jueves, 16 de febrero de 2017

El primer retrato de Cristo en una moneda – El sólido de oro de Justiniano II

Sólido de Justiniano II con retrato de Cristo
Justiniano II. Primer reinado, 685-695 AD. AV Solidus (4,45 g, 6 h). Ceca de Constantinopla, 692-695. Anverso: IҺS [CRISτOS] RЄX RЄςNANτIЧM - Busto frontal de Cristo; Cruz detrás de la cabeza. Reverso: D IЧSτINI–AN–ЧS SЄRЧ CҺRISτI - Justiniano de pie  visto de frente, sosteniendo cruz sobre pedestal de tres escalones.

El contexto: El Imperio Bizantino en el siglo VII y el reinado de Justiniano II


El siglo VII d.C. fue un período crucial en la larga historia del Imperio Bizantino, en el que tuvo que enfrentar el surgimiento de un nuevo y poderoso enemigo, el califato islámico. El imperio perdió la mayor parte de su territorio frente al avance del Islam, pero finalmente pudo sobrevivir con un territorio reducido al núcleo de Grecia, parte de los Balcanes y Asia Menor, más algunos enclaves en Italia.

El Imperio Bizantino emergió de esta crisis radicalmente transformado. El siglo VII marca una ruptura con la tradición urbana y la cultura grecorromana heredada de la Antigüedad y una transición hacia una nueva forma de vida en la que la religión y la guerra eran las dos variables fundamentales.

Justiniano II es un emperador típico de este período. Extremadamente devoto en materia religiosa y decidido a ejercer un poder autocrático como representante de Dios en la tierra. Justiniano tendría un largo reinado, pero con una interrupción de diez años en el medio. Proclamado emperador en el 685 tras la muerte de su padre, sería derrocado por una conspiración en el 695. Se le perdonaría la vida pero para apartarlo de la lucha por el poder se le amputó la nariz y se lo exilió. Tras diez años, Justiniano retomaría, sin embargo, el trono en el 705 y sería depuesto por segunda vez en el 711. Esta segunda vez sería ejecutado.


Las monedas con el retrato de Cristo


Justiniano II haría acuñar estas monedas de oro con el retrato de Cristo en el anverso por primera vez en el año 692. En ese mismo año el emperador había convocado un concilio religioso para discutir, entre otros temas, también la forma en que se debía representar a Cristo en el arte. La decisión subsiguiente del Concilio (Canon 82) decretó que en adelante Cristo debería ser visto en forma humana, en lugar de las representaciones simbólicas que habían prevalecido durante el período anterior.

Justiniano colocó a Cristo en el anverso de sus sólidos, semisses y tremisses. El retrato del emperador quedaba desplazado ahora hacia el reverso, señalando que el verdadero gobernante era el mismo Cristo y que el emperador era sólo un mero regente terrenal de su poder. Ese significado es aclarado por las leyendas, que en el anverso definen a Cristo como rey de reyes, mientras que en el reverso Justiniano afirma su condición de siervo de Cristo.

El retrato de Cristo representa lo mejor del arte numismático bizantino en su larga historia. Lejos de los retratos imperiales esquemáticos que habían caracterizado a las monedas anteriores, vemos a un Jesús representado en detalle, con un expresivo rostro rodeado de cabellos y de una barba claramente delineados. El grabador de los cuños es anónimo, pero es una artista que ejercería una enorme influencia, determinando uno de los estilos clásicos de la representación de Jesús, cuyos efectos siguen visibles hoy en día.