miércoles, 30 de noviembre de 2016

5 razones por las que las monedas antiguas no son una buena inversión


Recibo muchas consultas sobre las monedas antiguas como inversión. Voy a expresar mi opinión al respecto claramente: las monedas antiguas, como cualquier objeto de colección (una obra de arte, una antigüedad, una estampilla, etc.) no son buenas inversiones. Ello no quiere decir, por supuesto, que no existan quienes hayan ganado y ganen mucho dinero con ellas, pero que el coleccionista promedio pueda hacerlo, es otra cuestión completamente diferente. Creo que las siguientes razones indican que no:

1 – Volatilidad:

Una característica que la mayoría de los objetos de colección comparten, es su escaso valor intrínseco. Una estampilla es sólo una pequeña pieza de papel, un cuadro es sólo un lienzo con pintura, e incluso una moneda antigua es un pequeño trozo de metal que, aun si es de oro o de plata, no es, por lo general, dado su pequeño peso, demasiado valioso. El valor de los coleccionables deriva, en consecuencia, de la demanda que por ellos existe en mercados muy especializados. Esos mercados están compuestos por conocedores y aficionados que les adjudican a esos bienes una importancia simbólica y que puede determinar un valor muy por encima del intrínseco. La consecuencia de ello es que el valor de este tipo de bienes es muy volátil, es decir, sujeto a fuertes variaciones, de acuerdo con el interés de los compradores y los vendedores y sujeto a los cambios de modas y que no tiene un piso significativo determinado por su valor intrínseco.

2 – Altos costos de transacción

Tanto en el caso de las monedas antiguas como en el de la mayoría de los coleccionables, los comerciantes especializados aplican generalmente una diferencia del 100% entre el precio de compra y el de venta. Es decir que si vendieron una moneda a 100, sólo estarán dispuestos a comprarla nuevamente por 50. Ello significa que una moneda debería a lo largo del tiempo experimentar una suba de valor enorme para que uno pudiera venderla a un comerciante por un precio semejante al de la adquisición.
La situación es diferente en el caso de las casas de subastas. El vendedor puede obtener un mejor precio, pero a costa de una mayor demora.

3 – Costos de mantener una colección:

 Mantener una colección puede implicar diversos costos, que serán más significativos en cuanto mayor sea su valor. Una colección importante siempre debe estar asegurada. Además de ello, se generarán casi siempre costos de seguridad y almacenamiento.

4 – Falta de liquidez:

Transformar una colección de monedas antiguas en dinero requiere un tiempo considerable. Encontrar un comerciante interesado es lo más rápido, pero lo menos conveniente. Dar piezas en consignación para su venta a otros coleccionistas permite generalmente un precio mejor pero en un plazo de tiempo mayor y difícil de prever de antemano.

5 – En el mejor de los casos, los rendimientos son modestos:

Todos conocemos casos de monedas que son subastadas por un múltiplo del valor que habían alcanzado en su última venta unos años atrás. Ello parece indicar ganancias considerables, pero cuando restamos los costos derivados del almacenamiento y seguro de la moneda en todos los años en que estuvo en manos de su vendedor obtenemos una cifra considerablemente menor. Si computamos el incremento de valor obtenido como un interés anual vemos, en la gran mayoría de los casos, que la rentabilidad se encuentra por debajo de la ofrecida por otras inversiones comunes, tales como acciones, bonos, etc. La mejor prueba de este punto es la historia del fondo de inversiones inglés AVARAE, el único que conozco especializado exclusivamente a la inversión en monedas antiguas. A pesar de ser dirigido por expertos y de contar con un capital de unos 11 millones de libras esterlinas, el rendimiento promedio de sus acciones en los últimos años ha sido decepsionante, al punto de que el fondo se encuentra actualmente en proceso de liquidación. Si los expertos con grandes capitales no fueron capaces de obtener rentabilidad, ¿cómo podría hacerlo un modesto coleccionista?

Por supuesto, todo lo dicho no se aplica para los comerciantes de monedas antiguas, que pueden obtener ganancias muy significativas sobre el capital invertido en el ejercicio de esta actividad. Lo mismo se aplica a las casas de subastas, claro que estas últimas no venden monedas sino que simplemente cobran un porcentaje por su servicio de intermediación.