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viernes, 6 de diciembre de 2013

Más sobre la reforma monetaria de Aureliano

Vuelvo en esta entrada un poco más profundamente a un aspecto de la reforma monetaria de Aureliano que traté en sus características generales en esta entrada de la semana pasada. Es un aspecto algo técnico pero que creo que puede ser interesante, el de la puesta en marcha del nuevo sistema monetario.

La evidencia proporcionada por Zósimo


La introducción de las nuevas monedas implicó, necesariamente, la desmonetización del viejo circulante y ello es confirmado por el testimonio del historiador Zósimo. Se trata sólo de una breve pero esclarecedora referencia. A continuación el texto original en griego (I.61.3):

ἤδη δέ καὶ ἀργύριον νέον δημοσία διέδωκεν, τὸ κίβδηλον ἀποδόσθαι τοὺς ἀπὸ τοῦ δήμου παρασκευάσας, τούτῳ τε τὰ συμβόλαια συγχύσεως ἀπαλλάξας

Aquí mi traducción que intenta ser lo más literal posible (que no es fácil dada la compleja estructura del pasaje):

En ese momento, distribuyó entre el pueblo nuevas monedas de plata remplazando con el distribuido al pueblo el [circulante] de mala calidad, librando con esta [medida] de confusión los intercambios. 

Este testimonio pone claramente en evidencia que se organizó un sistema general de cambio de monedas para erradicar completamente las de mala calidad existente y distribuir rápidamente suficiente cantidad del nuevo circulante como para que los intercambios no colapsaran por falta de medios de pago.


Algunas hipótesis


Zósimo es claro respecto de que las nuevas monedas no fueron distribuidas gratuitamente como regalo, sino cambiadas por las que se encontraban en posesión del público. Si aceptamos la tesis de Harl respecto de que las marcas XX.I, XX y KA del reverso hacen referencia a un valor nominal de 20 sestercios, ello indicaría que dos de los nuevos “aurelianos” habrían sido intercambiados por cinco de los viejos antoninianos. Sería lógico suponer que fue así, pues de lo contrario el plan habría sido ruinoso para el Estado y muy difícil de implementar en la práctica.

Sea como fuere, una medida de este tipo requirió, ciertamente, de una considerable planificación y organización, sobre todo, para producir decenas de millones de ejemplares de la nueva denominación para que estuvieran disponibles al momento de realizar el remplazo. Tras décadas de crisis y descontrol, la reforma significó una completa reestructuración del sistema de cecas del imperio y una considerable mejora en su eficacia y capacidad de producción, reconocible en el uso más regular que comienza a hacerse a partir de este momento de las marcas de ceca y oficina. Un éxito importante si tenemos en cuenta que el imperio acababa de ser reunificado tras 15 años que se encontraban entre los más caóticos y dramáticos de su historia. El remplazo en un período relativamente breve de tiempo de todo el circulante implicó la producción a gran velocidad de decenas de millones de los nuevos antoninianos.

jueves, 7 de febrero de 2013

Las marcas de valor en los nummi de la tetrarquía



Mi última entrada de la serie sobre la reforma monetaria de Diocleciano ha generado un interesante debate en los comentarios en torno, entre otros puntos, a la interpretación de las marcas de valor XX y XXI en los nummi de la tetrarquía, cuya lectura os recomiendo. Me pareció oportuno, por lo tanto, presentar un tratamiento algo más extenso del tema.

Se trata, concretamente, de nummi acuñadas en Siscia y Alejandría que llevan las marcas XX y XXI, y de algunos ejemplares de Antioquía que llevan las letras K y V. La interpretación ha sido muy debatida por los especialistas y se han propuesto diversas hipótesis. A mi juicio, la más convincente es la propuesta por primera vez por C. V. H. Sutherland (JRS, 51, 1961,94-97) y desarrollada luego por Kenneth Harl (Marks of Value in Tetrarchic Nummi, Phoenix, 39, 1985, 263-270).

En los nummi encontramos las marcas XX y XXI (o XX.I). La presencia del punto indica que estamos ante una ecuación y que no se trata de un solo valor, es decir, que tenemos, señala Sutherland, una referencia a una equivalencia x = y. Para el gran numismático inglés la única forma de resolver esa equivalencia es 1 nummus = 20 sestercios. Ello es confirmado, según Harl, por los nummi de Antioquía, en los que la K sólo puede interpretarse como el numeral griego 20 y la V como el numeral latino 5. Ello sólo puede interpretarse como una referencia a que esa moneda valía 20 sestercios o, lo que es lo mismo, 5 denarios comunes.

Que el sestercio se utilice como moneda de cuenta en estas marcas de valor no debe sorprender. Recordemos que el mismo había existido como una moneda real hasta la década del 270. Más allá de esa fecha, siguió en uso como forma de expresar valores hasta bien entrado el reinado de Constantino, algo ampliamente atestiguado. Luego de esa fecha, la continua inflación hizo que fuera dejado de lado.

A principios del reinado de Constantino, encontramos, precisamente, algunos nummi que llevan la marca CI HS, es decir, 1 nummus es igual a 100 sestercios (un ejemplar en la imagen que encabeza esta entrada). La presencia de la abreviatura HS hace que no queden dudas sobre cómo interpretar estas letras y demuestran que los sestercios eran una moneda de cuenta común. Estas piezas prueban, además, el valor de 25 denarios comunes para el nummus tras la última reforma de su tarifa en el 301 d.C.