martes, 30 de octubre de 2012

Los sestercios de Tito con el coliseo



El Coliseo es hoy en día una de las construcciones más famosas del mundo. Fue iniciado por Vespasiano en el año 72 d.C. en los terrenos que el emperador Nerón había utilizado para el parque de su enorme palacio, conocido como la “casa de oro” (domus aurea). Vespasiano no llegaría a verlo culminado (falleció en el 79 d.C.), fue su hijo, Tito, quien lo inauguró en el año 80 d.C. con fastuosos juegos. Para celebrar el evento, se acuñó entre los años 80 y 81 una serie de sestercios de oricalco con características muy especiales que representaban en forma precisa el edificio terminado.

La primera característica llamativa de estos sestercios es el hecho de que no cuentan con el típico busto del soberano que ocupaba el anverso de prácticamente todas las monedas de la época imperial. Por el contrario, en una cara vemos al Coliseo (flanqueado en algunos ejemplares por un edificio y la fuente conocida como “meta sudans” y en otros por las letras S C) y en la opuesta al emperador Tito sentado en un silla curul y rodeado por armas y otros símbolos de sus triunfos militares. Otra peculiaridad es su pequeño tamaño, muy por debajo del promedio para los sestercios de la época.

La ausencia del busto imperial generó un cierto debate entre los especialistas sobre qué lado era el anverso y cual el reverso de esta moneda, pero estudios recientes muestran que la cara que lleva al Coliseo es siempre ligeramente convexa, lo que indica que éste era el lado del yunque o troquel de anverso, y que el que representa a Tito sentado era el reverso.
 Reconstrucción del Coliseo

El nivel de detalle del anverso es notable y demuestra el esfuerzo llevado a cabo por el grabador del cuño por obtener una representación realista del Coliseo. Las representaciones arquitectónicas en monedas romanas eran normalmente bidimensionales, pero estos sestercios rompen con esa tradición y, con una perspectiva imposible pero efectiva, nos permiten ver de frente los cuatro niveles del edificio (el primero con cinco arcos vacíos, y el segundo con seis, el tercero con siete arcos que contienen estatuas, y el cuarto, con siete compartimentos rectangulares que contenían esferas y rectángulos) y también asomarnos hacia el interior con sus tribunas repletas de público separadas claramente por escaleras. En el centro de la tribuna puede distinguirse lo que probablemente era una especie de palco para el emperador. El campo del anverso es totalmente cubierto por la representación del Coliseo y carece de leyenda, que aparece, por el contrario, en el reverso IMP T CAES VESP AVG PM TR PPP COS VIII y permite datar la emisión entre los años 80 y 81 d.C.

La singular belleza, rareza e interés histórico de estos sestercios ha hecho que se encuentren entre las monedas romanas más codiciadas por los coleccionistas. El ejemplar ilustrado es uno de los mejores conocidos, fue subastado el año pasado por Ars Classica y alcanzó un valor superior a los 400.000 dólares. A pesar de su importancia, el Coliseo fue representado sólo en pocas ocasiones en monedas romanas. Además de los sestercios de Tito y Domiciano, su imagen se encuentra en una serie de monedas de Alejandro Severo y en medallones de Gordiano III.