lunes, 14 de febrero de 2011

La moneda más grande del mundo

moneda placa sueca
Hoy nuevamente dejo de lado el tema específico de este blog, las monedas antiguas, para tratar sobre un conjunto de piezas verdaderamente excepcionales dentro del campo numismático.

¿Monedas?


Una definición muy difundida nos dice que una moneda es una pieza de metal acuñada que generalmente tiene forma de disco y es emitida por un Estado o institución para servir como unidad de cambio, de cuenta y de valor. A lo largo de la historia, sin embargo, muchas veces se han emitido monedas que han prescindido de la habitual forma redonda, un ejemplo muy conocido son las monedas cuadradas de la India. Pero las piezas que les presento en esta entrada representan un caso extremo. La imagen superior corresponde a un ejemplar especialmente grande del “dinero placa” sueco, conservado hoy en el Museo Bode de Berlín. Dejando de lado su forma, esta plancha de cobre cumple con todos los requisitos para ser considerada una moneda. Se trata de una placa marcada con cinco estampas de cuño, emitida en el año 1661, durante el reinado de Carlos XI. La pieza tenía un valor de 8 táleros. Existía todavía una más grande de 10 táleros, que podéis ver en la siguiente imagen. Pesaba 20 kilogramos y puede considerarse como la moneda más grande de la historia.

moneda placa sueca

¿Por qué se acuñaron?


Durante la temprana Edad Moderna, los países europeos acuñaron monedas de plata en grandes cantidades. El tálero era una de las piezas más difundidas. En los siglos XVII y XVIII, Suecia sufrió de una gran escasez de plata que le impedía acuñar suficiente moneda en ese metal para satisfacer las necesidades monetarias de su economía. Como disponía de cobre en abundancia, la corona sueca recurrió a emitir planchas de ese metal del peso correspondiente para equivaler al tálero de plata. Como el cobre era mucho más barato que la plata, las proporciones de las monedas debían ser enormes. El reino sueco acuñó estas “placas” entre 1641 y 1776. Diversas fuentes nos informan sobre el escaso entusiasmo de los súbditos suecos ante la idea. Es fácil comprender su reacción, transportar estos engorrosos medios de pago hacía difícil todas las operaciones económicas cotidianas. El dinero era tan impopular e incómodo que, según revela una anécdota, incluso unos ladrones que robaron un banco en Estocolmo en esa época, prefirieron salir con las manos vacías antes que cargar las molestas planchas.