domingo, 8 de julio de 2018

La reforma del sistema de acuñación de monedas de oro durante el reinado de Valentiniano y Valente

Reverso de un sólido con representasión de los emperadores Valentiniano I y Valente

La caída en la calidad de la moneda de oro


Durante el siglo IV d.C. la calidad de las monedas de oro romanas había experimentado un gradual deterioro que había dañado considerablemente su reputación

El De rebus bellicis, un pequeño tratado  anónimo de este período dirigido, con toda probabilidad, a Valentiniano y Valente, contiene -entre otras propuestas de reforma económica, política y militar- un capítulo dedicado al problema del fraude monetario y las formas para corregirlo. Conforme a su diagnóstico que identifica una sola causa del problema, el autor del De rebus bellicis propone una única medida como solución: el aislamiento de los acuñadores en una isla para evitar todo contacto externo y erradicar así las posibilidades de fraude.

La reforma de Valentiniano y Valente


La propuesta del De rebus bellicis es impracticable, pero Valentiniano y Valente adoptarían al comienzo de su reinado (entre los años 365-368) una reforma inspirada, sin duda, en un diagnóstico semejante: concentrarían toda la acuñación en oro en nuevas cecas comitatenses, es decir, integradas al comitatus o corte imperial, que seguirían a los emperadores en sus desplazamientos, permaneciendo, de esta forma, permanentemente bajo su control directo.


Las marcas de ceca se seguirían utilizando para designar la ciudad de acuñación, es decir, en la que se encontraba residiendo la corte imperial. Una reforma semejante se aplicaría más gradualmente a las acuñaciones en plata, aunque las cecas comitatenses no adquirirían un monopolio tan completo de la producción de monedas en ese metal como en las de oro. 

Las viejas cecas imperiales verían su responsabilidad limitada exclusivamente a la emisión de monedas de bronce y algunas series ocasiones en plata.

Las cecas comitatenses


La reforma de Valentiniano y Valente en la producción de las monedas de oro revertía la práctica firmemente establecida, desde fines del siglo III, de la existencia de múltiples cecas destinadas a atender las necesidades locales en las regiones con fuerte concentración militar. La puesta en marcha del nuevo sistema fue posible por la existencia de dos emperadores de igual rango con una clara división de sus respectivas jurisdicciones fiscales y militares.



La creación de las cecas comitatenses fue acompañada de una segunda medida. Los emperadores decretaron que todos los sólidos recolectados por conceptos fiscales fueran fundidos en lingotes de oro puro, que debían ser testeados y sellados por el funcionario responsable y luego transferidos a la corte imperial, más concretamente, a la oficina de las sacrae largitiones, donde serían recibidos por el scrinium aureae massae, un departamento dedicado exclusivamente a esa tarea, para servir luego como materia prima para la ceca comitatense. 

El objetivo expreso del cambio era disminuir las oportunidades de fraude por parte tanto de los contribuyentes como de los funcionarios responsables de la recaudación y trasferencia de los recursos.


El éxito de la reforma en mejorar la calidad de los sólidos es atestiguado por los análisis realizados a los sólidos de Valentiniano y Valente, que alcanzan una pureza del 99%, superior a la del período precedente, que rondaba el 95%. 

La nueva pureza de la moneda será destacada añadiendo a la marca de la ceca las letras OB por obryzum aurum, es decir, oro puro. Si bien, como vimos, la centralización de la acuñación de monedas de plata fue mucho menor, por la misma época algunas piezas en ese metal comienzan a llevar la marca PS, que es resuelta tradicionalmente como (argentum) pusulatum. Desde el reinado de Graciano (375-383), comienza a utilizarse la marca COM para designar a la ceca comitatense, completándose a veces con otras marcas para designar la ciudad en la que se realizaba la acuñación, es decir, en la que se encontraba la corte.