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martes, 11 de mayo de 2010

Breve historia de la numismática – El siglo XVI (Curso: “Las monedas como fuentes para la historia de Roma” 4° parte)

G. Budé, De Asse

El primer estudio numismático que trascendió la mera curiosidad artística y se preocupó por entender el sistema monetario romano fue De asse et partibus, obra del humanista francés Guillaume Budé (1468-1540), publicada en el año 1514,. Budé fue uno de los estudiosos más influyentes de Francia en el primer tercio del siglo XVI, con relaciones cercanas con varios reyes y, especialmente con Francisco I. Junto con Erasmo, fue uno de los primeros humanistas no italianos en conseguir un reconocimiento universal por la erudición y calidad de sus obras. Budé era un gran coleccionista y su obra numismática es el resultado de muchos años de estudio de series de monedas antiguas.

De asse et partibus señala un importante desarrollo respecto del conocimiento numismático anterior, dado que por primera vez la moneda es estudiada no sólo como objeto aislado desde el punto de vista estilístico, sino como parte de un sistema monetario cuya lógica interna es necesario comprender. Budé funda, por otra parte, con sus investigaciones una rama central de la numismática, la metrología, es decir, el estudio del peso y la composición metálica de las monedas. La obra despertó gran interés y tuvo un éxito rotundo, alcanzando 10 reimpresiones en tan sólo 20 años.

Andrea Fulvio, Illustrium immagines

Por el mismo tiempo, en Italia, la tradición de investigación numismática propia del humanismo alcanzaba un nuevo nivel de sistematización con la obra del anticuario Andrea Fulvio, Illustrium immagines, del año 1517. Se trataba de un esfuerzo por identificar los retratos de personajes famosos de la Antigüedad a partir de la evidencia proporcionada por las monedas. La obra de Fulvio adquiere especial relevancia porque definió el formato estándar que los libros numismáticos conservarían por largo tiempo, otorgando un papel central a las ilustraciones, reproducidas en exquisitos grabados que presentaban el anverso y reverso de las monedas acentuando la belleza artística de sus motivos. En la misma línea se ubicaban los estudios algo posteriores de Jacobus Strada, Imperatorum romanorum omnium orientalium et occidentalium verissimae imagines ex antiquis numismatis y de Guillaume de Choul, De antiquorum imperatorum imaginibus. Estos son sólo algunos títulos representativos de una producción mucho más amplia, pues el libro numismático experimentó desde entonces un verdadero auge, convirtiéndose en un objeto coleccionable al igual que las monedas mismas.

Hubert Goltz

En la segunda mitad del siglo XVI, la numismática alcanzó un nuevo nivel de desarrollo científico. Ello ya es visible en la obra del anticuario Hubert Goltz (1526-1583). Goltz inició su carrera como pintor y dibujante, y llegó a la numismática tras interesarse en este campo de estudio por haber producido las ilustraciones para algunos libros de ese tema. Goltz realizó extensos viajes para estudiar personalmente las mayores colecciones de su tiempo y plasmó los resultados en una serie de obras en que relacionaba la información numismática con la historia de Roma. Los espectaculares grabados en los Goltz reproduce las monedas estudiadas son uno de los aspectos más interesantes de sus obras, entre las que se destacan:

Fastos magistratuum et trivmphorum romanorum (1566)

C. Julius Caesar Historiae Imperatorum Caesarumque Romanorum Ex Antiquis Numismatibus Restitutae (1563)

Caesar Augustus Sive Historiae Imperatorum Caesarumque Romanorum Ex Antiquis Numismatibus Restitutae (1574)

La obra de Goltz está, sin embargo, plagada de errores y de piezas fantásticas. Los especialistas no concuerdan sobre si Goltz simplemente contaba con poco espíritu crítico o si directamente intentaba completar sus series inventando monedas. Mayor rigurosidad metodológica puede reconocerse en la obra de Fulvio Orsini, Illustrivm imagines: ex antiquis marmoribus, nomismatibus, et gemmis ... publicada en Roma en 1594.

lunes, 3 de mayo de 2010

Breve Historia de la numismática antigua - Desde los orígenes hasta el siglo XV (Curso: "Las monedas como fuentes para la historia de Roma" 3° parte)


Giovanni de Matociis - Historia imperialis

Continuando con los contenidos de la primera unidad del curso Las monedas como fuentes para la historia de Roma, inició aquí el tratamiento de la historia de la numismática como disciplina. Le dedicaré a este tema un par de entradas en el blog, porque considero que es particularmente relevante para todos aquellos que se interesan por las monedas antiguas y porque no existen, según mi conocimiento, buenos tratamientos del tema accesibles en la web.

El estudio de las monedas griegas y romanas es una disciplina con una extensa tradición. Sabemos que ya en la misma Antigüedad las monedas de otras épocas y regiones eran consideradas objetos especialmente interesantes y valiosos. Suetonio refiere, por ejemplo, que el emperador Augusto gustaba regalarlas en las saturnalias. Conocemos también otros ejemplos. El atractivo de las monedas antiguas no culminó con la caída del Imperio Romano. Durante toda la Edad Media las mismas siguieron siendo conocidas y admiradas, y se acuñaron numerosas imitaciones. Los monarcas medievales presentaban de esta forma su aspiración a un poder comparable al de los emperadores romanos.

El ascenso del humanismo y el renacimiento

Más allá de estos remotos antecedentes, el coleccionismo y el estudio de las monedas antiguas sólo comenzó verdaderamente hacia fines de la Edad Media y con el inicio de lo que comúnmente se conoce como el Renacimiento. Fue en la Italia de los siglos XIII y XIV donde el paulatino despertar del interés por la Antigüedad clásica llevó a una nueva apreciación del valor de los restos antiguos y, entre ellos, también de las monedas griegas y romanas. Por supuesto, no se trataba de un interés científico, sino que cumplían una función semejante a la de las reliquias cristianas, tan caras a la mente medieval, eran símbolos de un pasado remoto con el cual sus poseedores añoraban conectarse. De allí que el estudio de los objetos y ruinas antiguas llevado a cabo por los humanistas del renacimiento sea habitualmente calificado como “anticuarismo”.

La primera evidencia notable del estudio de las monedas antiguas la encontramos en la obra de Giovanni de Matociis (conocido habitualmente como Mansionario), la historia imperialis, es decir, una colección de biografías de emperadores romanos. De Matoccis fue el primero en utilizar monedas como fuentes históricas, lo que lo coloca claramente por delante de los estándares historiográficos de su tiempo. Giovanni recurrió a las monedas para observar los retratos de los diferentes emperadores y añadió copias de su propia mano al manuscrito. El Mansionario anunciaba así el que sería uno de los intereses fundamentales de los humanistas en relación con las monedas antiguas, sus retratos.

Es en el segundo tercio del siglo XIV cuando empezamos a tener noticia de los primeros coleccionistas sistemáticos de monedas antiguas. En realidad, debemos decir que no se trata de coleccionistas especializados, todos los objetos provenientes del mundo clásico atraen su atención, estatuas, obras de arte en general, objetos domésticos y también monedas. Dos ejemplos prominentes son el banquero de Treviso Oliviero Forzetta y el dogo de Venecia Marino Falier, de quienes sabemos que sus colecciones de antigüedades incluían gran número de monedas. En la segunda mitad del siglo XIV el interés y el conocimiento sobre las monedas antiguas aumenta considerablemente, como lo ilustra la figura de Petrarca, el gran difusor del humanismo y del estudio de la Antigüedad clásica, quien ha dejado en su correspondencia y en sus obras testimonio de su pasión por las monedas antiguas.

Isabella d´Este - La primera gran coleccionista

Son los humanistas italianos de fines del siglo XIV y principios del XV los que comienzan con la identificación precisa de los retratos de las monedas imperiales romanas, intentando sobre todo utilizarlas como guía a la hora de identificar bustos y otras obras de arte semejantes. Con el éxito del humanismo y la difusión de sus intereses intelectuales entre las elites de las ciudades italianas, la práctica del coleccionismo de monedas antiguas se difundió rápidamente durante el siglo XV. Desde mediados de ese siglo ya nos encontramos frente a un mercado organizado de monedas, destinado, sobre todo, a satisfacer los pedidos de los grandes coleccionistas, es decir, príncipes, prelados y patricios de gran riqueza. Es en este período que comenzaron a formarse algunas colecciones verdaderamente impresionantes, como aquella de la marquesa de Mantua, Isabella d´Este (1474-1539), que según un inventario del año 1494 incluía 437 monedas de oro y 3385 de plata en excelente estado.

Si bien fue el humanismo el que impulsó el interés por las monedas antiguas, los humanistas no dedicaron demasiada atención a las mismas como objeto de estudio específico. Las consideraban sólo de importancia secundaria comparadas con la literatura y las obras de arte grecorromanas. El principal interés radicaba para ellos en los retratos de los emperadores y en la interpretación alegórica de los motivos en los reversos. Si bien los humanistas del quattrocento no iniciaron el estudio sistemático de las monedas antiguas, puede decirse, sin embargo, que las grandes colecciones reunidas durante el siglo XV bajo inspiración de su ejemplo, permitieron que ese estudio apareciera en el siglo XVI.