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sábado, 9 de abril de 2016

Las colecciones numismáticas más importantes del mundo

Las colecciones numismáticas más importantes del mundo tienen todas una historia semejante.

Fue durante el siglo XV, por la difusión del humanismo renacentista, que algunos príncipes y patricios italianos reunieron las primeras grandes colecciones de monedas antiguas de las que tenemos noticia. Durante los siglos siguientes, la práctica se difundió entre la mayoría de reyes y gobernantes de Europa y, con el paso del tiempo, esas colecciones fueron heredadas por los estados modernos. Durante el siglo XIX,  se consolidaron las grandes colecciones públicas y se transformaron en verdaderos gabinetes numismáticos que funcionarían como centros de investigación dedicados a la catalogación de sus enormes posesiones de monedas antiguas. Fuera de Europa, muchos países (especialmente EE. UU.) comenzaron a imitar esos desarrollos y a establecer sus propias colecciones públicas.

Entre las más importantes del mundo se encuentran las siguientes:

Colección Numismática del Museo Británico: En las primeras décadas del siglo XIX empieza a consolidarse la colección de monedas antiguas del British Museum, que transformará a esa institución en uno de los gabinetes numismáticos más importantes del mundo. En la actualidad el departamento de monedas y medallas posee más de un millón de piezas procedentes de todo el mundo, entre las que se destaca la sección de monedas griegas y romanas.

La colección de la American Numismatic Society pertenece al estado de Nueva York. Cuenta con 800.000 piezas, incluyendo monedas de todas las épocas y regiones del mundo, en su mayoría provenientes de donaciones de grandes coleccionistas norteamericanos.   La colección es particularmente fuerte en moneda griega (especialmente del período helenístico), en moneda romana de la república, en moneda  islámica, y en moneda china. En las últimas décadas se ha desarrollado mucho la sección de moneda de América latina y de EE.UU.  La institución posee, además, una de las mejores bibliotecas numismáticas del mundo con más de 100.000 títulos.

Gabinete de medallas de la biblioteca nacional de Francia (Département des monnaies, médailles et antiques de la Bibliothèque nationale): posee una colección de 520.000 monedas y medallas, especialmente fuerte en lo que se refiere a la moneda grecorromana, con alrededor de 225.000 ejemplares. El núcleo de la colección actual deriva de las colecciones privadas de los reyes de Francia que fueron transformadas en bienes públicos tras la Revolución francesa a fines del siglo XVIII. Durante el siglo XIX la colección creció en forma significativa por donaciones privadas. La colección sería todavía más impresionante si en el año 1831 no hubiera sufrido por un robo una pérdida irreparable de algunos de sus ejemplares más preciados.

Gabinete Numismático del Museo de Historia del Arte de Viena. Posee más de 700.000 piezas entre monedas, medallas, papel moneda y otros objetos relacionados. 2.000 de las piezas más distinguidas forman parte de la exposición permanente del Museo de Historia del Arte de Viena. El núcleo del gabinete deriva de la colección de monedas de los emperadores Asburgo. El más famoso de los directores del gabinete fue Joseph Hilarius Eckhel en el siglo XVIII, quien con su tratado Doctrina Nummorum Veterum fue el fundador de la numismática científica moderna.

Gabinete Numismático del Museo Bode de Berlin. Posee más de 500.000 piezas. La colección es especialmente interesante tanto por contar con numerosas piezas únicas, como por lo completo de sus series. Su inventario incluye más de 102.000 monedas griegas y 50.000 romanas, más 160.000 europeas de la Edad Media y los tiempos modernos y 35.000 orientales islámicas. También deben ser destacados los más de 25.000 medallones modernos, sobre todo de los siglos XV al XVII.

La colección numismática Nacional de Estados Unidos en el Smithsonian Museum:  es probablemente la más grande del mundo.  Incluye aproximadamente 1.600.000 objetos. Hay más de 450.000 monedas, medallas y condecoraciones y 1.100.000 piezas de papel moneda. Contiene muchos ejemplares de excepcional rareza en  monedas y billetes, desde las primeras monedas creadas hace 2.700 años hasta las últimas innovaciones en el intercambio monetario electrónico. Cuenta también una colección muy completa de objetos pseudo monetarios utilizados por pueblos primitivos, como cuentas, conchas, etc.

La colección numismática más importante de Latino América es la del Museo Histórico Nacional de Brasil en Río de Janeiro, que cuenta con alrededor de unos 127.000 objetos y se remonta en su núcleo original a las colecciones privadas de los emperadores de Brasil. Contiene piezas únicas tan importantes como el "Indio de plata" acuñado por el rey de Portugal Manuel I en 1499 en ocasión de organizar la segunda flota hacia las Indias. La colección incluye 7.600 piezas greco-romanas de gran valor.

Ninguna otra colección en el mundo puede competir con las nombradas en su aspiración a universalidad, pero quiero mencionar dos colecciones más, notables por otras razones.

En primer lugar una que a pesar de ser reducida se distingue por ser muy especializadas y poder competir en su área con las más grandes:

Colección de moneda Bizantina del Instituto Dumbarton Oaks de la Universidad de Harvard. Este instituto tiene una colección de 12.000 monedas bizantinas de la que se ha publicado un exquisito catálogo en 5 volúmenes.

Finalmente, una de las colecciones que a pesar de su importancia permanece prácticamente desconocida en el mundo. La República Argentina cuenta con una de las colecciones numismáticas más importantes fuera de Europa y Estados Unidos albergada actualmente en el Museo Histórico Nacional. Su origen se remonta a la presidencia de Bernandino Rivadavia, más concretamente al año 1823, en el que llegó al país la colección de moneda grecorromana adquirida al diplomático francés Luis César Dufresne de Saint León y que había pertenecido antes al padre Cassone, quien había sido guardián del Gabinete de Medallas del Vaticano. La colección crecería con compras posteriores, pero lamentablemente nunca ha sido catalogada en forma adecuada ni es actualmente accesible al público o a los investigadores, permaneciendo desde hace décadas encerrada en los sótanos del museo sin que se conozca su estado actual.

martes, 24 de enero de 2012

Philip Grierson (1910-2006) – Maestro de la numismática medieval

Hace algunas semanas que dedico el poco tiempo que tengo disponible para este blog a algunas lecturas de numismática medieval, particularmente a algunos escritos de Philip Grierson, por lo que me pareció oportuno presentar esta pequeña reseña de su carrera y contribuciones.

Philip Grierson, fue un historiador y numismático británico, profesor de numismática en la Universidad de Cambridge durante más de setenta años. Durante su muy larga y prolífica carrera académica, construyó la colección más importante y representativa de monedas medievales de todo el mundo, y escribió muy extensamente sobre el tema, contribuyendo considerablemente a difundir el interés por la numismática medieval.

De académico a coleccionista

Grierson empezó a interesarse por las monedas bizantinas a consecuencia de sus estudios históricos. Sus primeras compras (en el año 1944) sólo tuvieron por objeto conseguir algunas monedas para mostrarlas a los estudiantes en sus lecciones de historia.  Pero Grierson pronto se contagió de la pasión del coleccionismo y al final del año siguiente, había  reunido ya 1.500 monedas. En 1946 tenía 3.500. Con el paso de los años, su colección llegaría a incluir más de 20.000 ejemplares, con un valor total de varios millones de libras y llegando a ser la más representativa de la Europa medieval en el mundo.

Tras su muerte, Grierson donó su colección al Museo Fitzwilliam de la universidad de Cambridge, donde todavía se conserva junto con su enorme biblioteca numismática.

Monedas de la colección de Philip Grierson

Como reunir una colección millonaria sin tener millones

Grierson no era especialmente rico, pero logró reunir su colección invirtiendo toda la herencia de su familia (que era acomodada pero no especialmente adinerada) y gran parte de su salario como profesor universitario y académico en la compra de monedas. Tuvo, además, la suerte de comenzar a coleccionar en un momento fortuito, cuando los comerciantes numismáticos de Londres estaban inundados de material de la enorme colección de Lord Grantley, una aristócrata inglés que había sido un gran coleccionista y había fallecido en 1943. Grierson aprovechó también los bajos precios imperantes durante la Segunda Guerra Mundial, ya que los comerciantes de monedas londinenses no contaban casi con compradores de la Europa continental y eso ayudaba a mantener bajos los precios. Grierson fue un comprador cuidadoso, pero también podía gastar grandes cantidades por alguna moneda en particular, como por su famoso denario con el retrato de Carlomagno.


De coleccionista a académico

El estudio de su propia colección transformó a Grierson en uno de los mayores especialistas mundiales en la numismática medieval y bizantina, temas sobre los que redactó centenares de contribuciones.

En 1982, Grierson reunió fondos para comenzar un proyecto destinado a la publicación, por la universidad de Cambridge, de un catálogo académico de su colección en varios volúmenes titulado Medieval European Coinage (MEC). El mismo llegaría a ser un equivalente del RIC (Roman Imperial Coinage) para la Edad Media. El primer volumen apareció en 1986 bajo su dirección, y examinó las monedas de todos los  países de Europa occidental hasta el siglo décimo. Sigue siendo el catálogo estándar para el estudio de las monedas de la época.

Otra de las grandes contribuciones de Grierson fue su volumen sobre la historia de la moneda bizantina, todavía hoy indispensable.

miércoles, 20 de julio de 2011

Carl Wilhelm Becker – Uno de los más grandes falsificadores de monedas antiguas de la historia 2° parte

Áureo de Cómodo - Copia de Beck a la izquierda - original a la derecha

Os presento aquí la segunda parte de esta breve serie sobre este gran falsificador. Podéis encontrar aquí la primera.

Sus métodos de producción


Becker realizaba todo su trabajo en forma completamente manual. Es decir que no utilizaba medios mecánicos para transmitir el diseño de una moneda auténtica a un cuño. Estudiaba cuidadosamente el original y luego grababa el diseño completo a mano de la misma forma en que se trabajaba en la Antigüedad. Cuando no podía conseguir un original para tomar como modelo trabajaba a partir de copias hechas con moldes de yeso u otros métodos. Parece que en algunos casos específicos trabajó a partir de ilustraciones de las monedas, acuñando algunas piezas de menor calidad de lo habitual en su producción. También produjo, en un par de ocasiones, algunas piezas fantásticas sin modelo antiguo concreto.

Una vez producido el troquel, Becker acuñaba sus monedas con golpe de martillo al igual de lo que se hacía en la Antigüedad y sin recurrir al uso de las prensas mecánicas habituales en la producción monetaria de su época. El proceso era muy laborioso y Becker llevaba a cabo casi sin asistencia todo el trabajo que en las “oficinas” de las cecas antiguas desarrollaba todo un equipo de especialistas. Becker trabajaba con cospeles que le eran proveídos por casas de fundición. Los utilizaba en forma esférica para producir monedas de alto relieve como algunas piezas griegas y en forma de discos para monedas más planas. En algunos casos utilizaba monedas antiguas de escaso valor y las reacuñaba con los tipos de otras más valiosas.

Para “envejecer” sus monedas recién acuñadas, Becker utilizaba un procedimiento muy original. Las colocaba en un cajón de madera lleno de viruta de hierro y arrastraba el cajón con su carruaje en un paseo por el campo.

Una vez producidas sus monedas, Becker las comercializaba, con gran éxito, a través de una red de agentes y de contactos comerciales por toda Europa. En algunos casos se las vendía expresamente como copias modernas, pero la gran mayoría de las veces se las hacía pasar por auténticas. A lo largo de su carrera, Becker vendió sus monedas a coleccionistas de todo el continente e, incluso, a muchos de los museos más importantes, como el Museo Británico, que todavía posee piezas de Becker.

Cuños grabados por Becker a mano para producir monedas de Transilvania del siglo XVII

Un falsificador expuesto


Las falsificaciones de Becker fueron expuestas como tales por el gran numismático italiano Domenico Sestini (1750-1832), quien en su obra Sopra i Moderni Falsificatori di Medaglie Greche Antiche nei tre Metalli (1826) describió y reprodujo varias de sus monedas. Becker se defendió diciendo que él producía copias para que los coleccionistas de menores recursos pudieran completar sus colecciones. Lo cierto es que a pesar del éxito de sus monedas Becker nunca tuvo una situación financiera particularmente buena y que experimentó en sus últimos años serios problemas económicos.

Las monedas de Becker no son hoy peligrosas pues un análisis detallado revela fácilmente su condición, pero no ocurría lo mismo en su época, en la que la catalogación y el estudio científico de las acuñaciones antiguas se encontraban en sus inicios. Lo que hace todavía interesantes a sus falsificaciones es el talento genial de Becker como grabador, capaz de reproducir en muchos casos de manera genial el espíritu de las acuñaciones antiguas.

domingo, 27 de junio de 2010

Historia de la numismática – Siglos XIX y XX (Curso: “Las monedas como fuentes para la historia de Roma” 7° parte)


La profesionalización de la disciplina

Los avances desarrollados en el siglo XVIII que culminaron en la obra de Joseph Hilarius Eckhel otorgaron la base científica que permitió transformar a la numismática en una disciplina profesional reconocida. El desarrollo clave del siglo XIX es la consolidación de las grandes colecciones públicas y su transformación en verdaderos gabinetes numismáticos que funcionarán como centros de investigación dedicados a la catalogación de sus enormes posesiones de monedas antiguas.

En las primeras décadas del siglo XIX empieza a consolidarse la colección de monedas antiguas del British Museum, que transformará a esa institución en uno de los gabinetes numismáticos más importantes del mundo. En 1860 se funda el departamento de monedas y medallas de ese museo y su colección se enriquece por esos años enormemente mediante la compra y la donación de colecciones privadas. En la actualidad el departamento de monedas y medallas posee más de un millón de piezas procedentes de todo el mundo La fundación de la Royal Numismatics Society en 1836 profundiza las tareas de investigación en Inglaterra e inicia la publicación de la Numismatics Chronicle, una de las más antiguas revistas científicas especializadas en el ámbito de la numismática que todavía hoy se publica. La excelencia en la investigación numismática inglesa llevará a esa nación durante el siglo XX a convertirse en el epicentro mundial de la disciplina. Para ilustrarlo sólo es necesario mencionar la publicación del monumental Roman Imperial Coinage o del libro de M. H. Crawford, Roman Republican Coinage.

En el gabinete de medallas de la biblioteca nacional (Département des monnaies, médailles et antiques de la Bibliothèque nationale) Francia posee una colección capaz de rivalizar con la del British Museum, con alrededor de 225.000 monedas del mundo grecorromano. La misma tiene su origen en las colecciones privadas de los reyes de Francia que fueron transformadas en bienes públicos tras la Revolución francesa a fines del siglo XVIII. Durante el siglo XIX la colección creció en forma significativa por donaciones privadas como la del célebre Conde de Caylus. Desde 1836 la investigación especializada tomará impulso a partir de la creación de la Revue Numismatique, que sigue siendo hoy una de las revistas más reconocidas en el campo numismático. Desde 1865 Francia cuenta con su propia sociedad numismática.

En Alemania, se conforma durante el siglo XIX el gabinete numismático de los museos imperiales, hoy llamados museos estatales de Berlín. La colección de monedas antiguas albergadas en esta institución es sensiblemente menor a la de los gabinetes ingleses y franceses recién mencionados, pero igualmente, una de los más importantes del mundo. Dentro de los países de habla alemana, Viena conservará durante este período la herencia de Eckhel, la Numismatische Zeitschrift de la Sociedad numismática austriaca es una de las publicaciones más importantes en ese idioma.

Durante el siglo XIX, la numismática antigua comienza finalmente a transformarse en una disciplina mundial, acabando con la exclusividad europea en este campo de estudios. En 1858 se funda en Nueva York la American Numismatic Society que con su colección de 800.000 piezas tiene uno de los catálogos más grandes del mundo.

jueves, 10 de junio de 2010

Historia de la numismática – El siglo XVIII (Curso “Las monedas como fuentes para la historia de Roma 6° parte)


Los ocho volúmenes de la Doctrina nummorum veterum de Eckhel


Joseph Hilarius Eckhel, el "Padre de la numismática"

Al igual que durante el siglo XVII con la figura de Spanheim, la historia de la numismática del siglo XVIII es monopolizada por los aportes de un solo individuo, Joseph Hilarius Eckhel (1737-1798). Eckhel nació en Viena y pasó, ya como adolescente, a formar parte de la Compañía de Jesús, recibiendo en ella una rigurosa y profunda formación clásica que culminaría en su desempeño como profesor de retórica en diversos colegios de la orden. En este período de formación comenzó a desarrollarse su profundo interés por las monedas antiguas, que lo llevaría a catalogar algunas colecciones de su orden y de distinguidos aristócratas austrohúngaros.

La siempre frágil salud de Eckhel no pudo soportar por mucho tiempo el intenso desgaste de la docencia, por lo que desde 1772 fue relevado de esa tarea, lo que le permitió dedicarse de lleno a la numismática. Con permiso de la orden, emprendió entonces un viaje de dos años por Italia que le permitió estudiar las grandes colecciones en Roma, Florencia y otras ciudades. Cuando Eckhel volvió a Viena en 1774, su orden había sido disuelta. La emperatriz María Teresa I lo nombró entonces curador del gabinete numismático imperial, posición que complementaría desde 1775 con la de profesor de la Universidad de Viena.


Su gran obra: Doctrina nummorum veterum

Tras la publicación de numerosos estudios parciales, Eckhel dedicaría los últimos años de su vida a la publicación de su gran obra, Doctrina numorum veterum, en ocho tomos aparecidos entre 1794 y 1798. Se trata de un trabajo monumental que dejaría en la sombra al de todos sus predecesores y concedería a su autor el merecido título de “padre de la numismática”. Se trata del primer catálogo de aspiración universal que incluía la producción numismática de todas las civilizaciones del mundo antiguo y no sólo la del mundo grecorromano. Los tres primeros tomos se ocupan en detalle del mundo griego, clasificando las piezas a partir de una rigurosa identificación de todas las cecas que operaron en las regiones de cultura helénica a lo largo de toda la Antigüedad. Los siguientes tomos se dedican a las monedas romanas, desde las primeras acuñaciones de la república hasta la caída del imperio bizantino, incluyendo todas las piezas acuñadas en nombre de Roma en todos los territorios controlados por ella a lo largo de su milenaria historia. La clasificación combina, entonces, criterios geográficos e históricos y se distingue por el rigor y precisión con que es llevada a cabo hasta en los más mínimos detalles. Todos los sistemas de catalogación actualmente en uso en la numismática son herederos del elaborado por Eckhel.

viernes, 21 de mayo de 2010

Breve historia de la numismática – el siglo XVII (Curso: “Las monedas como fuentes para la historia de Roma” 5° parte)

El siglo XVII marca el inicio de una mayor precisión científica en la numismática. El estudio de las monedas antiguas se irá distanciando paulatinamente de la tradición humanística y de su excesivo énfasis en el análisis estilístico de los retratos y motivos representados en las acuñaciones, para pasar a concentrarse en las monedas como objetos históricos con características particulares susceptibles de ser analizadas con métodos específicos. Este desarrollo fue posibilitado, sobre todo, por el establecimiento de las grandes colecciones numismáticas reales y principescas. Las mismas se colocarían en muchos casos a disposición de los estudiosos, constituyendo el germen de lo que serían los posteriores gabinetes numismáticos públicos. El análisis de esas grandes colecciones permitiría en este período trascendentales avances en la catalogación de las monedas antiguas.

Las mayores innovaciones metodológicas del siglo XVII están asociadas a la obra de un solo hombre, Ezechiel Spanheim (1629-1710), un distinguido diplomático, profesor de retórica y académico de origen alemán, que, entre sus muchos ámbitos de estudio, se dedicó también a la numismática, llegando a ser, además, un gran coleccionista. Sus estadías diplomáticas en diversos países europeos le permitieron familiarizarse con las mayores colecciones de monedas de su tiempo y alcanzar importantes conclusiones sobre un vasto corpus de material. Fruto de esos estudios es la publicación, en el año 1664, de su gran tratado Dissertationes de praestantia et usu numismatum antiquorum.

Lo que distingue a la obra de Spanheim de las de sus predecesores es un conocimiento profundo de todos los aspectos de la cultura grecorromana puesto a disposición del estudio de las monedas antiguas. Su obra se destaca, además, por su precisión y confiabilidad. Las falsificaciones, tan comunes entre sus predecesores, están completamente ausentes de su trabajo. Un gran avance puede también reconocerse en las ilustraciones que acompañan el texto, preocupadas primero por representar con exactitud el original antes que en producir una imagen estéticamente lograda, como puede verse claramente en las imágenes que acompañan esta entrada.

martes, 11 de mayo de 2010

Breve historia de la numismática – El siglo XVI (Curso: “Las monedas como fuentes para la historia de Roma” 4° parte)

G. Budé, De Asse

El primer estudio numismático que trascendió la mera curiosidad artística y se preocupó por entender el sistema monetario romano fue De asse et partibus, obra del humanista francés Guillaume Budé (1468-1540), publicada en el año 1514,. Budé fue uno de los estudiosos más influyentes de Francia en el primer tercio del siglo XVI, con relaciones cercanas con varios reyes y, especialmente con Francisco I. Junto con Erasmo, fue uno de los primeros humanistas no italianos en conseguir un reconocimiento universal por la erudición y calidad de sus obras. Budé era un gran coleccionista y su obra numismática es el resultado de muchos años de estudio de series de monedas antiguas.

De asse et partibus señala un importante desarrollo respecto del conocimiento numismático anterior, dado que por primera vez la moneda es estudiada no sólo como objeto aislado desde el punto de vista estilístico, sino como parte de un sistema monetario cuya lógica interna es necesario comprender. Budé funda, por otra parte, con sus investigaciones una rama central de la numismática, la metrología, es decir, el estudio del peso y la composición metálica de las monedas. La obra despertó gran interés y tuvo un éxito rotundo, alcanzando 10 reimpresiones en tan sólo 20 años.

Andrea Fulvio, Illustrium immagines

Por el mismo tiempo, en Italia, la tradición de investigación numismática propia del humanismo alcanzaba un nuevo nivel de sistematización con la obra del anticuario Andrea Fulvio, Illustrium immagines, del año 1517. Se trataba de un esfuerzo por identificar los retratos de personajes famosos de la Antigüedad a partir de la evidencia proporcionada por las monedas. La obra de Fulvio adquiere especial relevancia porque definió el formato estándar que los libros numismáticos conservarían por largo tiempo, otorgando un papel central a las ilustraciones, reproducidas en exquisitos grabados que presentaban el anverso y reverso de las monedas acentuando la belleza artística de sus motivos. En la misma línea se ubicaban los estudios algo posteriores de Jacobus Strada, Imperatorum romanorum omnium orientalium et occidentalium verissimae imagines ex antiquis numismatis y de Guillaume de Choul, De antiquorum imperatorum imaginibus. Estos son sólo algunos títulos representativos de una producción mucho más amplia, pues el libro numismático experimentó desde entonces un verdadero auge, convirtiéndose en un objeto coleccionable al igual que las monedas mismas.

Hubert Goltz

En la segunda mitad del siglo XVI, la numismática alcanzó un nuevo nivel de desarrollo científico. Ello ya es visible en la obra del anticuario Hubert Goltz (1526-1583). Goltz inició su carrera como pintor y dibujante, y llegó a la numismática tras interesarse en este campo de estudio por haber producido las ilustraciones para algunos libros de ese tema. Goltz realizó extensos viajes para estudiar personalmente las mayores colecciones de su tiempo y plasmó los resultados en una serie de obras en que relacionaba la información numismática con la historia de Roma. Los espectaculares grabados en los Goltz reproduce las monedas estudiadas son uno de los aspectos más interesantes de sus obras, entre las que se destacan:

Fastos magistratuum et trivmphorum romanorum (1566)

C. Julius Caesar Historiae Imperatorum Caesarumque Romanorum Ex Antiquis Numismatibus Restitutae (1563)

Caesar Augustus Sive Historiae Imperatorum Caesarumque Romanorum Ex Antiquis Numismatibus Restitutae (1574)

La obra de Goltz está, sin embargo, plagada de errores y de piezas fantásticas. Los especialistas no concuerdan sobre si Goltz simplemente contaba con poco espíritu crítico o si directamente intentaba completar sus series inventando monedas. Mayor rigurosidad metodológica puede reconocerse en la obra de Fulvio Orsini, Illustrivm imagines: ex antiquis marmoribus, nomismatibus, et gemmis ... publicada en Roma en 1594.

lunes, 3 de mayo de 2010

Breve Historia de la numismática antigua - Desde los orígenes hasta el siglo XV (Curso: "Las monedas como fuentes para la historia de Roma" 3° parte)


Giovanni de Matociis - Historia imperialis

Continuando con los contenidos de la primera unidad del curso Las monedas como fuentes para la historia de Roma, inició aquí el tratamiento de la historia de la numismática como disciplina. Le dedicaré a este tema un par de entradas en el blog, porque considero que es particularmente relevante para todos aquellos que se interesan por las monedas antiguas y porque no existen, según mi conocimiento, buenos tratamientos del tema accesibles en la web.

El estudio de las monedas griegas y romanas es una disciplina con una extensa tradición. Sabemos que ya en la misma Antigüedad las monedas de otras épocas y regiones eran consideradas objetos especialmente interesantes y valiosos. Suetonio refiere, por ejemplo, que el emperador Augusto gustaba regalarlas en las saturnalias. Conocemos también otros ejemplos. El atractivo de las monedas antiguas no culminó con la caída del Imperio Romano. Durante toda la Edad Media las mismas siguieron siendo conocidas y admiradas, y se acuñaron numerosas imitaciones. Los monarcas medievales presentaban de esta forma su aspiración a un poder comparable al de los emperadores romanos.

El ascenso del humanismo y el renacimiento

Más allá de estos remotos antecedentes, el coleccionismo y el estudio de las monedas antiguas sólo comenzó verdaderamente hacia fines de la Edad Media y con el inicio de lo que comúnmente se conoce como el Renacimiento. Fue en la Italia de los siglos XIII y XIV donde el paulatino despertar del interés por la Antigüedad clásica llevó a una nueva apreciación del valor de los restos antiguos y, entre ellos, también de las monedas griegas y romanas. Por supuesto, no se trataba de un interés científico, sino que cumplían una función semejante a la de las reliquias cristianas, tan caras a la mente medieval, eran símbolos de un pasado remoto con el cual sus poseedores añoraban conectarse. De allí que el estudio de los objetos y ruinas antiguas llevado a cabo por los humanistas del renacimiento sea habitualmente calificado como “anticuarismo”.

La primera evidencia notable del estudio de las monedas antiguas la encontramos en la obra de Giovanni de Matociis (conocido habitualmente como Mansionario), la historia imperialis, es decir, una colección de biografías de emperadores romanos. De Matoccis fue el primero en utilizar monedas como fuentes históricas, lo que lo coloca claramente por delante de los estándares historiográficos de su tiempo. Giovanni recurrió a las monedas para observar los retratos de los diferentes emperadores y añadió copias de su propia mano al manuscrito. El Mansionario anunciaba así el que sería uno de los intereses fundamentales de los humanistas en relación con las monedas antiguas, sus retratos.

Es en el segundo tercio del siglo XIV cuando empezamos a tener noticia de los primeros coleccionistas sistemáticos de monedas antiguas. En realidad, debemos decir que no se trata de coleccionistas especializados, todos los objetos provenientes del mundo clásico atraen su atención, estatuas, obras de arte en general, objetos domésticos y también monedas. Dos ejemplos prominentes son el banquero de Treviso Oliviero Forzetta y el dogo de Venecia Marino Falier, de quienes sabemos que sus colecciones de antigüedades incluían gran número de monedas. En la segunda mitad del siglo XIV el interés y el conocimiento sobre las monedas antiguas aumenta considerablemente, como lo ilustra la figura de Petrarca, el gran difusor del humanismo y del estudio de la Antigüedad clásica, quien ha dejado en su correspondencia y en sus obras testimonio de su pasión por las monedas antiguas.

Isabella d´Este - La primera gran coleccionista

Son los humanistas italianos de fines del siglo XIV y principios del XV los que comienzan con la identificación precisa de los retratos de las monedas imperiales romanas, intentando sobre todo utilizarlas como guía a la hora de identificar bustos y otras obras de arte semejantes. Con el éxito del humanismo y la difusión de sus intereses intelectuales entre las elites de las ciudades italianas, la práctica del coleccionismo de monedas antiguas se difundió rápidamente durante el siglo XV. Desde mediados de ese siglo ya nos encontramos frente a un mercado organizado de monedas, destinado, sobre todo, a satisfacer los pedidos de los grandes coleccionistas, es decir, príncipes, prelados y patricios de gran riqueza. Es en este período que comenzaron a formarse algunas colecciones verdaderamente impresionantes, como aquella de la marquesa de Mantua, Isabella d´Este (1474-1539), que según un inventario del año 1494 incluía 437 monedas de oro y 3385 de plata en excelente estado.

Si bien fue el humanismo el que impulsó el interés por las monedas antiguas, los humanistas no dedicaron demasiada atención a las mismas como objeto de estudio específico. Las consideraban sólo de importancia secundaria comparadas con la literatura y las obras de arte grecorromanas. El principal interés radicaba para ellos en los retratos de los emperadores y en la interpretación alegórica de los motivos en los reversos. Si bien los humanistas del quattrocento no iniciaron el estudio sistemático de las monedas antiguas, puede decirse, sin embargo, que las grandes colecciones reunidas durante el siglo XV bajo inspiración de su ejemplo, permitieron que ese estudio apareciera en el siglo XVI.