miércoles, 15 de enero de 2014

Givanni da Cavino y los paduanos – 2° parte

Matriz para la producción de Paduanos con retratos de los doce Césares por fundición - Reproducción ampliada de anverso y reverso debajo

La semana pasada publiqué una introducción general a la vida y obra de Giovanni da Cavino, el creador de las piezas que hoy se conocen genéricamente con el nombre de “paduanos”, geniales imitaciones de monedas antiguas a mitad de camino entre la falsificación y la creación artística original. En esta segunda parte de la serie quiero detenerme en los métodos de producción utilizados en su taller y en las diferencias que permiten distinguir fácilmente a los paduanos de sestercios originales.


¿Falsificaciones o imitaciones?


El carácter heterogéneo de la producción del taller Cavino pone claramente de manifiesto que su objetivo no era engañar a sus clientes. Todo ello no significa, sin embargo, que terceros hayan intentado luego hacer pasar piezas de Cavino por monedas antiguas auténticas, desgastándolas y repatinándolas artificialmente para darles el aspecto de piezas acuñadas durante el Imperio romano. De hecho, hasta el siglo XIX, no era extremadamente raro encontrar sestercios paduanos confundidos con originales en importantes colecciones europeas.


Sus métodos de producción


El centro del arte de Cavino radica en su maestría en el grabado de los cuños. Por fortuna, se conservan actualmente en la Biblioteca Nacional de París 122 de los que él produjo (grabados en acero) que permiten apreciar el nivel de su trabajo. Los mismos llegaron a Francia en el siglo XVIII. Habían permanecido hasta esa época en poder de una familia de Padua. Los cospeles eran producidos con gran cuidado y eran, por lo tanto, mucho más regulares que los de los sestercios romanos.

En el taller de Cavino también se producían ejemplares fundidos. Es muy interesante la conservación de la matriz de una pequeña colección de sestercios con retratos de los doce césares de Suetonio destinada a la fabricación de moldes para la producción de ejemplares fundidos. En la matriz, como puede verse en las fotografías que acompañan este texto, los sestercios aparecen unidos por pequeños canales de vertedera, listos para servir de arquetipo en la fabricación de un molde en el que luego se vertería el metal fundido. Es, en mi opinión, muy probable que los doce sestercios se vendieran luego en conjunto como una pequeña colección representando a los emperadores biografiados por Suetonio, como una variante económica en comparación con los ejemplares acuñados.

Los sestercios de Cavino fueron muy exitosos con el público y rápidamente fueron imitados por otros talleres de la ciudad. Los productos de estos otros talleres también son conocidos como paduanos. El propio taller de Cavino siguió produciendo, por otra parte, copias por bastante tiempo después de su muerte. Por lo tanto, que a una pieza se la designe como paduana no significa automáticamente que proceda del mismo Cavino. En algunos casos, la atribución es dudosa. Los únicos ejemplares que pueden adjudicársele más allá de toda duda son aquellos producidos con los cuños que se conservan en la biblioteca de París, junto con unos pocos que le son adjudicados expresamente en otras fuentes o que llevan su nombre. Estas piezas son mucho más raras y valiosas, siendo lo más común los ejemplares fundidos a partir de sus matrices o utilizando sus acuñaciones o copias de las mismas como modelos.


Cuño original de Cavino con retrato de Marco Aurelio

Diferencias entre los paduanos y sestercios originales


Dado el nivel de conocimiento existente hoy en día, es difícil que una pieza de Cavino pueda pasar por un original. A pesar de que Cavino logró imitar el estilo antiguo con una habilidad genial, sus producciones presentan una serie de diferencias importantes con las monedas romanas. En primer lugar, los sestercios de Cavino son producidos en cospeles mucho más delgados que los antiguos, por lo que su peso es también sensiblemente inferior, lo que facilita su detección. Por otra parte, los cospeles de los paduanos son mucho más regulares en su forma circular que los originales romanos y la calidad de su grabado es mucho mejor, con un gran cuidado del detalle. Las letras de las leyendas son también mucho más regulares, porque en lugar de grabar cada una a mano, como hacían los romanos, Cavino utilizaba pequeños cuños para agregarlas. Por supuesto, los ejemplares fundidos son mucho más fáciles de detectar, presentando en su superficie las porosidades y pequeñas burbujas producidas al verter el metal líquido en los moldes.

En líneas generales, las diferencias reflejan el hecho de que los paduanos eran cuidados objetos artesanales producidos en pequeña escala, mientras que las monedas romanas se fabricaban con gran velocidad y en una escala casi industrial.