sábado, 24 de febrero de 2018

Una misteriosa moneda del emperador Heliogábalo


El emperador Heliogábalo y su reforma religiosa


El breve reinado del emperador “Heligábalo” (218-222 d.C.) fue, sin duda, uno de los más polémicos de la historia de Roma.

Vario Avito Basiano llegó al trono con tan sólo 14 años de edad impulsado por su poderosa tía materna Julia Mesa e inició rápidamente un radical programa de reforma religiosa que pretendía colocar a la divinidad solar siria El-Gabal (de allí el apodo con el que todavía se designa a este emperador) como figura central del panteón del imperio desplazando a Júpiter

Heliogábalo quería quizás aprovechar la popularidad creciente en Occidente del culto de Sol Invicto, divinidad con la El-Gabal fue asimilado. Por supuesto, la medida encontró muy fuertes resistencias entre las elites romanas e itálicas y ello fue uno de los factores que desembocaron en el conflicto con esas elites y en el posterior asesinato del soberano.

Las monedas de Heliogábalo


La nueva política religiosa de Heliogábalo se reflejó naturalmente en la iconografía de su producción monetaria. Como tras su asesinato se decretó su damnatio memoriae, la mayoría de las representaciones artísticas del emperador fueron destruidas, las monedas son especialmente importantes para conocer la forma en que se presentaron sus reformas a los habitantes del imperio.


Uno de los tipos de reverso más frecuentes en las monedas de Heliogábalo es el del emperador como sacerdote del dios sol realizando un sacrificio sobre un altar.

En el anverso, encontramos el busto del emperador con corona de laureles y acompañado de lo que parece ser un extraño cuerno sobre su frente. Esa fue por lo menos la interpretación que se dio tradicionalmente a esa extraña protuberancia desde que H. Cohen la propusiera por primera vez en 1859. Cohen veía en esta representación un paralelismo con las representaciones con cuernos de algunos monarcas helenísticos.

Las diferencias iconográficas de la representación en las monedas de Heliogábalo siempre dejó dudas respecto de la tesis de Cohen, y muchas otras interpretaciones fueron propuestas.

Un brillante estudio de Elke Krengel del año 1997 resolvió convincentemente la cuestión utilizando material arqueológico que brindaba información sobre el atuendo habitual de los sacerdotes en Siria. Krengel demostró que se trata, en realidad, de un pene de toro (!), objeto que en Siria constituía un símbolo religioso tradicional de gran importancia. Sin duda, otro elemento de las prácticas religiosas orientales que el emperador quiso, sin éxito, introducir en la capital.

El artículo de Krengel puede leerse aquí, en alemán.