miércoles, 24 de julio de 2013

La historia monetaria de Roma de Trajano a Marco Aurelio


Continuando las entradas sobre la historia monetaria de Roma de Augusto a Nerón y sobre la reforma monetaria de Nerón, os presento ahora esta breve discusión del mismo tema en el período comprendido en el período de los Antoninos.

El triunfo de Trajano en la guerra contra Dacia significó una enorme afluencia de botín al tesoro romano que permitió emprender magníficos proyectos de obras públicas e, incluso un ambicioso programa de reacuñación de antiguas monedas ya muy desgastadas. Como un gesto simbólico, se acuñaron entonces los famosos “tipos restaurados” de monedas de la época republicana y del principado, sólo que los nuevos ejemplares respetaban el nuevo estándar neroniano. 

Como señala Kenneth Harl, es probable que uno de los objetivos de esta reproducción de monedas históricas fuera mantener la confianza del público en el nuevo circulante, presentándoselo en la forma de los heterogéneos diseños tradicionales a los que ya estaba acostumbrado (dos imágenes de estos denarios acompañan el texto). Sin embargo, poco tiempo después de puesto en marcha este programa, los crecientes gastos forzaron a Trajano a realizar una nueva devaluación del denario reduciendo su contenido de plata al 89%. Ello era el resultado del extremadamente ambicioso plan de construcciones emprendido por este emperador y de la introducción de los alimenta, un esquema de asistencia a niños huérfanos. A pesar del deterioro del denario, la tasa de cambio entre éste y el áureo se mantuvo inmóvil, probablemente porque la gran abundancia de oro resultante de la victoria en Dacia había hecho que el valor de este metal descendiera en forma considerable respecto de la plata.


Las finanzas del tesoro romano parecen haberse recuperado lo suficiente como para que en el 118 d.C. el emperador Adriano pudiera perdonar a ciudadanos romanos 225 millones de denarios en impuestos atrasados. No se realizaron, sin embargo, más esfuerzos por mejorar la calidad del denario. El estándar fijado por Trajano se mantendría inalterado por unos cuarenta años hasta que en el 148 d.C. Antonino Pío volviera a reducir el contenido de plata del denario a tan sólo un 83%, probablemente como consecuencia del gran costo de las fastuosas celebraciones de los 900 años de las fundación de Roma. Al finalizar su pacífico reinado en el año 161 d.C., Antonino dejó a sus sucesores, Lucio Vero y Marco Aurelio, una reserva de 675 millones de denarios acumulada en el tesoro romano. La misma fue liquidada rápidamente en un cuantioso donativo a las tropas (20.000 sestercios para cada soldado) y en una guerra contra los partos.

La falta de recursos obligó a llevar a cabo una nueva reducción del contenido de plata del denario a menos del 80%. La victoria contra los partos en el año 166 d.C. no trajo un alivio significativo porque poco después el imperio se encontraba inmerso en un conflicto todavía más oneroso en la frontera norte para detener las incursiones de pueblos germánicos: las guerras marcománicas. Controlada la crisis, Marco Aurelio restauró entre los años 168 y 170 el denario al estándar del 83% vigente durante el reinado de Antonino Pio, pero se vería forzado a alterarlo en los años siguientes de acuerdo con los costos de las operaciones militares y los recursos del tesoro, cayendo hasta el 79% al final de su reinado.

Evolución del contenido de plata del denario durante el Imperio Romano

Los años en que Marco Aurelio ocupa el trono señalan la aparición de nuevas tendencias que marcan un punto de ruptura con la situación vigente durante el principado. Sobre todo, se produce un cambio en la naturaleza de las operaciones militares, en las que Roma se ve enfrentada a amenazas cada vez más intensas y que hacen necesarias operaciones defensivas cada vez más complejas y costosas e, incluso, el pago de cuantiosos subsidios como medio para garantizar la paz. Esta última novedad es particularmente gravosa para el sistema monetario romano pues -a diferencia de los gastos militares que ponen en circulación moneda que luego el Estado romano puede recuperar por la vía fiscal-, disminuyen en forma definitiva el stock de metal disponible. A todo ello se agrega, por esos mismos años, el agotamiento y abandono definitivo de algunos de los complejos mineros más ricos de Hispania y la disrupción de la extracción metalífera en Dacia por la invasión de los marcomanos.

La inflación ocasionada por la aceleración en el deterioro del denario en la segunda mitad del siglo II d.C. llevó a que el quadrante y el semis se volvieran obsoletos y dejarán de producirse, mientras que el sestercio y el dupondio pasaron a acuñarse en una aleación de bronce más económica con un importante componente de plomo. El nuevo denario devaluado fue perdiendo en este contexto sus funciones tradicionales para transformarse en el principal medio de pago de los intercambios cotidianos. Hasta la muerte de Marco Aurelio en el 180 d.C., sin embargo, la devaluación fue moderada. La cantidad de plata contenida en un denario se redujo sólo en aproximadamente un 35%. El porcentaje es pequeño si tenemos en cuenta que el sistema de denominaciones creado por Augusto llevaba ya 200 años de vigencia.