miércoles, 17 de febrero de 2016

El sólido romano - bizantino: una de las monedas más exitosas de la historia

Anverso de sólido del emperador romano Constantino I
Sólido de Constantino I - Tréveris - 310-313 d.C.

La introducción del sólido


En el 309 d.C., Constantino reinició, tras una interrupción casi total por un período de dos años, la acuñación de monedas de oro. Para las nuevas piezas se dejó de lado el estándar del áureo de Diocleciano de 1/60 de la libra romana para pasar a uno reducido de 1/72, es decir, un peso teórico de unos 4,54 gr. Para distinguirla de su predecesora, la nueva moneda es designada convencionalmente como sólido, un término contemporáneo que, sin embargo, ya se utilizaba con anterioridad a esta reforma para designar a las piezas de oro.

La reducción en el estándar fue, sin duda, un resultado de las dificultades económicas experimentadas por Constantino, que lo forzaron a intentar sacar el mayor rédito posible de la escasa cantidad de oro disponible. La reforma implicaba que ahora podía acuñarse un 20% más de monedas con la misma cantidad de oro, lo que ciertamente representaba una ventaja a la hora de distribuir una cantidad reducida de ese metal en donativos entre cuantiosos contingentes militares. Algo muy importante en una época en que Constantino era sólo uno de muchos emperadores que pugnaban entre sí y controlaba un territorio limitado en el Occidente del imperio.

La introducción del sólido vino lógicamente acompañada de nuevas piezas fraccionarias en ese metal adecuadas al nuevo estándar. La más importante y acuñada con mayor frecuencia fue el sémisis, o medio sólido.

Un estilo propio


Durante el Bajo Imperio romano el sólido fue adquiriendo características estilísticas propias que lo diferenciarían claramente de su predecesor, el áureo. Uno de los rasgos más característicos de los retratos imperiales en las monedas romanas era el retrato de perfil. Este formato es especialmente adecuado para presentar un retrato individualizado en bajo relieve, ya que permite reflejar la silueta distintiva de un individuo. En el siglo IV el formato de perfil comenzó a ser reemplazado por un busto frontal que con el tiempo se transformaría en el nuevo estándar.

Sólido del emperador romano Constancio II
Sólido de Constancio II - Antioquía - 355-361 d.C.

El retrato casi frontal con atuendo militar aparece por primera vez en sólidos de Constancio II (337-361 dC) en la mitad del siglo IV y seguiría siendo popular hasta el siglo VI. En este tipo de busto, el emperador está representado con la cabeza girada ligeramente hacia la derecha, pero mirando directamente al espectador. Durante el transcurso del siglo VI, se impuso en forma casi exclusiva el retrato plenamente frontal que sería la marca distintiva del sólido bizantino. La representación del emperador se volvería, al mismo tiempo, cada vez más esquemática, abandonándose la intención de presentar el retrato de un individuo específico para reflejar en su lugar la apariencia simbólica de un soberano.

El "dólar de la Edad Media"


Tras el triunfo final de Constantino en las guerras civiles en el 324 d.C., la nueva moneda se impondría en todo el imperio y se transformaría en la principal acuñación romana en oro hasta la caída misma de Roma. Después del fin del Imperio Romano de Occidente, las monedas de oro se seguirían acuñando en el Imperio Bizantino, en el que el sólido sería simplemente designado como "nomisma" (νόμισμα), es decir, "moneda" o "dinero".

sólido bizantino de Constantino VI e Irene

Sólido de Constantino VI e Irene - c797-802 d.C.

El sólido se siguió acuñando en Bizancio con el mismo estándar hasta el siglo X, cuando fue remplazado por una moneda un poco más pequeña, el tetarteron.  Conservó entonces un peso y calidad estable por más de 700 años, lo que le dio una excelente reputación, siendo utilizado como medio de pago y de atesoramiento de riquezas mucho más allá de las fronteras del imperio.

En efecto, como el califato árabe no acuñaba normalmente monedas de oro, se limitaba a usar las producidas por los bizantinos. Algo semejante sucedía en Occidente, donde el sólido era percibido como una garantía de valor. De hecho, se han encontrado tesoros de monedas bizantinas tan lejos como en Escandinavia. Debido a este éxito, el historiador Robert S. Lopez designó al sólido como el verdadero "dólar de la Edad Media".