunas series muy limitadas de monedas de bronce, (normalmente asses) para fines exclusivamente ceremoniales.

El impacto de la crisis fiscal también se hizo sentir en las monedas de oro. En efecto, el tamaño de los áureos se redujo considerablemente en este período y se los acuñó con pesos muy variables, llegando a salir de las cecas algunos ejemplares minúsculos de alrededor de un gramo de peso. Es probable que esto sea una señal de la generalización de la práctica del pesado de las monedas de oro. El valor de cada pieza habría sido determinado puntualmente mediante una balanza para cada transacción. Las monedas de oro habían dejado, de esta forma, de representar denominaciones con un valor garantizado por el Estado para transformarse en simples lingotes cuyo valor dependía exclusivamente de su contenido metálico.


La iconografía

El aspecto más notable de las acuñaciones de Galieno es, sin duda, su iconografía que incluye muchos tipos novedosos y muy originales, como la extraña serie de áureos con la leyenda del emperador en femenino (GALLIENAE AVGVSTAE), que ha intrigado a los numismáticos desde el Renacimiento (un ejemplo en la imagen sobre este párrafo).

También es muy llamativa una serie de antoninianos con representaciones de animales que conmemoran a varias divinidades (Apolo, Diana, Júpiter Líber-o Baco, Neptuno y Sol.) con la leyenda CONS AVG. Los motivos de estas monedas han sido interpretados como una propiciación ceremonial en período de crisis.



Más inusual todavía es una serie de monedas de bronce del final de su reinado que, en lugar de llevar el retrato del emperador en el reverso, tienen una representación del genio del pueblo romano, mientras que el reverso contiene sólo las letras es SC dentro de una corona de laurel y –sólo en algunos ejemplares- también la leyenda INT[roitus] VRB[is] "la entrada a Roma”. Estas acuñaciones han sido convincentemente relacionadas con el regreso de Galieno a Roma tras su visita a Atenas en el 266 d.C. (un ejemplo en la imagen sobre este párrafo).