viernes, 21 de junio de 2013

La reforma del sistema monetario durante el principado de Augusto – tercera parte

Aquí os dejo la tercera y última entrega de la serie sobre la reforma del sistema monetario durante el principado de Augusto, en la que se trata de las características de las monedas de metales bajos y sobre las razones que explican su éxito. Podéis encontrar aquí la primera y la segunda entregas.

Una característica peculiar de las nuevas monedas de metales bajos introducidas por Augusto es la presencia de las letras S(enatus) C(onsulto) en el reverso. Tradicionalmente, se las interpretó como una referencia a una competencia legal especial del senado en la producción de estas monedas. Para Theodor Mommsen, las mismas eran una importante evidencia a favor de su teoría del establecimiento por parte de Augusto de una “diarquía” en la que el poder del Estado era compartido entre el senado y el emperador. Esta interpretación ha sido, sin embargo, cuestionada con frecuencia y no tiene, en la actualidad, muchos seguidores.

Otra interpretación posible es que se tratara de una referencia a honores rendidos a Augusto. Sin embargo, parece más plausible que hagan referencia a un decreto del senado cuyo objetivo era conferir autoridad tradicional a las nuevas monedas introducidas por Augusto para asegurar que fueran aceptadas por el público. Además de ello, las letras SC permitían diferencias a las monedas de metal bajo acuñadas en Roma de aquellas producidas en las provincias y es probable que esa haya sido la causa por la que las conservó como motivo característico hasta bien entrado el siglo III d.C.

A diferencia de las acuñaciones en oro y plata que eran respaldadas por su contenido metálico, las monedas de bronce eran completamente fiduciarias. Con un valor nominal superior al de su metal, la única garantía con que contaban era el respaldo del Estado y su aceptación como medio para la cancelación de impuestos. El sestercio y el dupondio eran las piezas más sobrevaluadas, la primera contenía poco más del doble de cobre que un as pero equivalía a cuatro.

El éxito de las nuevas acuñaciones dependía, entonces, de su capacidad de obtener la aceptación de los consumidores y en el grado de confianza que generase la garantía pública de su valor. Esto se lograría ampliamente porque la calidad de sus diseños y su conveniencia para los intercambios cotidianos hacían a estas piezas tanto atractivas como útiles. El factor determinante para su éxito fue, sin embargo, que el Estado romano resistió la tentación de obtener beneficios acuñando sestercios y dupondios en números demasiado elevados.