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domingo, 14 de octubre de 2018

La primera moneda de Julio César

Julio César

Julio César y su carrera política


Cayo Julio César nació en el seno de una familia patricia de gran tradición, que remontaba sus orígenes hasta la misma diosa Venus, pero que en las generaciones inmediatamente anteriores no había tenido acceso a las mayores distinciones. La figura determinante de su niñez y adolescencia fue su tío Cayo Mario, el gran líder de los populares, quien influiría de manera determinante en el curso de su carrera política.

El joven Julio se revelaría como un político de excepcional habilidad. Logró sobrevivir el caos de las proscripciones de Sila e iniciar un ascenso rápido por el cursus honorum gracias a su talento para captar el favor popular y para establecer alianzas con los líderes políticos más poderosos, Craso y Pompeyo.

En el 59 a.C., César alcanzó el consulado y posteriormente se desempeñó como gobernador de la Galia. Usaría este puesto como trampolín para construir un ejército propio y afianzar su prestigio y riqueza mediante una serie excepcional de guerras de conquista contra los pueblos galos. 

La guerra civil y la acuñación de su primera moneda


El creciente poderío de César llevaría, desde el año 49 a.C., a una guerra civil contra su viejo aliado  Pompeyo y sus enemigos en el senado, decididos a destruirlo. Hasta este punto de su carrera, César no había tenido ocasión de acuñar monedas pero, inmerso en la guerra civil, comenzó a utilizarlas como medio de propaganda. En este punto, como en tantos otros, César revelaría un talento superior al de sus contemporáneos.

Denario Julio César elefante
Denario de Julio César - 49 a.C. - acuñado en ceca militar móvil. Anverso: Elefante avanzando a la derecha, pisoteando serpiente. Reverso: CAESAR en exergue / Implementos pontificios: cucharón (simpulum), aspersor (aspergillum), hacha (securis) y gorra de pontífice (ápice). Crawford, Roman Republican Coinage, 443/1.
 

Durante la guerra contra las fuerzas de Pompeyo, César organizó una ceca móvil para poder contar con las monedas necesarias para financiar su esfuerzo militar. Un segundo objetivo de sus acuñaciones era servir como propaganda en la feroz guerra ideológica contra sus adversarios. 

La primera moneda producida por César fue un espectacular denario con su nombre (en el exergo) y un elefante aplastando una víbora en el anverso y los emblemas del pontífice (puesto sacerdotal que César ocupaba) en el reverso. Los especialistas han debatido mucho sobre el significado de estos motivos, y toda interpretación es sólo una hipótesis. 

En mi opinión, la interpretación más probable es la que afirma que el elefante aplastando la víbora es un símbolo del triunfo del bien sobre el mal, es decir, de César sobre sus adversarios. El elefante era, aparentemente, un motivo asociado a la tradición familiar de César (no todos los expertos coinciden, Crawford rechaza esta afirmación de las fuentes antiguas: pág. 735 n. 2). La representación del animal victorioso indicaría la confianza de César en la justicia de su posición y en la seguridad de su triunfo final. El reverso completa el mensaje al demostrarnos la piedad de César frente a los dioses y, en consecuencia, el favor de éstos para su causa.

sábado, 9 de marzo de 2013

Historia de la moneda romana – mi proyecto de libro


Alguien me dijo una vez que no hay que anunciar proyectos, sólo resultados. Un principio que tomé personalmente como regla. Sin embargo, hoy voy a quebrantarlo, creo que por buenas razones. Hace ya unos años que trabajo, de manera lenta pero constante, en el manuscrito de un libro general sobre la historia de la moneda en Roma que sea accesible a un público general sin por ello perder precisión y rigurosidad científica. El objetivo es situar la producción monetaria de Roma en su contexto histórico, prestando especial atención a los procesos económicos y políticos. A través de este blog he obtenido recursos y contactos que me han sido de enorme ayuda y por ello quería anunciarlo formalmente aquí.

Con el paso del tiempo, el proyecto ha ido avanzando y tomando forma. El manuscrito se encuentra redactado ya, aproximadamente, en un 60% y, tras muchos cambios radicales, he llegado a un índice general con el que estoy bastante conforme. Quería compartirlo con vosotros para beneficiarme de vuestras críticas y sugerencias. Desde ya que agradeceré mucho cualquier comentario, consejo, etc.

Capítulo  1 - Introducción

1.1 Objeto y método de la numismática – consideraciones generales.
1.2 Historia de la numismática.
1.3 Vocabulario numismático
1.4 Numismática e historia
1.5 Una historia de la moneda romana – contenidos y métodos

Capítulo 2 – Preludio: La invención y difusión de la moneda en el mundo mediterráneo

2.1 Los orígenes de la moneda
2.2 Los lidios inventores de la moneda
2.3 La difusión de la moneda en el mundo mediterráneo: griegos y cartagineses
2.4 Las primeras acuñaciones itálicas y la monetarización de la península

Capítulo 3 -  El sistema monetario romano arcaico

3.1 Economía y sociedad en la Roma arcaica
3.2 El sistema monetario romano arcaico: Aes Rude y Aes Signatum
3.3 La primera acuñación: La moneda de bronce romano –campana
3.4 Los didracmas de plata
3.5 El aes grave
3.6 La crisis militar de la segunda guerra púnica y el fin del sistema monetario arcaico

Capítulo 4 – El sistema monetario clásico – El denario republicano

4.1 La introducción del denario
4.2 La producción monetaria: autoridades, cecas y organización: Los tresviri monetales
4.3 La expansión romana y las transformaciones económicas y sociales
4.3 La evolución del denario en la primera mitad del siglo II a.C.
4.4 La evolución del denario en la segunda mitad del siglo II a.C. De las acuñaciones cívicas a los tipos aristocráticos.

Capítulo 5 – La república tardía – La moneda como herramienta de propaganda política

5.1 La crisis de la república y el desarrollo de una nueva iconografía monetaria
5.2 Mario y Sila
5.2 Pompeyo
5.3 El ascenso de César
5.4 César dictador
5.5 Las acuñaciones de los triunviros

Capítulo 6 – Augusto y la creación del sistema monetario imperial

6.1 El establecimiento del principado
6.2 Pax romana, crecimiento económico y fiscalización
6.3 La creación de un sistema monetario imperial
6.4 Estándares, denominaciones e iconografía
6.5 Circulación y niveles de monetarización
6.6 La producción monetaria: autoridades, cecas y organización.
6.7 Las acuñaciones provinciales
6.8 Tiberio, Calígula y Claudio: Política e iconografía

Capítulo 7  - El Alto Imperio

7.1 La reforma monetaria de Nerón
7.2 La iconografía neroniana
7.3 La dinastía Flavia y el paulatino deterioro de los estándares monetarios
7.4 Trajano, Adriano y los antoninos: crisis y continuidad del sistema monetario
7.5 tipos e iconografía de la moneda altoimperial
7.6 La producción monetaria: autoridades, cecas y organización.

Capítulo 8 – Los severos

8.1 ¿una monarquía militar?
8.2 Crisis fiscal y creciente deterioro monetario
8.3 La introducción del antoniniano
8.4 Camino a la anarquía

Capítulo 9 - La Crisis del siglo III

9.1 La anarquía militar y la crisis fiscal
9.2 El deterioro de la moneda y la crisis del sistema monetario
9.3 Experimentos monetarios
9.4 La gradual desaparición del denario
9.4 El imperio gálico y el reino palmireno
9.5 La reforma monetaria de Aureliano
9.6 Sol invicto
9.7 Las acuñaciones de Probo
9.8 La producción monetaria: autoridades, cecas y organización.
9.9 Las acuñaciones provinciales durante el siglo III
9.10 El sistema monetario de Egipto

Capítulo 10 – El sistema monetario del Bajo Imperio

10.1 Las reformas administrativas, militares y fiscales de Diocleciano y las características generales del Estado bajoimperial
10.2 La reforma monetaria de la tetrarquía y l nacimiento del sistema monetario del Bajo Imperio
10.3 La reforma iconográfica
10.3 La producción monetaria: autoridades, cecas y organización.
10.4 La reforma monetaria de Constantino
10.5 La “cristianización” de la iconografía monetaria
10.6 Los hijos de Constantino
10.7 La reforma monetaria de Juliano el Apóstata
10.8 De Valentiniano a Teodosio
10.9 El colapso del sistema monetario romano

Capítulo 11 –Epílogo  La caída de Roma y los estados sucesores

11.1 Occidente: la moneda romana después de la caída de Roma
11.2 Oriente: La reforma de Anastasio: y el nacimiento del sistema monetario bizantino

martes, 29 de enero de 2013

La reforma monetaria de Diocleciano -1° parte


Áureo pesado (6,56 gr.) acuñado en la ceca de Roma en el año 286d.C.

Os presentó aquí la primera parte de una serie de cuatro entradas dedicadas a analizar en profundidad la reforma monetaria introducida por Diocleciano a finales del siglo III d.C., que sería, en muchos sentidos, el punto de partida del sistema monetario característico del Bajo Imperio.

Introducción


El ascenso de Diocleciano al trono del Imperio Romano en el año 284 d.C. no se diferenció del de la mayoría de sus fugaces predecesores durante el conflictivo siglo III d.C.: el asesinato en circunstancias confusas de un emperador y la elección, por parte del ejército, de un sucesor entre sus propias filas. Pero el nuevo soberano lograría romper con el ciclo de inestabilidad vigente desde hacía décadas e iniciar un reinado duradero signado por profundas reformas en muchos de los aspectos centrales de la organización del Estado. Algunas de ellas, como el establecimiento de la tetrarquía (un gobierno de múltiples emperadores), serían sólo experimentos que carecerían de continuidad, pero otras, como la reforma fiscal y la creación de una burocracia, sentarían las bases de lo que conocemos como el Bajo Imperio Romano.

Uno de los puntos más complejos de los cambios políticos introducidos por Diocleciano y sus colegas fue su esfuerzo por dotar al mundo romano de un nuevo sistema monetario. El deterioro en la calidad de la moneda, la pérdida de confianza en la misma y la inflación eran tres problemas heredados a los que Diocleciano debía enfrentar si pretendía que sus planes fiscales y administrativos fueran viables. En el año 274 d.C., el emperador Aureliano había ya introducido una reforma monetaria para enfrentar estos desafíos pero su impacto fue limitado y sus nuevos estándares fueron rápidamente relajados. Los cambios llevados adelante por los tetrarcas tendrían, sin embargo, un impacto mucho más profundo, sobre todo porque se irían aplicando por etapas en un período prolongado de tiempo.
Anverso del medallón de los tetrarcas del tesoro de Beaurains

Preludio: las monedas de oro de Diocleciano


En el año 285 d.C., Diocleciano nombró al experimentado militar Maximiano como César, es decir, como su colega y heredero al trono. Al año siguiente, lo promovió a Augusto, estableciendo, de hecho, una diarquía. Durante estos primeros años de reinado, el afianzamiento de su poder y el restablecimiento de las fronteras mantuvieron ocupados a Diocleciano y su colega, por lo que la política monetaria no recibió demasiada atención, continuándose con la acuñación de las denominaciones vigentes.

Diocleciano y Maximiano dieron, sin embargo, un primer paso al mejorar el estándar de las monedas de oro, llevando, en el año 286 d.C., el peso teórico del áureo de 1/70 de la libra romana a 1/60, lo que equivale a unos 5,4 gramos aproximadamente. También se acuñarían, en la ceca de Roma, algunos áureos ceremoniales a 1/50 de libra y numerosos medallones o múltiplos de diversos tamaños, como los hallados en el célebre tesoro de Beaurains. El estándar de las monedas de oro se había deteriorado considerablemente a lo largo del siglo III, con piezas cada vez más pequeñas y con menor pureza. A ello se sumaba un importante grado de variabilidad de peso entre los cospeles de distintos ejemplares, lo que reflejaba la pobre manufactura de las mismas. Los nuevos áureos de Diocleciano, por el contrario, fueron acuñados con mayor control y su peso es mucho más uniforme. Ningún ejemplar conocido se desvía más del 5% respecto del estándar (véase K. Verboven, “The Demise and Fall of the Augustan Monetary System”, 248).

Las nuevas monedas de oro fueron utilizadas, sobre todo, para pagar a soldados y funcionarios. En un contexto inflacionario y con moneda de mala calidad, es seguro que, de acuerdo a la ley de Gresham, estas piezas fueron, sobre todo, atesoradas, por lo que su impacto en el sistema monetario fue menor.
 Reverso del medallón de los tetrarcas del tesoro de Beaurains

El ya mencionado tesoro de Beaurains es un claro ejemplo de este proceso. Lo recuperado incluía veintitrés joyas (collares, pulseras, pendientes, hebillas, anillos, colgantes, algunos de los cuales estaban hechos con monedas), diversas piezas de plata (un candelabro, dos cucharas, un lingote), y 472 monedas, de las cuales veinticinco eran grandes medallones de oro acuñados por los tetrarcas o por Constantino I. Las imágenes de un ejemplo acompañan esta entrada. Los medallones fueron acuñados en las cecas de Tréveris y Roma, y quien los enterró los había recibido seguramente como regalos de los emperadores entre los años 285 y el 310 d. C., por lo que es probable que se tratara de un oficial de alto rango del ejército imperial. El hecho de que monedas y medallones fueran atesoradas durante un largo período de tiempo en conjunto con otros elementos de oro y plata demuestra claramente que todo objeto de esos metales podía servir como un lingote.

domingo, 11 de noviembre de 2012

El siglo III y la transformación del sistema monetario romano


Sestercio de Nerón - Lyon, 66 d.C.

El sistema monetario romano de la Antigüedad tardía es muy diferente del utilizado durante la república tardía y los primeros siglos del Imperio. En esta entrada quiero tratar las causas que explican la transición de uno otro.

A principios del siglo III, el Imperio Romano conservaba, con ligeros cambios, el sistema monetario establecido por Augusto a finales del siglo I a.C. y que era, a su vez, una continuación del existente durante la república tardía.

Se trataba de un sistema dual surgido directamente de las realidades de la conquista del mundo mediterráneo por Roma. Era dual porque en el mismo convivían las denominaciones romanas con otras de carácter local. El Estado romano se reservaba sólo el derecho de acuñar en oro y plata, pero permitía en la mayoría de los casos a las ciudades continuar con la producción de al menos algunos tipos y denominaciones tradicionales en metales bajos. Las acuñaciones locales eran sobre todo muy comunes en el Oriente, donde muchas ciudades contaban con siglos de tradición monetaria.
Áureo de Septimio Severo - Roma, 206 d.C.

Las denominaciones romanas eran producidas sobre todo en la ceca de la ciudad de Roma y en algunas pocas cecas imperiales en provincias cercanas a grandes contingentes de tropas. Los áureos y denarios romanos circulaban por todo el Imperio y eran los medios de pago reconocidos para las grandes transacciones, para el pago de impuestos y para el pago de los salarios públicos, que en su enorme mayoría se destinaban a los soldados y oficiales. Para gastos cotidianos se utilizaban, por su menor valor, las monedas de bronce, tanto las romanas como las de producción local.

Este sistema trimetálico se caracterizaba por la existencia de tasas de cambio fijas entre las piezas de bronce, plata y oro, que eran garantizadas por el Estado.

Los primeros problemas de este sistema comenzaron ya durante el reinado de Nerón, cuando se recurrió a una primera disminución en la pureza de la plata del denario como forma de afrontar los crecientes gastos. La pérdida gradual de la calidad de la moneda continuaría durante todo el principado y se aceleraría durante la dinastía de los severos (193 235 d.C.) a consecuencia del fuerte incremento en el gasto militar. Esta tendencia se agudizaría a lo largo del siglo III, a medida que la creciente presión sobre las fronteras de persas y germanos requería mayores esfuerzos defensivos.
Áureo de Tácito - Siscia, 275-276 d.C.

La caída en la calidad de la moneda estuvo asociada a un enorme incremento en la cantidad nominal de circulante, lo que generó una fuerte presión inflacionaria. La combinación del deterioro de la moneda y la suba de precios terminó destruyendo el sistema monetario creado por Augusto. En el último tercio del siglo III, cesó en todas partes la acuñación de monedas de bronce pues la gran suba de precios la había hecho antieconómica. El caos era tan completo que en muchas partes del Imperio se perdió hasta tal punto confianza en la moneda que se regresó a prácticas pre-monetarias como el trueque. En este contexto, el mismo Estado recurría en forma creciente a la confiscación de bienes en especie para el abastecimiento del ejército, prefiriendo asegurarse los productos necesarios antes que recibir sus propias monedas.

En el último tercio del siglo III, una serie de emperadores militares logró estabilizar la situación del imperio. Con las reformas monetarias de Aureliano y Diocleciano comenzó a emerger un nuevo sistema monetario que terminaría de recibir su forma definitiva durante el reinado de Constantino.

El nuevo sistema monetario era muy diferente del anterior a la crisis del siglo III. Ya no existía un modelo dual, pues las acuñaciones locales habían desaparecido. Las únicas denominaciones vigentes eran las del estado imperial, que eran ahora producidas por una gran red de cecas imperiales distribuidas a todo lo largo del Imperio. El nuevo sistema era bi-metálico, con monedas de vellón bajo y de oro. A diferencia de lo que ocurría durante el Alto Imperio, no existía una tasa de cambio fijo garantizada por el estado, sino que las monedas de oro eran valoradas por su peso, funcionando como pequeños lingotes.
Áureo de Maximiano - Nicomedia, 294 d.C.

Al mismo tiempo, también había cambiado profundamente la iconografía de la moneda. La tradición de retratos naturalistas que el mundo romano había heredado de los modelos helenísticos había sido desplazada por otra de relatos estereotipados y uniformes que reflejaban una imagen idealizada del soberano que ponía el énfasis en su carácter de líder militar. De igual forma, los variados motivos de reverso típicos del principado, que muchas veces reflejaban los intereses personales de cada emperador, habían sido remplazados por una serie de motivos estandarizados que sólo muy raramente se referían a eventos contemporáneos. Esta nueva tradición monetaria romana continuaría por mucho tiempo, aún después de la caída de Roma, especialmente en Oriente.

viernes, 25 de febrero de 2011

César Dictador – El desarrollo de un lenguaje imperial (Curso: Las monedas como fuentes para la historia de Roma 16° parte)

áureo de Julio César
  Crawford 456/1a áureo con símbolos del pontífice en el anverso y del augur en el reverso (funciones sacerdotales desempeñadas por César). Ceca militar con el ejército de César en Oriente – 48 a.C.

Tras su victoria en Farsalia sobre Pompeyo, César adquirió un poder prácticamente absoluto que significaba el fin de la antigua república romana. Si bien la lucha contra los partidarios de su rival se extendería por algunos años por campos de batalla en Oriente, África y España, todas las funciones del Estado y todas las magistraturas pasaron a estar desde ese momento bajo su indisputado control personal. La fuerte tradición antimonárquica romana no le permitía, sin embargo, asumir el título que correspondía a ese poder personal, es decir, el de rey. César adoptó, en consecuencia, un título previsto en la tradición republicana para designar un poder absoluto pero limitado temporalmente para períodos de emergencia, el de dictador, que pronto sería transformado en el de dictador perpetuo. César utilizó ese poder para introducir una serie de ambiciosas reformas que afectaban todas las esferas de la vida, desde la ley hasta el calendario.

denario de Julio César
Crawford 458/1 Denario con busto de Venus en el anverso y Eneas en el reverso (alusión a la mítica descendencia de César de estas figuras) – 47-46 a.C.

César pretendía alterar la tradición política de Roma para incluir en ella su poder personal como base de la organización del Estado. Para ello era necesario desarrollar un nuevo lenguaje político que hiciera aceptable esta novedad. Una de las plataformas en que ese lenguaje se presentó al público fue la moneda. La concentración del poder en manos de César fue aquí claramente visible. Los funcionarios encargados de la acuñación dejaron de colocar motivos propios. Sólo César podía ser honrado en las monedas. César reformó, de hecho, el colegio de los monetales elevando su número a cuatro por razones que no están del todo claras, pero que, en mi opinión, tienen que ver con las necesidades burocráticas de los grandes volúmenes de monedas que comenzaron a emitirse en esos años.

áureo con victoria de Julio César
Crawford 475 áureo con victoria – Roma 45 a.C.

Los enormes botines obtenidos en las campañas de las guerras civiles le permitieron a Cesar acuñar monedas en cantidades hasta entonces desconocidas. Una novedad particularmente importante fue el uso sistemático del áureo, un política que prefigura a la de Augusto.

Julio César Denario - Anverso con busto de César y reverso con venus
Crawford 480/3 – Denario - Anverso con busto de César y reverso con venus – Roma 44 a.C.
De la enorme cantidad de acuñaciones cesarianas puedo ilustrar esta entrada con sólo un par de ejemplos que considero especialmente representativos del creciente protagonismo de las alusiones a César en las mismas, culminando con el denario del año 44 a.C. que presenta su busto en el anverso. El lugar que tradicionalmente había sido ocupado por los dioses y héroes del pasado era reclamado ahora para sí por un contemporáneo. Se trataba de una evidente imitación de la práctica común entre los monarcas helenísticos. César marcaba así el camino que sería seguido por Augusto y consagraba a la moneda como medio de exaltación de la figura imperial.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Los dáricos, las monedas del Imperio Persa

dárico persa -anverso

Los lidios fueron los inventores de la moneda y de ellos la adoptaron los griegos, quienes difundirían su uso por todo el mundo mediterráneo. Pero el uso de este invento también se difundió de Lidia hacia el oriente, cuando este reino fue conquistado por los persas en el 546 a.C. Por algunas décadas, los persas siguieron acuñando los estáteros de oro lidios sin modificaciones e introduciendo su uso por todo su vasto imperio. Durante el reinado de Darío I (526-486 a.C.), sin embargo, comenzaron a producir sus propias monedas de oro, los dáricos, que seguirían circulando por dos siglos hasta que el imperio persa fuera destruido por las tropas de Alejandro Magno. La etimología del nombre no es clara, es probable que, como creían los griegos, fuera una alusión al nombre de su creador, pero también es posible que derivara de la palabra persa dari- que significa dorado. En el anverso, presentan la figura de un arquero que es, con seguridad, la imagen del rey, y en el reverso, una marca de cuño. El peso promedio es de unos 8,4 g. y el diámetro llega a los 14 milímetros, si bien estas piezas se caracterizan por su forma altamente irregular.

Relieve del emperador persa Darío
Los dáricos alcanzaron rápidamente una gran reputación por su excelente calidad, manteniendo siempre una pureza cercana al 97%. No se trataba, sin embargo, de una moneda diseñada para el uso local, para el que era demasiado valiosa, ni para almacenar riquezas y transferir los recursos obtenidos mediante el pago de tributos, pues para ello los persas preferían, como reporta Heródoto, el uso de barras fundidas. El motivo principal detrás de las acuñaciones persas parece haber sido, por el contrario, la difusión de la imagen del soberano, es decir, un motivo político antes que económico.

Para los griegos, el “oro persa” era proverbial por su calidad y abundancia, y el gran rey sabía utilizarlo como una poderosa arma diplomática. Sus “arqueros de oro” fueron mucho más efectivos que los de carne y hueso a la hora de convencer a algunos políticos griegos. A pesar de su amplia difusión, los dáricos son hoy monedas relativamente raras y codiciadas por los coleccionistas. Ello se explicaría porque, tras la conquista de Alejandro, habrían sido fundidas en su gran mayoría para ser reacuñadas con el rostro del nuevo soberano.

sábado, 13 de noviembre de 2010

El ascenso de Pompeyo (Curso: “Las monedas como fuentes para la historia de Roma” 14° parte)


La carrera de Cneo Pompeyo Magno (106 – 48 a.C.) ilustra claramente las turbulencias políticas de las últimas décadas de la república romana. Su padre, Cneo Pompeyo Estrabón, era un rico terrateniente de la región de Piceno que logró ingresar al senado romano y alcanzar el consulado en el año 88 a.C. tras distinguirse militarmente en la guerra social. La carrera de Estrabon culminaría con su prematura muerte en el 87 a.C. en el sitio de Roma durante las guerras civiles entre Mario y Sila, siendo Pompeyo partidario de este último. Su hijo heredaría la lealtad de sus tropas y tomaría a su cargo la dirección de las operaciones militares a pesar de ser un simple particular. Sus fuerzas lucharían destacadamente en los años siguientes a favor de Sila, y Pompeyo obtendría finalmente del dictador un triunfo, algo inédito al no tratarse de un comandante designado oficialmente.

El ascenso imparable del joven general continuaría durante toda la década del 70 a.C. en virtud de sus brillantes campañas contra Sertorio -el partidario de Mario que había establecido un gobierno autónomo en Hispania- y. contra la revuelta servil de Espartaco. Pompeyo regresaría a Roma en el 71 a.C. cubierto de gloria para celebrar su segundo triunfo y ser elegido por amplia mayoría como cónsul, a pesar de que su juventud –tenía entonces sólo 35 años- lo inhabilitaba para el cargo. 

El ascenso de Pompeyo ilustra las crecientes tensiones dentro del sistema político definido por Sila. El joven general luchó contra los rivales del orden político diseñado por aquél, pero adquirió un poder y una ambición excepcional que amenazaban claramente con destruir el mismo sistema constitucional que defendía. La primera moneda acuñada por Pompeyo es un claro símbolo de esa aspiración de poder. Es un áureo del año 71 a.C., con el busto de África y los atributos del augur en el anverso y la representación del mismo Pompeyo en el carro triunfal en el reverso. El joven general se volvía así la tercera persona en ser representada en vida en una moneda después de Mario y Sila. Era una clara señal de que aspiraría a un poder semejante al de sus predecesores. 

sábado, 30 de octubre de 2010

Las acuñaciones romanas tras la dictadura de Sila (Curso: “Las monedas como fuentes para la historia de Roma” 13° parte)

Denario de P. Satrieno - Crawford 388

Tras la muerte de Sila en el 78 a.C., la república romana funcionaría por un par de décadas dentro del marco de la constitución oligárquica definida durante su dictadura. Los vencedores de la guerra civil contra los partidarios de Mario lograrían defender sus conquistas durante ese período, pero las tensiones crecerían en forma constante haciendo claro el carácter inevitable de nuevos conflictos violentos. Sila había actuado bajo la premisa de que la desaparición de los líderes y miembros destacados de la facción vencida, unida a la concentración del poder en algunas pocas familias tradicionales de la nobilitas bastaría para asegurar la pervivencia del sistema por él diseñado, pero se trataba de un evidente engaño. Roma vivió, sin embargo, por un tiempo en esta ficción, mientras las presiones que llevarían a un nuevo estallido se acumulaban. El paulatino ascenso de Pompeyo como nuevo gran comandante durante de la década del 70 a.C. señaló las dificultades para integrar el creciente poderío de los líderes militares en la reformada constitución oligárquica e inició el camino que culminaría en una nueva serie de guerras civiles.

Denario de Manius Aquilius - Crawford 401

Las monedas de estas dos décadas nos presentan un claro reflejo de esa situación política. Durante la dictadura de Sila y en el par de décadas de funcionamiento del sistema político por él diseñado, los tipos aristocráticos iniciarían su último período de esplendor, para comenzar posteriormente, a desaparecer de forma paulatina a medida que el conflicto entre César y Pompeyo, y luego la dictadura del primero significaran un control político más centralizado de las acuñaciones. También hacen su reaparición, en este contexto, algunos ejemplares que recuperan los motivos públicos del siglo II a.C., especialmente el busto de Roma. Un ejemplo especialmente interesante es el denario de P. Satrieno, (Crawford 388), que presenta en su anverso a Roma y en el reverso a la loba capitolina

Denario de M. Volteyo - Crawford 385/1

La mayoría de los funcionarios responsables elegirán, sin embargo, representar en las monedas motivos que hacen referencia a su linaje. Un ejemplo elocuente es el denario de Manius Aquillius (Crawford 401), con el busto de virtus en el anverso y la imagen de su abuelo, el cónsul del año 101 a.C. en el reverso, exaltando su papel como responsable de haber acabado con la revuelta de esclavos de Sicilia. Los monetales que procedían de familias nuevas y poco distinguidas optaban, lógicamente, por ilustrar promesas de futuras larguezas o celebraciones en caso de ser electos (véase por ejemplo la serie de denarios acuñada por M. Volteyo que alude a los distintos festivales públicos y el comentario de Crawford 385). Más allá de la interpretación política que pueda hacerse de las monedas de este período, es importante mencionar que las acuñaciones de estos años se destacarán por un gran nivel 

domingo, 10 de octubre de 2010

Las monedas de Cornelio Sila (Curso: "Las monedas como fuentes para la historia de Roma" 12° parte)

El ascenso de Sila y el camino hacia las guerras civiles
Las reformas militares introducidas por Mario tuvieron importantes consecuencias políticas. Profundizaron una tendencia ya reconocible en el período anterior hacia un mayor protagonismo político de los miembros de la aristocracia que se destacaban en la dirección de campañas militares. El desplazamiento de la lealtad de las tropas, del Estado hacia su comandante, facilitó la concentración del poder político en las manos de los grandes generales e impidió que los límites constitucionales funcionaran en la forma prevista.

Mario inició el camino, pero pronto encontraría imitadores. Su mejor discípulo sería su más encarnizado enemigo, Lucio Cornelio Sila (138-78 a.C.). Sila pertenecía a una familia de la aristocrática gens Cornelia, pero era la menos distinguida de las siete que la componían y hacía ya algunas generaciones que la misma se mantenía distanciada de los máximos honores. El padre de Sila murió cuando éste era todavía joven y le dejó una magra herencia que no le permitía llevar una vida acorde a su estatus. Con sus modestas rentas, Sila no pudo iniciar la carrera política que pretendía, dedicándose a una vida artística con amistades en el ambiente del teatro. Una serie de herencias afortunadas lo sacarían de esa situación y le permitirían ser electo cuestor recién en el 107 a.C.
Sila actuaría como subordinado de Mario en la larga guerra contra el rey númida Yugurta. A pesar de su falta de experiencia militar, Sila mostraría rápidamente sus dotes de mando y su valor, lo que generaría rápidamente tensiones con su comandante. Las diferencias se acentuarían tras la campaña de Mario contra los invasores germánicos cimbrios y teutones en el 103 a.C., al reclamar Sila una parte mayor de los méritos por la victoria de los que su comandante estaba dispuesto a reconocerle.
Áureo de Sila - Crawford 359

La carrera política de Sila avanzaría paulatinamente en los próximos años, signada por algunos éxitos militares y por el creciente conflicto con Mario y sus partidarios. En el 94 a.C. alcanzaría la pretura, pero tras una serie de brillantes victorias en la guerra social sería elegido cónsul en el 88 a.C. Sería en ese año que el conflicto entre optimates y populares escalaría a la lucha abierta, aspirando Mario a quitar a Sila el importante comando militar para marchar a Asia a combatir al rey del Ponto Mitrídates. Mario contó para ello con el apoyo del tribuno Sulpicio Rufo. Este es un período histórico complejo, que vio a Sila en la cima de su poder militar pero fuera de Roma, mientras que la ciudad estaba gobernada por un débil y envejecido Mario y por su aliado Cinna, ambos destinados a morir ocupando el consulado.

La guerra civil entre optimates y populares

La reacción de Sila  a la amenaza política planteada por sus rivales tendría consecuencias que afectarían toda la historia de Roma. En una acción sin precedentes dirigió a las legiones reunidas para luchar en Asia contra la urbe para adueñarse del control del Estado y para acabar con sus enemigos políticos por la fuerza. El ejército de la república se había transformado en una fuerza privada, en una herramienta dócil de su comandante, y esto no dudó en usarla para conseguir sus objetivos. Sila llevaba así a sus últimas consecuencias el cambio iniciado por las reformas militares de Mario.
Sila tomó la ciudad e inició la cacería violenta de sus rivales de los que publicó una lista una lista de “enemigos del Estado”, poniendo precio a sus cabezas. Se trató de un verdadero golpe de Estado que señaló la fragilidad de la constitución romana. Los mecanismos legales se habían vuelto claramente incapaces de contener el conflicto político entre las facciones enfrentadas.
Denario de Sila - Crawford 359

Sila partiría finalmente en el 87 a.C. a Asia para enfrentar a Mitridates, pero su ausencia sería aprovechada por los populares para una insurrección que les permitiría recuperar el control del Estado. Ello significaría el retorno de la lucha facciosa violenta en la ciudad. Al triunfo de los populares seguiría una sangrienta venganza contra los partidarios de Sila. Mario regresó en el 87 a.C. con su seguidor Cinna y fue elegido cónsul para el año 86 a.C., pero murió dos semanas después de ganar su séptimo consulado, dejando a Cinna en el control de Roma. Cinna gobernó Roma como cónsul hasta su muerte en el 84 a.C. Carbo le sucedió y en el 82 a.C. se se le unió en el consulado el hijo de Mario.
Sila pasaría esos años combatiendo en Grecia, logrando algunas victorias importantes, pero no decisivas. Su situación sería siempre difícil al carecer de recursos económicos por estar Roma bajo el control de sus rivales. Sila regresaría a Italia en el 83 a.C. para enfrentar a sus enemigos en una cruenta guerra civil. Su pequeño pero experimentado ejército logró la victoria, a la que seguiría una incansable persecución de sus rivales políticos. Sila sería entonces proclamado dictador y utilizaría sus plenos poderes para reformar la constitución reforzando sus contenidos oligárquicos.

Áureo de Sila - Crawford 367

Las monedas de Sila

Sila no sólo seguiría el camino iniciado por Mario al introducir al ejército como herramienta de combate en las luchas por el poder político en la república, sino que también imitaría su uso de las monedas como medio para exaltar su figura. También en este ámbito superaría a su maestro. Mientras se encontraba combatiendo en el este contra las fuerzas de Mitrídates, Sila hizo acuñar sus propias monedas con el botín de sus victorias para contar con los recursos para pagar a sus tropas. Se trataba, en todo sentido, de emisiones ilegales, pues no habían sido acuñadas por las autoridades correspondientes de la república. Representaban, de hecho, una usurpación del poder público por parte del general.
A fines del 84 o principios del 83 a.C., Sila hizo acuñar en una ceca móvil que se trasladaba con su ejército sus primeros áureos y denarios (Crawford 359). Las imágenes acompañan esta entrada. Los motivos son idénticos, en el anverso puede observarse el busto de Venus con Cupido parado delante sosteniendo una palma. Estas figuras son acompañadas del nombre del general. Sila consideraba a Venus su protectora personal y a su favor le adjudicaba sus victorias. El reverso es claramente una alusión a las mismas, representa a dos trofeos militares y entre ellos una jarra y el lituus, los símbolos de los augures. Se trata de una combinación de motivos que Sila utilizaba como imagen personal decorando incluso, según parece, su anillo.
Con sus enemigos y rivales totalmente vencidos, el retorno de Sila al poder marcó el comienzo de la primera dictadura imperial. Sila emitió sólo un tipo como dictador, tanto en plata y oro. Se trata de una serie de monedas exaltando todavía más la posición del comandante (Crawford 367). Denarios y áureos comparten una vez más los mismos motivos. En el anverso, vemos el busto de Roma con un yelmo alado acompañado de una leyenda que señala al procuestor L. Manlio. El reverso nos presenta a un general celebrando un triunfo en una cuadriga coronado por una victoria que vuela sobre su cabeza. La leyenda aclara quién es ese triunfador, Sila. Se trata de una copia de un célebre denario acuñado por Mario en el 101 a.C. (Crawford 326).


viernes, 27 de agosto de 2010

Cayo Mario en las monedas romanas (Curso: "Las monedas como fuentes para la historia de Roma" 11° parte)


Mario – Líder  militar y popular


Cayo Mario nació en la pequeña ciudad de Arpino, cerca de Roma alrededor del año 157 a.C. Miembro de una familia de la elite local, nada permitía presagiar que lograría encumbrarse como uno de los líderes políticos y militares más importantes en la historia del Estado romano. Su virtuoso desempeño como oficial militar y el apoyo de la familia de los Caecilii Metelli le abrieron las puertas a las magistraturas menores, llegando incluso a ocupar la pretura. Sin embargo, sólo en casos excepcionales podía un “hombre nuevo” (es decir, sin antepasados que hubieran ocupado puestos en el senado) ascender más allá y alcanzar el consulado. El papel de Mario en la guerra contra Yugurta le permitió conquistar el favor del electorado y alcanzar la máxima magistratura de la república.


Cónsul y salvador de Roma

Como cónsul. Mario introdujo una serie de importantes reformas militares, principalmente en el reclutamiento, que alterarían el papel político del ejército y contribuirían a la aparición de generales de enorme poder. La clave de la reforma fue la eliminación del requisito de propiedad para el alistamiento. Desde el inicio de la expansión militar, las legiones habían estado integradas por pequeños propietarios campesinos, pero la creciente concentración de la propiedad fundiaria durante el siglo II a.C. había debilitado numéricamente a este estrato social, generando problemas para cubrir los contingentes necesarios para la vasta política imperialista romana. Al eliminar el requisito censitario, Mario sólo buscaba solucionar un problema militar, reunir las tropas necesarias para las campañas planificadas, pero su cambio tuvo enorme consecuencias políticas. El ejército pasó a estar compuesto ahora en buena medida por proletarios, personas sin ninguna propiedad, cuyo futuro dependía de las distribuciones de botín realizadas por su comandante. De esta forma, se generaron lazos de dependencia directa que permitieron un desplazamiento de la lealtad de la tropa, del Estado a su general. Mario sería el primer beneficiado de esta nueva situación. La lealtad de sus soldados y los espectaculares éxitos militares en las guerras contra Yugurta y contra cimbros y teutones le permitiría ser electo cónsul 6 veces en 8 años (107, 104, 103, 102, 101 y 100 a.C.), algo nunca visto en los anales de la república romana.


La exaltación de su figura en las monedas

Cayo Mario acumuló un poder político que rompía con las tradiciones de la república romana. Uno de los objetivos centrales de la misma era precisamente evitar una concentración semejante del poder público. Esta nueva realidad política no podía dejar de reflejarse en la moneda. En efecto, durante la hegemonía de Mario sus seguidores utilizaran las acuñaciones para exaltar su imagen de una forma nueva, que rompía con antiguos tabúes. Las monedas cuyas imágenes acompañan esta entrada son un claro ejemplo. La primera (Denario - Crawford 326 – acuñado en Roma en el 101 a.C.) es un ejemplo especialmente elocuente. Al clásico anverso con la cabeza de Roma se le contrapone un reverso representando la cuadriga de un triunfador. Es una inconfundible alusión al triunfo celebrado por las victorias de Mario sobre cimbrios y teutones. Se trata, por lo tanto, de la primera representación en vida de un romano en una moneda. Nos encontramos aquí frente el primer paso en el camino que culminará en las monedas de César como dictador. La segunda moneda es un quinario del año 99 a.C. con un mensaje semejante: Júpiter en el anverso y la diosa de la victoria coronando un trofeo militar en el reverso.

viernes, 20 de agosto de 2010

¡Un denario con una Mosca!


Como señalaba en una entrada de la serie sobre la historia de la moneda en Roma, los funcionarios responsables de las acuñaciones (los tresviri monetales) comenzaron, durante el siglo II a.C., gradualmente a identificarse mediante iniciales, monogramas o símbolos como los responsables de una acuñación. Entre los símbolos encontramos toda variedad de animales y objetos, pero el denario (Crawford 159/2) cuya imagen acompaña esta entrada es, sin duda, uno de los ejemplos más llamativos, con una mosca claramente visible en el reverso. Mosca en latín se decía musca, que era un apellido (cognomen) común entre los miembros de la gens Sempronia. Es probable que un miembro de esa familia haya sido el funcionario responsable que quiso pasar a la posteridad bajo la forma de este simpático insecto.

miércoles, 21 de julio de 2010

La transición de los tipos públicos a los tipos aristocráticos (Curso: "Las monedas como fuentes para la historia de Roma" 10° parte)



Denario Crawford 269

Como señalábamos en la última entrada listada en la entrega anterior del curso, a partir, aproximadamente, de la década del 140 al 130 a.C., se produce una ruptura clara con la tradición en la tipología de los denarios romanos. Los motivos cívicos y colectivos comienzan a ser desplazados por motivos aristocráticos netamente privados, es decir, referidos a la historia de un linaje específico y a los logros de los antepasados destacados del mismo y no a referentes colectivos o públicos. Las causas del cambio son muy debatidas entre los especialistas, pero es indudable que el mismo está asociado a una intensificación en la competencia inter-aristocrática por acceder a las magistraturas. Ello se vuelve especialmente intenso a partir del año 139 a.C. con la sanción de la lex Gabinia tabellaria que instituía el voto secreto en las elecciones de magistrados públicos. A ella le seguirían otra serie de “leges tabellarias” que impondrían el voto secreto para todas las instancias públicas importantes desde la selección de jurados a las asambleas para aprobar o rechazar nueva legislación.

Denario Crawford 281

El establecimiento del voto secreto fue una conquista de los sectores “populares” de la elite, duramente resistida por la mayoría del senado y por la nobilitas, es decir, por el pequeño pero enormemente influyente círculo de las familias aristocráticas más distinguidas y poderosas. Hasta ese momento, el voto había sido cantado, lo que permitía a la aristocracia ejercer un importante nivel de presión sobre sus dependientes y relaciones en el proceso electoral. El voto secreto diluía ese poder, haciendo necesario recurrir a todos los medios propagandísticos disponibles para cortejar el favor de los votantes. No debe sorprender que en este contexto los funcionarios encargados de la acuñación de monedas, los tresviri monetales, comenzaran a aprovechar la oportunidad que esa magistratura les otorgaba de recordar los méritos propios y de su linaje a sus conciudadanos. En una época sin medios de comunicación y sin imprenta, la moneda era una de las pocas formas de transmitir un mensaje a vastos sectores de la ciudadanía. Un ejemplo claro es el denario Crawford 269 del año 125 a.C. que exalta a la familia de los Caecilii Metelli.

Denario Crawford 291

El cargo de monetalis adquiere, en este contexto, una relevancia estratégica en el plano político que modifica radicalmente su estatus. Considerado tradicionalmente como un puesto irrelevante, pasa ahora a ser monopolizado por los miembros de la nobilitas. Entre los años 124 y 115 a.C. se produce una reacción contra el dominio de la propaganda aristocrática en las monedas, visible en un regreso de los símbolos públicos. Un ejemplo particularmente claro es el denario Crawford 287 del año 115 a.C., que presenta en su anverso y reverso dos representaciones de la diosa Roma. La ausencia del nombre del monetalis responsable acentúa el carácter público de la acuñación. Se trata, sin embargo, de una reacción pasajera, y a partir de ese mismo año se produce un retorno claro a los tipos aristocráticos como puede verse en el denario Crawford 291 en que un miembro de la familia de los emilios lépidos hace representar la estatua ecuestre dedicada a uno de sus antepasados.