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sábado, 1 de junio de 2013

El primer romano retratado en una moneda – La estatera de oro de Tito Quincio Flaminino

Quincio Flaminino primer romano retratado moneda
El primer romano en estampar en vida su rostro en el anverso de una moneda romana fue Cayo Julio César en el año 44 a.C. Muchos de sus contemporáneos lo vieron como una innovación inaudita, como un símbolo de sus aspiraciones monárquicas y como un gesto de intolerable soberbia. Sin duda, fue uno de los factores que impulsaron la conjuración en su contra. Con frecuencia se olvida, sin embargo, que existía un importante precedente. Más de 150 años antes otro romano había consentido que su rostro decorara el anverso de una moneda -aunque en este caso se trataba de una acuñación griega. Fue el cónsul del año 198 a.C., Tito Quincio Flaminino.

La Segunda Guerra Macedónica


Tras su triunfo en la Segunda guerra púnica, Roma se había transformado en la principal potencia militar del mundo meditarráneo y en la dueña de un importante imperio en Occidente. Hasta ese momento, sin embargo, su interés en lo que sucedía en el Mediterráneo Oriental había sido limitado. Eso cambiaría rápidamente a inicios del siglo II a.C. cuando la república se enfrentaría en la Segunda guerra macedónica con el reino al norte de Grecia que había sido la cuna de Alejandro Magno. El combate fue extremadamente duro, pero el cónsul romano Tito Quincio Flaminino obtuvo una de las más brillantes victorias de la historia de Roma en el campo de batalla de Cinoscéfalos en el 197 a.C. obligando al rey macedónico, Filipo V, a rendirse.

Para los derrotados, las condiciones de la paz serían más devastadoras que la guerra misma. Aunque se permitió a Filipo conservar el trono de Macedonia, se lo forzó a liberar a todas las ciudades griegas de su dominio, a pagar una indemnización de 1.000 talentos, y a desmantelar su flota de guerra. En los Juegos de Nemea del 196 a.C., Flaminino proclamó -en su nombre y en el del Senado de Roma- la libertad de los griegos de la dominación macedonia.

Quincio Flaminino primer romano retratado moneda

La estatera de oro


La moneda cuya imagen acompaña esta entrada fue acuñada para celebrar este acontecimiento pero se desconoce si fue producida por el mismo Flaminino o por los griegos agradecidos.

El único elemento romano en la misma es su leyenda en latín en el reverso, que reproduce el nombre de Flaminino: T QVINCTI. En todas sus demás características es una acuñación netamente griega. Sigue el estándar de las estateras áticas y su estilo es consistente con las acuñaciones helenísticas de la época.

El retrato del anverso presenta una brillante combinación de realismo e idealismo en el estilo de las mejores acuñaciones reales macedonias. La cabeza desnuda, sin corona o diadema, habría sido sorprendente para los griegos acostumbrados a los retratos reales. Claramente es una alusión a la declaración de la libertad para los griegos, ya que evidencia que Flaminino es un simple particualr y no un soberano. Parece probable que estas monedas fueron producidas principalmente para recompensar el éxito del ejército romano y sus aliados: la leyenda latina es un indicio en esa dirección, al igual que el hecho de que varios de los ejemplares conocidos fueron encontrados en Sicilia o Italia, adonde habrían sido llevados por los veteranos de regreso a sus hogares. La representación de Nike en el reverso reproduce la de las acuñaciones de Alejandro Magno.

La otra posibilidad es que hayan sido producidas por los mismos griegos en homenaje a su liberador. Sabemos que se rindieron a Flaminino los honores más extravagantes y que, incluso, fue divinizado en varias ciudades.

Sea como fuere, es muy probable que se distribuyeran durante la misma celebración de los Juegos Nemeos en el verano de 196, momento en que vencía el plazo para que Filipo hubiera retirado sus guarniciones de todas las ciudades griegas.

Se conocen unos once ejemplares de esta moneda: cuatro se encuentran en museos (Atenas, Berlín, Londres y París) y seis en manos privadas. El ejemplar que encabeza esta entrada formó parte de la mítica colección Bunker Hunt.

martes, 16 de octubre de 2012

Una joya única sale a subasta: el decadracma de Agrigento ex Hunt Collection


Con frecuencia escribo en este blog sobre la casa suiza Ars Classica, una de las líderes mundiales en el ámbito de la numismática antigua. Cada una de sus subastas ofrece conjuntos exquisitos de monedas de la mayor calidad y produce catálogos que son verdaderas obras maestras de precisión y buen gusto. La subasta nr. 66 que se llevará a cabo en Zúrich el próximo 17 de octubre no será la excepción, pues, entre otros tesoros, contiene una selección de piezas de la ya mítica colección de Nelson Bunker Hunt entre las que se destaca el espectacular decadracma de Agrigento (lote nr. 6) cuyas imágenes acompañan este texto.

Hace un tiempo escribí una breve entrada con la extraordinaria historia del magnate petrolero Nelson Bunker Hunty su fabulosa colección de monedas antigua, considerada una de las mejores jamás reunidas, fruto de recursos casi ilimitados y un gusto exquisito.

El presente decadracma de Agrigento era sin duda uno de los grandes hitos de su magnífica colección (junto con el estater de Panticapaea de la colección Próspero que es actualmente la moneda antigua más valiosa del mundo). Esta decadracma es una pieza notable por ser uno de los mejores ejemplares conocidos de esta rara acuñación que marcó uno de los puntos más altos del arte numismático helenístico.

El consenso de los especialistas señala que los decadracmas de Agrigento fueron producidos en una época de crisis justo antes de la invasión cartaginesa que prácticamente destruiría la ciudad en el año 406 a.C. Por el gran tamaño de la pieza y el escaso número de ejemplares acuñados, es poco probable que fueran producidos para cumplir una función monetaria. Se trataba, más bien, de grandes monedas conmemorativas, mediante las cuales la comunidad ciudadana se celebraba a si misma como muestra de confianza frente a los desafíos del presente.

En el anverso, podemos ver una cuadriga que avanza hacia la izquierda a toda velocidad. Todo el talento del artista responsable del grabado del cuño se despliega en la representación de los caballos que ofrecen casi un catálogo de posiciones con sus cabezas todas en direcciones diferentes. Los dirige un poderoso auriga que sujeta las riendas con ambas manos. La rueda del carro casi desaparece en la parte inferior derecha del campo, acentuando la ilusión de movimiento. Debajo de los caballos se reconoce un pequeño cangrejo. Arriba, un águila vuela cargando a una serpiente en sus garras.

En el reverso, vemos dos águilas encaramándose sobre una liebre muerta que yace en una roca. Una de ellas, con la cabeza levantada, parece justo en ese momento devorar parte de sus entrañas. En la parte derecha del campo puede verse un saltamontes.

El lujo de detalles y la maestría artística con que los motivos representados señala el trabajo de algunos de los grabadores de cuños más distinguidos de todo el mundo antiguo y hacen de esta pieza una verdadera obra cumbre del arte griego.

Las predicciones en el mercado numismático son arriesgadas, pero creo más que probable que el valor de esta pieza marque un nuevo record. Cuando fue subastada por Sotheby’s en 1991 alcanzó 572.000 dólares, marcando un record para una moneda griega de plata que no sería superado por más de diez años. La estimación actual supera los 1.900.000 dólares.