sábado, 5 de enero de 2013

Una reflexión personal sobre el destino de la colección Huntington


Monedas visigodas de la colección Huntington

En mi última entrada, trataba de uno de los eventos numismáticos del año pasado, la subasta de la colección Próspero. Sin duda, el otro gran hito del 2012 fue lo sucedido con la colección Huntington que, con tantas idas y vueltas, pareció casi una novela. Creo que lo sucedido merece, por lo menos, una reflexión crítica.

En primer lugar, fue –en mi opinión- un escándalo que la Hispanic Society se decidiera a vender esta colección en contra del expreso deseo testamentario de Archer M. Huntington de que la misma fuera preservada unida para la investigación. Cuando, finalmente, Sotheby’s realizó la subasta en bloque de la colección en marzo pasado, la misma fue adquirida por un consorcio de inversores -cuya composición exacta sigue siendo hoy desconocida- para desmembrarla en una serie de subastas en distintos países. El precio de venta no fue informado pero, de acuerdo a trascendidos, habría rondado los 25 millones de dólares, muy por debajo de una estimación conservadora del valor total de la colección que superaría los 40. En suma, un excelente negocio para los compradores y uno pésimo para la Hispanic Society, que perdió una colección única y mucho prestigio para obtener un magro resultado económico.

Es cierto que la Hispanic Society ha sido mal manejada por décadas (aquí podéis leer un elocuente artículo del New York Times al respecto) y que nunca aprovechó la colección numismática de Huntington ni la incluyó en sus exposiciones. Sin embargo, los esfuerzos de la dirección actual por financiar la remodelación y expansión de su sede liquidando a mal precio parte del legado de su fundador no representan, en mi opinión, un avance en la dirección correcta para salir de esa situación.
 Archer M. Huntington

Afortunadamente, la American Numismatic Society (ANS) logró, gracias a la ayuda de un generoso mecenas, recuperar del consorcio poco más de la mitad del total de la colección (algo más de 19.000 piezas, incluyendo las secciones de mayor interés, como las de moneda visigoda y de la España musulmana), para sumarla a su propia colección. El mecenas irá donando paulatinamente año por año la colección a la ANS para deducir el monto de sus impuestos, por lo que el costo final de la operación correrá a cuenta de los contribuyentes norteamericanos. Archer M. Huntington, quien fue un gran benefactor de la ANS, creo que aprobaría este resultado.

De las monedas que quedaron en manos del consorcio, ya se han vendido cerca de 8.000 en una decena de subastas, las más importantes, las organizadas por Jesús Vico, que incluyeron una de las piezas más atractivas, los 10 excelentes de los reyes católicos, que alcanzaron los 450.000 euros. Otra porción muy interesante fueron las monedas romanas de oro subastadas por Ars Classica. De la pieza emblema de la colección, los 50 excelentes de los reyes católicos, todavía no hay noticias.

Sé que muchos coleccionistas han visto con desagrado que la ANS recuperara las mejores partes del conjunto. No puedo compartir esa opinión, la ANS es una institución ejemplar que lleva adelante una política de investigación impecable produciendo numerosas publicaciones y proyectos tan beneficiosos como los catálogos MANTIS y OCRE. Hubiera sido deseable, por lo tanto, que toda la colección hubiera quedado en sus manos, donde su estudio hubiera sido mucho más sencillo. Quien quiera formarse una idea sobre la parte que está siendo dispersada tendrá, por el contrario, que rastrear las piezas entre decenas de catálogos de subastas de diferentes países.

Que una colección con el tiempo se disperse es lo normal y hasta lo deseable para que el mercado numismático pueda subsistir. Sin embargo, no debería aceptarse que una institución se desprenda de bienes que le han sido legados para la investigación.