viernes, 15 de febrero de 2013

La reforma monetaria de Diocleciano -3° parte


Aquí os dejo la tercera parte de la serie sobre la reforma monetaria de Diocleciano (podéis leer aquí la primera y la segunda), en la que me concentro en lo que implicó la puesta en funcionamiento del nuevo sistema monetario.


El primer sistema monetario en abarcar la totalidad del Imperio Romano


Diocleciano pretendía que el nuevo sistema fuera verdaderamente universal, desplazando a las acuñaciones locales que por siglos habían convivido con las monedas romanas. Para que este objetivo fuera alcanzable en la práctica, fueron necesarias dos medidas radicales: 1) la desmonetización de todo el circulante anterior a la reforma. 2) La producción de nuevas piezas en enormes cantidades en un plazo muy breve de tiempo. Se tuvo un éxito sorprendente en ambos puntos, coordinando el trabajo de un gran número de cecas distribuidas por todo el imperio con gran eficiencia. De esta forma, en tan sólo cinco años entre el 293 y el 297 d.C., Diocleciano y sus colegas impusieron el uso del primer sistema uniforme en el Imperio Romano, acabando incluso con el particularismo monetario de Egipto, vigente desde siglos.

Diocleciano modificó el sistema de cecas heredado de Aureliano y amplió su número de 10 a 16 (RIC VI, págs. 4-7). El nuevo esquema se correspondía con su reorganización de la administración civil mediante la creación de las diócesis (ver mapa más abajo). Ya con anterioridad, las cecas se encontraban organizadas en diferentes talleres (officinae) y desde el reinado de Filipo el árabe se había generalizado la práctica de señalar dentro de cada ceca con una letra griega el taller responsable de la producción de cada ejemplar. Durante la tetrarquía, las marcas de officinae se vuelven una norma ineludible para todas las cecas que cuentan con varios talleres, lo que permitía un mayor control de la producción.

Las cecas de la tetrarquía funcionaron con gran eficiencia y produjeron en pocos años cientos de millones de nummi, teniendo éxito no solamente en remplazar a todas las monedas previas, sino también abastecer a regiones que hasta ese período habían sufrido de una escasez crónica de circulante. Diocleciano y sus colegas lograron uno de los remplazos monetarios más efectivos de la historia.

Los nummi representaron también un notable incremento en la calidad. Sus cospeles son regulares y con un peso menos variable que las denominaciones anteriores. Las acuñaciones son bien centradas y de producción cuidada. La cobertura plateada es atractiva y uniforme.


La reforma en la iconografía


La reforma monetaria de la tetrarquía vino acompañada de una clara ruptura con la tradición iconográfica previa. Los retratos imperiales se vuelven ahora uniformes y esquemáticos, de tal modo que en ocasiones se hace difícil distinguir al tetrarca representado sin la ayuda de la leyenda. Se evidencia, además, una clara preferencia por el busto laureado y barbado hacia la derecha, con un gesto adusto y cabezas masivas de cabello corto muy semejantes a las representaciones estatuarias de la tetrarquía. Se trata, por otra parte, de un rasgo común a todas las manifestaciones iconográficas oficiales, y no de una característica privativa de la moneda. 

Los emperadores pierden sus rasgos individuales y se transforman en meros íconos genéricos, lo que se corresponde con la intención de Diocleciano de transformar esa posición en una institución completamente independiente de la persona que la ocupara. Las diferencias fundamentales en la representación de los tetrarcas derivan de la divinidad con la que cada pareja Augusto / César es asociada, Júpiter o Hércules. Sólo en algunas cecas occidentales se producen retratos más variados con bustos acorazados o, incluso, con casco y lanza al hombro. Un tipo de retrato muy peculiar es el de los soberanos asociados a Hércules que aparecen representados con piel de león y, en algunos casos, con maza al hombro.


Con la reforma del 293, también los tipos de reverso se vuelven mucho más uniformes y se concentran en unos pocos motivos de aspiración universal que serán repetidos por todo el imperio. Algo más de variedad se encuentra solamente en las monedas de oro, en mi opinión, porque van dirigidas casi exclusivamente a un público de militares y funcionarios cuya lealtad el régimen debe conservar con especial cuidado y atención. De allí que encontremos representaciones más detalladas del programa ideológico en que se sustenta el principio de la colegialidad imperial. 

En las monedas de plata predominan fuertemente dos tipos de reverso, el que muestra a los tetrarcas realizando un sacrificio y la representación de la puerta de un campamento. En los nummi, a su vez, el tipo más usual es, por mucho, el genio del pueblo romano. En los radiados de vellón bajo aparecen Júpiter y el emperador, mientras que en los pequeños radiados de bronce lo hace Utilitas. El menor número de tipos de reverso debe, en mi opinión, también ser una consecuencia del gran volumen de producción necesario para establecer el nuevo sistema monetario, que implicaba una mayor estandarización de los procesos de acuñación en las cecas.