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sábado, 10 de noviembre de 2018

Los medallones de Pisanello – obras maestras del arte numismático del Renacimiento


medallón de Pisanello para Leonelo de Este

El pintor y escultor Pisanello (Antonio Pisano, 1395-1445) es hoy famoso, sobre todo, por sus notables dibujos. Sin embargo, en su época, fue celebrado por ser el primer artista en crear medallones con retratos de importantes personalidades contemporáneas, recuperando de esta forma una antigua tradición romana. El ejemplo de Pisanello sería ampliamente imitado y puede decirse sin exagerar que la tradición del medallón conmemorativo moderno comienza con su obra.

Los medallones de Pisanello son prácticamente esculturas en miniatura que presentan un retrato de un personaje en el anverso y en el reverso elaboradas escenas alusivas para indicar sus logros.

El primer medallón de Pisanello


Medallón de Pisanello para el emperador bizantino Juan Paleólogo


El primer medallón de Pisanello fue creado para conmemorar la visita del (penúltimo) emperador bizantino Juan VIII Paleólogo a la ciudad de Ferrara en 1438 para asistir al concilio ecuménico convocado por el Papa Eugenio IV con el objetivo de superar el cisma religioso entre Oriente y Occidente y volver a unir a las iglesias católica y ortodoxa.

En el anverso vemos un retrato de perfil del emperador con bigote y barba puntiaguda, su pelo en rizos largos emerge debajo de un elevado sombrero con el ala levantada, lleva también una chaqueta ligera y una camisa. El sombrero sale del campo e interrumpe la leyenda escrita en griego: IWANNHC BACIΛEVC KAI AVTO KRATWP PWMAIWN O ΠAΛAIOΛOΓOC (Juan rey y emperador de los romanos, Paleólogo).  

En el reverso, por su arte, vemos a emperador a caballo vestido con atuendo de caza y portando un arco y aljaba, que se ha detenido a rezar en una cruz al borde del camino. Detrás puede verse a un asistente, también a caballo, y un paisaje rocoso. La leyenda bilingüe en latín y griego indica que se trata de una obra de Pisanello: OPVS PISANI PICTORIS - ΕΡΓΟΝ ΤΟV ΠICANOV ZWΓPAΦON.

medallón de Pisanello para Leonelo de Este


Se conservan algunos dibujos de Pisanello con temas relacionados a estas escenas, que serían bosquejos y estudios previos del medallón.

Otros ejemplos del arte numismático de Pisanello


medallón de Pisanello para Leonelo de Este


El Marqués de Ferrara Leonelo de Este fue uno de los principales patrones de Pisanelo, a quien -entre muchas otras obras-, encargó varios medallones.

En uno de ellos, de 1444, vemos en el reverso a un león, que es claramente una alusión al nombre de Leonelo, y a Cupido con partituras frente a un pilar. El pequeño dios está enseñando a la bestia a cantar.

medallón de Pisanello para Leonelo de Este
En otro de ellos vemos a un lince sentado sobre una almohada con los ojos vendados. En un tercero, finalmente, vemos una cabeza con tres caras de niño y piezas de armadura a ambos lados, colgadas de ramas de olivo.


domingo, 22 de octubre de 2017

Un hombre con una moneda romana – el retrato de un coleccionista del Renacimiento

Hans Memling Hombre con moneda romana
Hans Memling - "Hombre con moneda romana" - 1473

El exquisito retrato que puede verse sobre estas líneas fue pintado por uno de los mayores artistas flamencos del siglo XV, Hans Memling. Es uno de los testimonios más elocuentes de la nueva pasión por el coleccionismo de monedas antiguas que se desarrolló en Europa durante el Renacimiento.

La pintura


El pintor Hans Memling solía trabajar para una clientela variada, que iba desde instituciones religiosas hasta ricos burgueses. A fines del siglo XV, Brujas, la ciudad donde trabajaba el pintor nacido en Alemania, era un centro del comercio internacional. Los mercaderes que solían vivir y trabajar allí estaban ansiosos por ser inmortalizados gracias al pincel de un artista de talento. Era habitual que escogieran representarse con objetos que evidenciaran su estatus y sus gustos refinados. Lo nuevo en este caso es que el objeto elegido para ello sea una moneda romana.

En este retrato, la mirada del modelo está dirigida al espectador. Su expresión es casi soñadora, propia de una persona absorta en sí misma y aislada del mundo exterior. Totalmente en línea con la moda italiana de finales del siglo XV, el retratado está vestido con una túnica negra atada al cuello con un cordón. La moneda antigua en su mano izquierda lleva el busto del emperador romano Nerón. En la parte inferior, notamos dos hojas de laurel. Siguiendo los ejemplos de sus contemporáneos italianos, Memling llenó el fondo con un paisaje bucólico, en el que vemos algunos cisnes, un jinete y una palmera exótica.

Sestercio Nerón Hans Memling
Fragmento de la pintura que incluye la moneda representada

El retratado y su moneda


Durante mucho tiempo, la identidad del hombre retratado fue un enigma, pero el misterio hoy se considera resuelto. Algunos de los detalles en la pintura apuntan inequívocamente a Bernardo Bembo, un humanista y político veneciano que pasó un tiempo en Brujas entre los años 1472 y 1473 en una misión diplomática. 

Bernardo era un ferviente coleccionista de monedas y su emblema incluía hojas de laurel y una palmera. La presencia de esas plantas en el fondo del retrato sería una alusión a ello. Hoy es recordado, sobre todo, por ser el padre de Pietro Bembo, uno de los mayores humanistas y poetas italianos de la primera parte del siglo XVI.


Memling se esforzó por lograr una representación exacta de la moneda romana, lo que nos permite reconocerla como un sestercio del emperador Nerón. Es evidente el sentimiento de orgullo que en el retratado despierta su posesión. Como otros humanistas de la época, Bernardo sentía una verdadera pasión por las monedas antiguas. 

Su hijo Pietro Bembo afirma en una de sus cartas poseer un sestercio de Nerón ¿Será este mismo con el que se hizo retratar su padre?

martes, 21 de enero de 2014

Giovanni da Cavino y los paduanos 3° parte -Valor actual de los paduanos

Paduano de Giovanni Cavino. Anverso: Busto de Faustina la menor. Reverso: emperatriz realizando sacrificios frente al templo de Vesta, Subastado en 2011 por aprox. 67.000 USD.

Tras haber dedicado una primera entrada a la vida y obra de Giovanni da Cavino y una segunda a los métodos de producción utilizados en su taller, quería terminar esta serie de entradas sobre los paduanos comentando brevemente sobre el valor actual de estas fantásticas piezas.

Lo primero que hay que señalar, es que los sestercios producidos en el taller de Cavino, lejos de ser considerados como simples imitaciones, son piezas raras y valiosas por mérito propio que atraen tanto a los coleccionistas interesados en las medallas del Renacimiento italiano como a aquellos que se especializan en monedas romanas.


El valor de los sestercios paduanos


Paduano de Giovanni Cavino. Sestercio con busto de Vespasiano y Coliseo en el reverso. Subastado en 2011 por 925 USD.

El interés de los coleccionistas por las piezas de Cavino ha ido creciendo gradualmente con el paso del tiempo y, por lo tanto, también su valor. 

Los ejemplares acuñados por el propio Cavino son muy raros y codiciados y se los ve con menor frecuencia en subastas, siendo la gran mayoría ejemplares fundidos. El valor de estos últimos varía muy fuertemente, siendo más alto el de los ejemplares que pueden conectarse con Cavino y mucho menor el de los productos tardíos de su taller o el de las copias hechas por otros. El valor también depende, por supuesto, del interés de los motivos representados y del estado general de la pieza. En los últimos años he visto  sestercios paduanos subastados por sumas que oscilan entre poco menos de 100 y los 3.000 dólares o más. 

Excepcional es el caso de un medallón acuñado en oro que reproduce el anverso de un sestercio de Faustina y el reverso de algunos de sus asses y dupondios (su imagen encabeza esta entrada). Fue subastado en 2011 por casi 70.000 dólares! Esta misma pieza fue producida en bronce, y este ejemplar en oro debe haber sido elaborado para un cliente muy especial. El desgaste que presenta es llamativo y hace pensar que alguien puede haber deseado hacerlo pasar por un medallón antiguo.

Medalla de Giovanni Cavino en plomo. Anverso con retratos de Cavino y Bassano y reverso con retrato de Benavides. Subastado en 2013 por aprox. 1200 USD.

El valor de las medallas de Cavino


Con las medallas sucede lo mismo que con los sestercios paduanos, los ejemplares acuñados son por lo general mucho más raros y valiosos. Sus valores también oscilan considerablemente desde unos pocos cientos de dólares hasta, en casos específicos, cerca de los 5.000 o, incluso, los 10.000 dólares. Ello se explica, porque su rareza es generalmente mucho mayor. A diferencia de las imitaciones de sestercios antiguos, que se produjeron en números importantes para venderlas a un público general, las medallas se acuñaban en emisiones reducidas para el uso de las personas que hicieron el encargo.


miércoles, 15 de enero de 2014

Givanni da Cavino y los paduanos – 2° parte

Matriz para la producción de Paduanos con retratos de los doce Césares por fundición - Reproducción ampliada de anverso y reverso debajo

La semana pasada publiqué una introducción general a la vida y obra de Giovanni da Cavino, el creador de las piezas que hoy se conocen genéricamente con el nombre de “paduanos”, geniales imitaciones de monedas antiguas a mitad de camino entre la falsificación y la creación artística original. En esta segunda parte de la serie quiero detenerme en los métodos de producción utilizados en su taller y en las diferencias que permiten distinguir fácilmente a los paduanos de sestercios originales.


¿Falsificaciones o imitaciones?


El carácter heterogéneo de la producción del taller Cavino pone claramente de manifiesto que su objetivo no era engañar a sus clientes. Todo ello no significa, sin embargo, que terceros hayan intentado luego hacer pasar piezas de Cavino por monedas antiguas auténticas, desgastándolas y repatinándolas artificialmente para darles el aspecto de piezas acuñadas durante el Imperio romano. De hecho, hasta el siglo XIX, no era extremadamente raro encontrar sestercios paduanos confundidos con originales en importantes colecciones europeas.


Sus métodos de producción


El centro del arte de Cavino radica en su maestría en el grabado de los cuños. Por fortuna, se conservan actualmente en la Biblioteca Nacional de París 122 de los que él produjo (grabados en acero) que permiten apreciar el nivel de su trabajo. Los mismos llegaron a Francia en el siglo XVIII. Habían permanecido hasta esa época en poder de una familia de Padua. Los cospeles eran producidos con gran cuidado y eran, por lo tanto, mucho más regulares que los de los sestercios romanos.

En el taller de Cavino también se producían ejemplares fundidos. Es muy interesante la conservación de la matriz de una pequeña colección de sestercios con retratos de los doce césares de Suetonio destinada a la fabricación de moldes para la producción de ejemplares fundidos. En la matriz, como puede verse en las fotografías que acompañan este texto, los sestercios aparecen unidos por pequeños canales de vertedera, listos para servir de arquetipo en la fabricación de un molde en el que luego se vertería el metal fundido. Es, en mi opinión, muy probable que los doce sestercios se vendieran luego en conjunto como una pequeña colección representando a los emperadores biografiados por Suetonio, como una variante económica en comparación con los ejemplares acuñados.

Los sestercios de Cavino fueron muy exitosos con el público y rápidamente fueron imitados por otros talleres de la ciudad. Los productos de estos otros talleres también son conocidos como paduanos. El propio taller de Cavino siguió produciendo, por otra parte, copias por bastante tiempo después de su muerte. Por lo tanto, que a una pieza se la designe como paduana no significa automáticamente que proceda del mismo Cavino. En algunos casos, la atribución es dudosa. Los únicos ejemplares que pueden adjudicársele más allá de toda duda son aquellos producidos con los cuños que se conservan en la biblioteca de París, junto con unos pocos que le son adjudicados expresamente en otras fuentes o que llevan su nombre. Estas piezas son mucho más raras y valiosas, siendo lo más común los ejemplares fundidos a partir de sus matrices o utilizando sus acuñaciones o copias de las mismas como modelos.


Cuño original de Cavino con retrato de Marco Aurelio

Diferencias entre los paduanos y sestercios originales


Dado el nivel de conocimiento existente hoy en día, es difícil que una pieza de Cavino pueda pasar por un original. A pesar de que Cavino logró imitar el estilo antiguo con una habilidad genial, sus producciones presentan una serie de diferencias importantes con las monedas romanas. En primer lugar, los sestercios de Cavino son producidos en cospeles mucho más delgados que los antiguos, por lo que su peso es también sensiblemente inferior, lo que facilita su detección. Por otra parte, los cospeles de los paduanos son mucho más regulares en su forma circular que los originales romanos y la calidad de su grabado es mucho mejor, con un gran cuidado del detalle. Las letras de las leyendas son también mucho más regulares, porque en lugar de grabar cada una a mano, como hacían los romanos, Cavino utilizaba pequeños cuños para agregarlas. Por supuesto, los ejemplares fundidos son mucho más fáciles de detectar, presentando en su superficie las porosidades y pequeñas burbujas producidas al verter el metal líquido en los moldes.

En líneas generales, las diferencias reflejan el hecho de que los paduanos eran cuidados objetos artesanales producidos en pequeña escala, mientras que las monedas romanas se fabricaban con gran velocidad y en una escala casi industrial. 

lunes, 6 de enero de 2014

Giovanni da Cavino y los paduanos – Los geniales sestercios del Renacimiento

Sestercio de Nerón - Imitación de Giovanni da Cavino - ejemplar acuñado -AE 25,69 gr.

Giovanni da Cavino nació en Padua en 1500 y murió allí en 1570. Fue un reconocido orfebre, medallista y grabador de gemas que procedía de una familia con una destacada tradición en estas áreas. A pesar de que su actividad fue rica y variada, produciendo diversas esculturas y piezas de oro y bronce, hoy se lo recuerda principalmente por sus fantásticas imitaciones de monedas antiguas, a mitad de camino entre la falsificación y la emulación artística de los modelos clásicos. Constituyen, por otra parte, lo único de su producción que ha sobrevivido hasta hoy.

Sus sestercios siguen atrayendo a coleccionistas y estudiosos por su singular belleza y su manera genial de captar tanto el espíritu del mundo clásico, como la pasión del Renacimiento italiano por el estudio de la Antigüedad. Hasta finales del siglo XIX no era infrecuente que se los confundiera con los originales antiguos, habiendo muchas de sus creaciones engañado incluso a prestigiosos numismáticos.

Con esta entrada inauguro una pequeña serie de textos dedicados a analizar la historia y la obra del gran medallista del siglo XVI.


Sestercio de Vespasiano - Imitación de Giovanni da Cavino - ejemplar fundido - AE 21gr.


El contexto: la pasión renacentista por las monedas antiguas


Con la difusión de las ideas del humanismo desde finales del siglo XIV, se generó, primero en Italia y, luego, en toda Europa occidental, un profundo afán por conocer más acerca del mundo antiguo. Sobre todo, eran las grandes obras arquitectónicas y escultóricas de griegos y romanos las que acaparaban toda la atención. Es en este contexto que comienza a surgir también el interés por las monedas antiguas y la costumbre de coleccionarlas. Desde mediados del siglo XV nos encontramos frente a un mercado de monedas organizado, destinado a satisfacer los pedidos de los grandes coleccionistas: príncipes, prelados y patricios de gran riqueza. Es en este período que comenzaron a formarse algunas colecciones verdaderamente impresionantes, como aquella de la marquesa de Mantua, Isabella d´Este (1474-1539). Es también durante el siglo XV que, imitando la producción monetaria del mundo antiguo, se inicia la tradición de medallas conmemorativas renacentistas, con el gran Pisanello (1395-1455) como su fundador.

A principios del siglo XVI, la época de Giovanni da Cavino, una colección de monedas antiguas formaba parte casi imprescindible de la residencia de un aristócrata o patricio italiano, junto con una rica biblioteca y algunas obras de arte antiguas. La demanda de estos productos creció exponencialmente y, naturalmente, también los precios. Este contexto dio origen, como era de esperar, a la producción de imitaciones (y también falsificaciones) de obras de arte y monedas antiguas, un negocio muy lucrativo que buscaba aprovechar la demanda insatisfecha por estos objetos.

La ciudad de Padua, en el norte de Italia, fue desde época temprana un foco importante en la producción de imitaciones de arte antiguo. Es natural que fuera así, pues como uno de los centros universitarios más importantes de Europa (controlado por la República veneciana desde el año 1405), Padua contaba entre su población con un importante componente de estudiantes, profesores y eruditos provenientes de diversos países y muy influenciados por el humanismo, que eran potenciales compradores de estas imitaciones.

Cuño para el anverso de un sestercio de Nerón grabado por Cavino en acero y conservado actualmente en la biblioteca nacional de París

El taller de Cavino


Es probable que Cavino haya realizado su aprendizaje del oficio primero con su padre y, tras la muerte de éste, en el taller de Andrea Briosco (conocido como el Riccio, 1470-1532), famoso todavía hoy por sus pequeños bronces que imitan piezas antiguas y que encontraban sus compradores entre los entusiastas humanistas de Padua y Venecia. Ello se deduce del hecho de que Cavino es mencionado en el testamento de Briosco como uno de los albaceas.

La única fuente de información de la que disponemos sobre el taller de Cavino son sus mismos productos, sus imitaciones de monedas antiguas y sus medallas. No sabemos cuándo comenzó su actividad, pero algún momento de principios de la década de 1530 parece como la estimación más probable pues toda la producción de Cavino nos muestra a un artífice maduro y ya en pleno dominio de sus técnicas. Sabemos que en el año 1540 Cavino ya había iniciado su actividad pues un cliente (el jurista Marco Mantova Benavides) que le encargo un par de medallas con su retrato y el de su fallecido padre (un famoso médico) lo refleja en su correspondencia fechada en abril de ese año.


Moneda inventada a nombre de Julio César - Paduano de Giovanni da Cavino - AE 25,01 gr.

Las monedas y medallas de Giovanni da Cavino


El taller de Cavino fue considerablemente exitoso y su producción fue amplia y de gran calidad y se extendió por un período considerable de tiempo. Tras su muerte en 1570, uno de los hijos de Cavino mantuvo activo el taller por un tiempo utilizando los cuños y modelos heredados de su padre.

Actualmente existe un consenso entre los investigadores en que bajo ningún concepto puede considerarse a Cavino como un falsificador que pretendiera engañar a sus clientes. Sus imitaciones eran espléndidas obras de arte que se apreciaban y valoraban por sus propios méritos y que permitían enriquecer cualquier colección. Por otra parte, la producción del taller era heterogénea, distinguiéndose tres tipos principales de piezas:

  1. Imitaciones de monedas antiguas: Se trata de piezas elaboradas con gran cuidado y a partir de un detallado estudio de los originales, lo que permite a Cavino reproducir con gran fidelidad el estilo y el aspecto general de sus modelos. Cavino se concentró, sobre todo, en sestercios del principado, con retratos de los emperadores incluidos en la colección de biografías de Suetonio o con retratos de algunas emperatrices afamadas como Agripina o Faustina. Este interés se refleja en su colaboración con Alessandro Bassiano (1503-1587), uno de los grandes numismáticos y estudiosos del mundo antiguo de su tiempo que, al momento de su muerte, dejó el manuscrito de una edición de la obra de Suetonio enriquecida con imágenes de monedas de cada uno de los emperadores. (un ejemplo en la imagen que encabeza esta entrada)
  2. Variantes de monedas antiguas: se trata de imitaciones algo más libres que las del punto anterior, con algunas licencias y añadidos sin precedentes antiguos (un ejemplo en la segunda imagen de esta entrada)
  3. Monedas antiguas completamente inventadas: sus tipos se inspiran en líneas generales en el estilo de los modelos antiguos pero presentan tipos completamente nuevos y fantasiosos. (un ejemplo en la cuarta imagen de esta entrada).
  4. Medallas conmemorativas en honor a contemporáneos destacados. Se trata, en su gran mayoría, de trabajos realizados por encargo de clientes que quieren verse homenajeados de esta forma. En algunos casos, los retratos de sus clientes son realizados en un estilo antiguo que imita el de las monedas romanas, en otros, en cambio, las representaciones son más realistas y se orientan en lineamientos habituales de la producción medallística del Renacimiento italiano. Los personajes retratados en las medallas de Cavino constituyen prácticamente un quién es quien de la sociedad de la ciudad de Padua durante el siglo XVI, predominando entre ellos los exitosos profesores de la universidad local. Una medalla particularmente interesante es la que presenta los retratos de perfil superpuestos del mismo Giovanni y de Alessandro Bassiano. (un ejemplo en la imagen a continuación, el anverso de una metalla con los retratos de Alessandro Bassiano a la izquierda y del mismo Cavino a la derecha).

martes, 3 de enero de 2012

El Florín, el dólar de la Edad Media

Florín de oro de Florencia

En esta entrada incursiono sobre un tema al que hasta ahora no le había dedicado atención en este blog, la numismática medieval. Quiero comenzar a corregir ese déficit haciendo referencia a una de las monedas más célebres de ese período, el florín.

El origen del Florín


Desde los siglos XI y XII, el mundo europeo experimentó un fuerte desarrollo del comercio asociado al crecimiento de las ciudades. La liga hanseática, Génova, Pisa, Siena y Venecia fueron las pioneras de este desarrollo que transformó la economía medieval. En el siglo XIII, una ciudad que hasta entonces había desempeñado un papel secundario comenzó a transformarse en uno de los centros más dinámicos de la nueva economía gracias a su industria textil y sus bancos mercantiles, Florencia. Hasta el siglo XVI, esta ciudad toscana sería el centro de una red comercial que abarcaría a toda Europa, el Norte de África y Medio Oriente y que sería la base de dinastías mercantiles, la más célebre de las cuales sería la familia Medici.

Florencia tenía una balanza comercial altamente positiva, por lo que el oro y la plata se acumulaban en la ciudad. En el año 1252, un gobierno popular introdujo una nueva moneda de oro para facilitar los intercambios. Con un peso de 3,5 gramos y un diámetro de 21 mm, combinaba un alto valor con la practicidad de un tamaño reducido, lo que hacía posible trasladar grandes sumas en una simple bolsa.

Florín de oro de Florencia


Las características de la moneda


En el anverso de la moneda se representaba el escudo de armas de Florencia, una flor de lis y el nombre de la ciudad en latín FLOR-ENTIA. En el reverso, el santo patrono de la ciudad, San Juan Bautista, sosteniendo un cetro y levantando su mano derecha para impartir una bendición con la inscripción S.(anctus) JOHANNES B.(aptista). Estos motivos se mantuvieron inalterados durante los casi tres siglos en que esta pieza fue acuñada. Por la imagen de la flor de lis, la moneda recibió el nombre de fiorino d'oro.

Desde un principio, la ceca de Florencia apuntó a producir una moneda con un oro de elevada pureza, tan cercana a los 24 kilates como fuera posible con los medios técnicos de la época. Las compañías florentinas llevaron el florín por toda Europa, ya que tenían sucursales en todas las ciudades importantes. La excepcional calidad del florín hizo que muy rápidamente fuera aceptado fuera de Florencia y codiciado en toda Europa occidental como medio para realizar pagos internacionales y para atesorar riqueza. De allí que se haya equiparado con frecuencia su papel al del dólar tras la Segunda Guerra Mundial.

El éxito del florín fue tal, que se desarrolló una insaciable demanda por esta moneda. Esto hizo que su valor aumentara en forma continua respecto de las monedas de plata, haciéndolo todavía más atractivo como inversión.

Florín de Aragón
Florín aragonés - Siglo XIV


Las imitaciones y el ocaso del florín


El mismo éxito del florín terminó siendo la causa de su desaparición. Su prestigio hizo que por toda Europa se produjeran imitaciones. En Alemania, Francia, Inglaterra, Portugal, los Países Bajos, Suecia, Polonia, Hungría, Rusia, Aragón y otros lugares se acuñaron florines conservando el mismo peso y diámetro del original y, en muchos casos, incluso sus motivos de anverso y reverso. Pero la calidad de la gran mayoría de estos florines pronto se distanció de la del original, pues comenzaron a ser acuñados con una ley cada vez más baja o, incluso, con un peso menor.

Durante los siglos XIV y XV Europa se inundó de florines de calidades muy diversas. Si bien los acuñados en Florencia mantuvieron sus características originales, la avalancha de imitaciones y la necesidad de distinguir entre ellas y sus respectivos valores dificultaron las operaciones con esta moneda, llevando a que, finalmente, Florencia dejara de acuñarlas en 1523.

Bibliografía

Sobre la economía de Florencia en este período véase R. Goldthwaite, The Economy of Renaissance Florence Véase también del mismo autor Studi sulla moneta fiorentina: Secoli XIII-XVI (Biblioteca storica toscana) 1994. También recomiendo el clásico artículo de Robert Lopez “Back to Gold, 1252” publicado en el año 1956 en The Economic History Review (disponible en JSTOR con subscripción).

lunes, 3 de mayo de 2010

Breve Historia de la numismática antigua - Desde los orígenes hasta el siglo XV (Curso: "Las monedas como fuentes para la historia de Roma" 3° parte)


Giovanni de Matociis - Historia imperialis

Continuando con los contenidos de la primera unidad del curso Las monedas como fuentes para la historia de Roma, inició aquí el tratamiento de la historia de la numismática como disciplina. Le dedicaré a este tema un par de entradas en el blog, porque considero que es particularmente relevante para todos aquellos que se interesan por las monedas antiguas y porque no existen, según mi conocimiento, buenos tratamientos del tema accesibles en la web.

El estudio de las monedas griegas y romanas es una disciplina con una extensa tradición. Sabemos que ya en la misma Antigüedad las monedas de otras épocas y regiones eran consideradas objetos especialmente interesantes y valiosos. Suetonio refiere, por ejemplo, que el emperador Augusto gustaba regalarlas en las saturnalias. Conocemos también otros ejemplos. El atractivo de las monedas antiguas no culminó con la caída del Imperio Romano. Durante toda la Edad Media las mismas siguieron siendo conocidas y admiradas, y se acuñaron numerosas imitaciones. Los monarcas medievales presentaban de esta forma su aspiración a un poder comparable al de los emperadores romanos.

El ascenso del humanismo y el renacimiento

Más allá de estos remotos antecedentes, el coleccionismo y el estudio de las monedas antiguas sólo comenzó verdaderamente hacia fines de la Edad Media y con el inicio de lo que comúnmente se conoce como el Renacimiento. Fue en la Italia de los siglos XIII y XIV donde el paulatino despertar del interés por la Antigüedad clásica llevó a una nueva apreciación del valor de los restos antiguos y, entre ellos, también de las monedas griegas y romanas. Por supuesto, no se trataba de un interés científico, sino que cumplían una función semejante a la de las reliquias cristianas, tan caras a la mente medieval, eran símbolos de un pasado remoto con el cual sus poseedores añoraban conectarse. De allí que el estudio de los objetos y ruinas antiguas llevado a cabo por los humanistas del renacimiento sea habitualmente calificado como “anticuarismo”.

La primera evidencia notable del estudio de las monedas antiguas la encontramos en la obra de Giovanni de Matociis (conocido habitualmente como Mansionario), la historia imperialis, es decir, una colección de biografías de emperadores romanos. De Matoccis fue el primero en utilizar monedas como fuentes históricas, lo que lo coloca claramente por delante de los estándares historiográficos de su tiempo. Giovanni recurrió a las monedas para observar los retratos de los diferentes emperadores y añadió copias de su propia mano al manuscrito. El Mansionario anunciaba así el que sería uno de los intereses fundamentales de los humanistas en relación con las monedas antiguas, sus retratos.

Es en el segundo tercio del siglo XIV cuando empezamos a tener noticia de los primeros coleccionistas sistemáticos de monedas antiguas. En realidad, debemos decir que no se trata de coleccionistas especializados, todos los objetos provenientes del mundo clásico atraen su atención, estatuas, obras de arte en general, objetos domésticos y también monedas. Dos ejemplos prominentes son el banquero de Treviso Oliviero Forzetta y el dogo de Venecia Marino Falier, de quienes sabemos que sus colecciones de antigüedades incluían gran número de monedas. En la segunda mitad del siglo XIV el interés y el conocimiento sobre las monedas antiguas aumenta considerablemente, como lo ilustra la figura de Petrarca, el gran difusor del humanismo y del estudio de la Antigüedad clásica, quien ha dejado en su correspondencia y en sus obras testimonio de su pasión por las monedas antiguas.

Isabella d´Este - La primera gran coleccionista

Son los humanistas italianos de fines del siglo XIV y principios del XV los que comienzan con la identificación precisa de los retratos de las monedas imperiales romanas, intentando sobre todo utilizarlas como guía a la hora de identificar bustos y otras obras de arte semejantes. Con el éxito del humanismo y la difusión de sus intereses intelectuales entre las elites de las ciudades italianas, la práctica del coleccionismo de monedas antiguas se difundió rápidamente durante el siglo XV. Desde mediados de ese siglo ya nos encontramos frente a un mercado organizado de monedas, destinado, sobre todo, a satisfacer los pedidos de los grandes coleccionistas, es decir, príncipes, prelados y patricios de gran riqueza. Es en este período que comenzaron a formarse algunas colecciones verdaderamente impresionantes, como aquella de la marquesa de Mantua, Isabella d´Este (1474-1539), que según un inventario del año 1494 incluía 437 monedas de oro y 3385 de plata en excelente estado.

Si bien fue el humanismo el que impulsó el interés por las monedas antiguas, los humanistas no dedicaron demasiada atención a las mismas como objeto de estudio específico. Las consideraban sólo de importancia secundaria comparadas con la literatura y las obras de arte grecorromanas. El principal interés radicaba para ellos en los retratos de los emperadores y en la interpretación alegórica de los motivos en los reversos. Si bien los humanistas del quattrocento no iniciaron el estudio sistemático de las monedas antiguas, puede decirse, sin embargo, que las grandes colecciones reunidas durante el siglo XV bajo inspiración de su ejemplo, permitieron que ese estudio apareciera en el siglo XVI.