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lunes, 14 de octubre de 2013

Ganar dinero con una colección de monedas


En una interesante entrada de su estupendo blog numismático, Adolfo discute la idea de coleccionar monedas para obtener en el largo plazo un retorno que supere al de la inflación y que pueda servir como “plan de pensiones”. Os recomiendo que leáis su entrada y, también, la interesante discusión en los comentarios. Creo que veo el tema de manera algo diferente a la de Adolfo y ello me impulsó a escribir este texto con mis propias ideas al respecto y enfocando el tema de manera más específica en el ámbito de las monedas antiguas grecorromanas, que es del que se ocupa este blog.

El objetivo


En primer lugar, creo que para ser interesante como inversión, una colección de monedas debería, en el plazo de tiempo considerado (tomemos 30 años como hipótesis), obtener una suba de valor no sólo mayor que la inflación, sino también mayor que el de otro tipo de inversiones conservadoras de bajo riesgo, como bonos de deuda soberana de Estados con excelente calificación crediticia. Ese debería ser el objetivo. En caso contrario no se justificaría el mayor tiempo y esfuerzo que es necesario para conformar una colección de monedas respecto del que se necesita para obtener una renta semejante con esos otros instrumentos de inversión.


Requisitos iniciales


Coincido plenamente con el primer punto señalado por Adolfo: solo un coleccionista experimentado estaría en condiciones de llevar a cabo un plan de inversiones numismático con mínimas chances de éxito, es decir, con posibilidades de obtener en el largo plazo un resultado positivo superior al del índice de inflación y al de otras inversiones conservadoras. Yo añadiría un segundo requisito -que quizás desaliente de entrada a muchos- igual de importante: nuestro hipotético coleccionista debería contar a lo largo de muchos años con cifras de dinero siempre disponibles para pujar en subastas por monedas de calidad. De hecho, podría argumentarse que este requisito es el más importante e, incluso, afirmarse que, si se cuenta con el dinero necesario, puede adquirirse el asesoramiento numismático para conformar una excelente colección. Algo que, de hecho, ha sucedido con frecuencia. Un tercer requisito sería la disponibilidad de tiempo para estudiar los catálogos de todas las subastas importantes y para pujar en los casos en que se identifiquen piezas que coinciden con los criterios seleccionados para la colección.

El mercado numismático y las predicciones de valor


Adolfo señala que “es absolutamente imposible poder predecir qué monedas van a subir de precio en el largo plazo”. Esto es absolutamente correcto. Es imposible garantizar que una moneda adquirida hoy podrá venderse dentro de 30 años con un incremento de valor que permita alcanzar el objetivo que hemos plantado. Sin embargo, el riesgo no es el mismo si hemos comprado una única moneda que si hemos conformado una colección. Las monedas de calidad tienden a incrementar su valor en el mediano y largo plazo. Por supuesto, en el corto plazo, su valor puede estar sujeto a oscilaciones considerables pero en el caso de una colección, lo más probable es que la mayoría de las monedas sigan el comportamiento esperable y que la suba en su valor compense el de aquellas que al momento de la venta no hayan tenido el comportamiento esperado. Por otra parte, es importante considerar que si una colección ha sido bien conformada, lo esperable sería que su valor de conjunto supere el de la suma del valor individual de cada una de sus piezas si se vendieran en forma independiente. Esto sucede cuando una colección respeta un tema o criterio general que pueda resultar atractivo para otros coleccionistas.


Ya he escrito en este blog sobre los factores que determinan el valor de una moneda antigua. En líneas generales, puede considerarse la calidad de una moneda será mayor mientras más se distinga en estos criterios generales:

·         Conservación
·         Importancia histórica
·         Calidad estética
·         Interés histórico
·         Rareza
·         Pedigrí

Adolfo señala que “Como es absolutamente imposible predecir los gustos que tendrán los coleccionistas de dentro de unas décadas, es igualmente imposible predecir qué moneda es una buena o una mala inversión.” Pero esto no se aplica de forma tan tajante a las monedas antiguas. A diferencia de lo que puede suceder en otros ámbitos del coleccionismo numismático, el mercado de monedas grecorromanas no está sujeto a grandes oscilaciones por cambios de gustos o modas, por lo que una moneda de alta calidad que es codiciada hoy lo seguirá siendo, por lo general, una vez transcurridos los 30 años que hemos tomado como plazo hipotético de inversión. Hay que tener en cuenta que el coleccionismo de monedas griegas y romanas se practica desde el Renacimiento y que a lo largo de los siglos el interés siempre ha crecido. Sería difícil pensar que eso pudiera cambiar, incluso en el mediano y largo plazo. Por el contrario, la tendencia de las últimas décadas señala que el coleccionismo de monedas antiguas crece en todo el mundo como consecuencia del mayor acceso a la información y las mayores posibilidades de compra de las que provee internet. De allí que los valores de las monedas antiguas experimenten ya desde hace varios años subas continuadas. Una tendencia que nada indica que se vaya a interrumpir en el futuro cercano.


Desventajas de las monedas antiguas como inversión


En síntesis, puede decirse que es factible realizar una colección de monedas antiguas cuyo valor suba con el tiempo. De todos modos, también es necesario considerar que las monedas antiguas presentan, como objeto de inversión, algunas desventajas importantes. La más importante, en mi opinión, es su falta de liquidez. Una colección de monedas antiguas no puede venderse de la noche a la mañana como sí puede hacerse con bonos, acciones y otras inversiones más convencionales. La única forma de vender con ganancia una colección importante es consignándola a una casa de subastas, y hacerse del efectivo demandará, en el mejor de los casos, algunos cuantos meses. A ello se suma que el valor final a obtener en la subasta es incierto y que no existen índices de precios que puedan ayudar a tomar la decisión de cuándo vender. Por otra parte, difícilmente pueda obtenerse una ganancia vendiendo una colección a un comerciante (excepto que la acepte en consignación), dado que, por regla general, éstos pagaran solamente alrededor del 50% de lo que esperan a su vez obtener.

Por otra parte, las monedas deben ser almacenadas adecuadamente y es necesario considerar un seguro y medidas de protección frente a robos que representan un costo que deberá deducirse del precio de venta final a la hora de determinar el rendimiento de la inversión.

Conclusión


Creo que todo lo expuesto justifica la idea de que las monedas como inversión sólo serás adecuadas en casos muy específicos y, por lo general, para quienes disponen de medios económicos importantes, que recurrirán a ellas para complementar una cartera de inversiones que ya cuenta con otros activos más tradicionales. Es difícil que el coleccionista promedio pueda obtener de sus monedas un rendimiento que supere el de otras inversiones más tradicionales en un porcentaje que justifique el tiempo y el riesgo involucrados. Claro que si uno considera el placer que uno deriva de su colección como una ganancia, entonces el cálculo cierra y creo que eso es lo que termina inclinando la balanza en la mayoría de los casos.

En síntesis, para asegurarse un retiro hay otras opciones mucho más seguras que una colección de monedas. Claro que la idea del “plan de inversiones” puede ser un buen argumento a la hora de justificar frente a la familia las sumas destinadas a ampliar nuestra colección.

Las imágenes que acompañan esta entrada son de algunas de las 5 monedas antiguas más valiosas del mundo


jueves, 1 de marzo de 2012

Nelson Bunker Hunt – Uno de los coleccionistas más codiciosos del siglo XX



¿Qué tienen en común el estater de Panticapea que desde enero es la moneda antigua más valiosa del mundo y el siclo del 5° año que es uno de los tesoros a ser subastado próximamente como parte de la exquisita colección Shoshana? Que ambos formaron parte de una de las colecciones más espectaculares del siglo XX, la del magnate petrolero tejano Nelson Bunker Hunt. Su historia es verdaderamente increíble, una saga de riqueza, especulación e intriga internacional.

Siclo del 5°año - revuelta judía del 66 al 70d.C.

Un multimillonario tejano


Nelson Bunker Hunt nació en el año 1926, en Arkansas, Estados Unidos. Su familia era una de las más ricas del país, pues su padre, H. L. Hunt, era el fundador y propietario de Hunt Oil, una de las empresas petroleras más grandes del mundo. Nelson se formaría bajo la sombra de su padre, quien llegaría a ser una verdadera leyenda en EE.UU., pero la relación entre ellos nunca sería buena. Nelson heredaría de él, sin embargo, su mentalidad ultraconservadora y una ambición sin límites.

Medallón de Plata - Adriano

Un inversor - coleccionista


En los años 70, Nelson se volvería inmensamente rico al lograr iniciar la producción en los pozos petroleros descubiertos bajo su dirección en Libia. Sus enormes recursos financieros necesitaban un destino. A partir de ese momento, comenzó, junto con su hermano Herbert, a amasar una gran colección de monedas griegas y romanas invirtiendo enormes sumas en la compra de los ejemplares más importantes y codiciados del mundo numismático. También conformó una gran colección de vasos griegos y escultura clásica. Pero el interés de Hunt en la numismática y el arte antiguos era el del inversionista antes que el del académico, y sus enormes recursos le permitían adquirir las piezas más valiosas sin tener que temer la competencia de otros compradores. Las imágenes que acompañan esta entrada son sólo una pequeña muestra de los incontables tesoros de su colección.

Medallón de 5 sólidos - Constancio Galo

Un enorme plan especulativo


Desde principios de los 70, Nelson Bunker Hunt y su hermano Herbert habían invertido enormes sumas en la compra de plata. Hacia fines de la década ellos desarrollarían un ambicioso plan para controlar el mercado mundial de ese metal y multiplicar enormemente su fortuna. Para ello establecieron un acuerdo secreto con la familia real de Arabia Saudita y comenzaron a adquirir enormes cantidad de plata física y de contratos a futuro a través de una red de sociedades fantasma. Hacia principios del año 1980, llegarían a controlar más de un tercio de la plata física del mundo (excluyendo aquella en los fondos de reservas de algunos países). Como resultado de su operatoria especulativa, el precio de la plata subiría en menos de un año de 6 a 48 dólares la onza!

Estater de oro - Cirenaica

Ante las quejas de las industrias y otros sectores afectados por esta maniobra especulativa, la bolsa mercantil de Nueva York cambió sus reglas para impedir el plan de los Hunt. El precio de la plata se desplomó y los hermanos, que habían pedido prestadas grandes sumas para poder ampliar sus compras, sufrieron pérdidas estimadas en un billón de dólares. En el año 1988 fueron condenados por su intento de manipular el mercado de plata y debieron solicitar la bancarrota. Por orden judicial, su enorme colección de monedas y antigüedades fue vendida por Sotheby’s en una serie de subastas en el año 1990 que batirían todos los récords de recaudación. A fin de cuentas, resultarían una mejor inversión que su desastroso intento especulativo. 

miércoles, 15 de febrero de 2012

Philip Grierson sobre el mercado numismático y las monedas antiguas como inversión


libro sobre numismática de Philip Grierson
Hace unas semanas escribí una pequeña entrada presentando a Philip Grierson, uno de los numismáticos más importantes del siglo XX. Entre sus muchas obras, Grierson redactó una de las mejores introducciones generales a la numismática académica que conozco, publicada por la editorial de la Universidad de Oxford en 1975 y todavía un clásico. Lleva mucho tiempo fuera de impresión y es un libro bastante codiciado, aunque pueden conseguirse ejemplares usados a precio razonable. Hoy quiero compartir con vosotros un pequeño pasaje de este libro en el que Grierson presenta un breve análisis sobre la realidad del mercado numismático:

El coleccionismo de moneda siempre ha sido popular, y en los últimos años, en parte como resultado de la hábil publicidad de los distribuidores, en parte como consecuencia de una mayor riqueza general y, tal vez, de mayores oportunidades educativas, el número de coleccionistas ha aumentado considerablemente. Esta rápida expansión ha tenido consecuencias secundarias que están lejos de ser felices: un aumento espectacular de los precios de la moneda, un aumento en la proporción de los coleccionistas interesados ​​en las monedas principalmente como inversión, la invasión del mercado por los bancos por razones puramente financieras. Esto último es particularmente desafortunado, ya que los bancos siempre pueden superar la oferta de los compradores privados y muchos de ellos consideran sus adquisiciones simplemente como una cobertura contra la inflación, no pueden o no quieren proporcionar a los investigadores con información acerca de las monedas en su poder o con facilidades para su estudio. Es sólo en casos excepcionales que ponen sus tesoros a la vista del público, como ha hecho el Chase Manhattan Bank en Nueva York. Los inversionistas privados también hacen la vida más difícil para aquellos que coleccionan por estudio o por placer, y es un pequeño consuelo saber que sus actividades no siempre son tan rentables como ellos piensan. Los cambios de precios no afectan a todas las series de monedas por igual ni operan de manera uniforme en todos los niveles, y las rarezas de alto precio de una generación pueden estar completamente fuera de moda una o dos décadas más tarde. Los bancos y los inversores numismáticos, sin embargo, no son más que una minoría, incluso si la alteración que crean en el mercado de monedas está fuera de proporción a su número. La mayoría de los que coleccionan lo hacen porque tienen un interés genuino en las monedas, y porque desean adquirirlas en parte por el placer de poseerlas, en parte porque al manejarlas sienten que están en contacto directo con tiempos distintos de los suyos. (Ph. Grierson, Numismatics, Oxford, Oxford University Press, 1975, pp. 182-183)

No hay nada nuevo bajo el sol. Al leer este pasaje pensé que podía aplicarse perfectamente a la situación actual y, sin embargo, ¡fue redactado hace 37 años!