sábado, 2 de mayo de 2009

El último emperador y sus monedas


Tradicionalmente se considera que la deposición del joven emperador Rómulo Augústulo en el año 476 de nuestra era señala el final del Imperio Romano de occidente y, con éste, el fin de la Antigüedad y el inicio de la Edad Media. El joven emperador, de tan sólo 15 años, era hijo del general (magister militum) Flavio Orestes y fue colocado en el trono por su padre, con el nombre de Rómulo Augusto pero, debido a su corta edad, fue llamado Augústulo. Siempre se ha destacado el hecho de que el último ocupante del trono romano llevara los nombres del fundador de la ciudad y de su primer emperador.

Rómulo Augústulo entrega las insignias del imperio a Odoacro


Cuando el general de los hérulos, Odoacro, depuso al joven emperador, la novedad fue que, en vez de colocar un sucesor de su gusto en el trono, reclamó para sí el título de rey de Italia. Odoacro reconocía nominalmente la soberanía del emperador oriental Zenón, por lo que el imperio seguía, en teoría, existiendo. Hacía ya tiempo que el verdadero poder estaba en manos de los grandes generales y de los guerreros bárbaros, siendo los emperadores occidentales sólo figuras decorativas y simbólicas. Al dejar el trono imperial vacío, Odoacro sólo transparentaba una realidad política evidente.

Reconstrucción idealizada del retrato de Rómulo Augústulo basado en sus monedas


Rómulo Augústulo es una figura casi inasible. Uno de los pocos testimonios directos que conservamos de su breve reinado son las monedas que se acuñaron entonces en Roma, Milán, Rávena y en la reducida parte de la Galia que todavía era controlada por los romanos. El sólido cuya imagen encabeza esta entrada es un claro testimonio de la distancia existente entre la concepción del poder imperial vigente en la época y la realidad del mismo. El adolescente Rómulo es representado en el anverso no con la usual efigie, sino con un imponente busto que lo representa como un guerrero con armadura completa, una lanza sobre el hombro y un escudo en su brazo izquierdo. La leyenda es tan larga (d n romvlvs - avgvstvs p f avg) que el final se superpone, en forma algo desprolija, con el escudo. En el reverso encontramos una victoria alada sosteniendo la cruz. La leyenda la identifica como la victoria augusta. Se alude aquí al invicto poder imperial en una forma que no puede contrastar más con la realidad de indefensión y derrota representada por el todavía niño Rómulo. De hecho, estas monedas eran acuñadas para intentar apaciguar con ellas a las tropas bárbaras que, supuestamente, respondían al emperador.

Sólido de Odoacro


La periodización es uno de los problemas más complejos en la historia. Decir que la deposición de Rómulo Augústulo significó el fin de la Antigüedad es sólo una convención académica, el evento no fue percibido por sus contemporáneos como el final de una época. Las monedas que Odoacro hizo acuñar como rey acentúan la continuidad. Como puede verse en la imagen que precede este párrafo, e trata de copias de las monedas de Rómulo Augústulo en las que su nombre a sido remplazado por el del emperador oriental Zenón.