sábado, 21 de abril de 2018

Un fantástico sestercio de Nerón



Nerón es hoy un emperador famoso, ante todo, por sus crímenes y extravagancias. El asesinato de su propia madre Agrippina, el incendio de Roma, la primera persecución de cristianos, etc. Él, sin embargo, se consideraba a sí mismo ante todo como un artista, deseoso de imponer en Roma las competencias literarias y atléticas que eran comunes en el mundo griego. De allí sus famosas últimas palabras “¡qué artista muere conmigo!”

Uno de los ámbitos en los que se reflejó la inquietud artística del emperador fue en las monedas acuñadas durante su reinado, por lo menos en las de la última parte del mismo. En lo que se refiere al grabado de sus cuños éstas alcanzan un nivel que sobrepasa con holgura a todo lo precedente. Las monedas en que esto puede reconocerse mejor es en los sestercios, que por su mayor tamaño ofrecían amplio espacio para la representación de escenas más detalladas.

En esta breve entrada sólo quiero presentar un ejemplo específico que considero especialmente elocuente. El sestercio acuñado en Roma en el año 63 d.C. que introduce por primera vez la escena de la decursio como tipo de reverso.

La decursio era una maniobra de entrenamiento militar que simulaba escenas de combate combinando caballería e infantería. En estos sestercios vemos al emperador Nerón a caballo, con una lanza en su mano derecha, como si estuviera listo para embestir a un enemigo; un soldado a pie lo precede, con un vexillum en su hombro, y otro le sigue de cerca. El objetivo de este tipo de reverso era mostrar la excelente relación del emperador con los soldados de la guardia pretoriana, algo que era vital para todo príncipe que deseaba conservar el trono, y también la vida.

El ejemplar ilustrado se encuentra en el gabinete de monedas de Viena y es perfecto en todos los sentidos. Una excelente conservación, una pátina suprema, una acuñación perfectamente centrada. Sin duda, una moneda digna de un emperador artista.