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viernes, 8 de noviembre de 2013

El reinado de Claudio Gótico y sus acuñaciones

Medallón del emperador romano Claudio Gótico
Claurdio Gótico - Múltiplo de 8 áureos (38,83gr.) acuñado en Milán - aprox. 268 d.C.

Un breve pero exitoso reinado


Claudio llegó al poder tras el asesinato de Galieno en una confusa conspiración cuyos responsables no podemos determinar. Inmediatamente tuvo que hacer frente a acuciantes problemas defensivos. Ante la oportunidad abierta por el conflicto entre los mismos romanos, un grupo de invasores germánicos penetró hasta el norte de Italia en una incursión de saqueo. El nuevo emperador pudo derrotarlos cerca del lago de Garda y entrar poco después a Roma con el prestigio de un general victorioso para asumir el consulado del 269 d.C.

En la primavera de ese mismo año, Claudio partió hacia la región danubiana para hacer frente a la amenaza de los godos, que se encontraban sitiando la ciudad de Marcianopolis. Claudio tuvo éxito en mover a los godos a enfrentarlo en una batalla campal cerca de Naissos que terminó con una completa y decisiva victoria de las fuerzas romanas. Se trataba de un gran logro que hizo mucho por revertir la alicaída moral romana y Claudio fue honrado en consecuencia, recibiendo del senado el título de Gothicus Maximus. Los godos del Danubio permanecerían tranquilos hasta el final del siglo III y la estabilización de esta frontera permitiría canalizar fuerzas hacia otros sectores donde eran necesitadas con urgencia. En el 270, Claudio se estableció en Sirmio, probablemente para terminar de organizar la defensa de la región pero sus planes se vieron interrumpidos por un brote de la plaga entre las tropas. El mismo emperador se contagió y falleció poco después.

Antoniniano del emperador romano Claudio Gótico

Claudio Gótico - Antoniniano (4 gr.) - Milán- fines de 268 d.C.

Su producción monetaria


La brevedad de su reinado y la gravedad de las amenazas militares a las que Claudio tuvo que hacer frente, no le permitieron introducir cambios significativos en la producción monetaria. La extrema penuria fiscal del Estado romano se refleja en el deterioro del antoniniano durante su reinado, cuyo contenido de plata cayó aún por debajo de los ya ridículos porcentajes comunes en los acuñados en nombre de Galieno. En algunos ejemplares, no alcanza siquiera el 1%. Los antoninianos de Claudio se ubican, sin duda, entre los peores productos de toda la larga historia monetaria romana: acuñados en cospeles diminutos e irregulares, frecuentemente descentrados y con cuños toscamente grabados. Entre sus motivos juegan, como era de esperar, un papel muy importante los temas militares (fides exercitum) y referencias a Victoria y Felicitas, entre otras.

Antoniniano del emperador romano Claudio Gótico
Claudio Gótico - Antoniniano (3,37 gr.) - Roma - aprox. 269 d.C.

En fuerte contraste con las monedas de vellón bajo, el reinado de Claudio señala una importante mejora en la calidad de las monedas de oro. Una de las primeras medidas adoptadas por Claudio fue, de hecho, mejorar la pureza y el peso de los áureos respecto de los estándares del reinado de Galieno. En efecto, mientras que su predecesor los había hecho acuñar a razón de 80 o 90 por libra romana, con Claudio se regresa a una norma de entre 60 y 70 y con una mucho mayor regularidad en el peso de los cospeles.

Especialmente interesante es una serie de grandes medallones de oro –múltiplos de ocho áureos- acuñados en Milán al comienzo del reinado de Claudio que en su reverso representan la Concordia exercitus (un ejemplo encabeza esta entrada). Sin duda, fueron producidos para recompensar a importantes oficiales del ejército y como una forma de asegurarse su lealtad para el nuevo soberano, que, como se señaló, había llegado al trono tras la muerte de Galieno en una confusa conspiración. Estas espectaculares piezas demuestran que las cecas se encontraban en posición de acuñar piezas al más alto nivel artístico.


viernes, 25 de octubre de 2013

La moneda romana bajo Galieno (260-268 d.C)

La producción numismática durante el reinado solitario de Galieno ofrece un fiel reflejo de las extremas dificultades experimentadas por el imperio en esos años críticos del siglo III, en los que la supervivencia misma del Imperio parecía amenazada. El reducido territorio bajo el control del emperador no se encontraba, evidentemente, en condiciones de generar recursos fiscales suficientes como para hacer frente a los crecientes gastos militares. El Estado debió recurrir al expediente habitual y el resultado de ello fue un abrupto y radical deterioro en la calidad de las acuñaciones.

El deterioro de las monedas

Al igual de lo que había sucedido durante los reinados de sus inmediatos antecesores, el antoniniano fue la moneda más afectada por esta situación. Su contenido de plata cayó permanentemente en los años en que Galieno ocupó el trono para llegar a tan sólo un irrisorio 2,5% en el 268 d.C. Al transformarse la principal denominación de plata del imperio de esta forma en una pequeña moneda de bronce, se dejó totalmente de lado la producción de las viejas monedas en ese metal, como el sestercio, que pasó a transformarse en una moneda de cuenta. Galieno acuñó sus últimos sestercios en el 262 d.C. Al igual de lo que sucedía con los denarios, algunos emperadores posteriores producirían todavía algunas series muy limitadas de monedas de bronce, (normalmente asses) para fines exclusivamente ceremoniales.

El impacto de la crisis fiscal también se hizo sentir en las monedas de oro. En efecto, el tamaño de los áureos se redujo considerablemente en este período y se los acuñó con pesos muy variables, llegando a salir de las cecas algunos ejemplares minúsculos de alrededor de un gramo de peso. Es probable que esto sea una señal de la generalización de la práctica del pesado de las monedas de oro. El valor de cada pieza habría sido determinado puntualmente mediante una balanza para cada transacción. Las monedas de oro habían dejado, de esta forma, de representar denominaciones con un valor garantizado por el Estado para transformarse en simples lingotes cuyo valor dependía exclusivamente de su contenido metálico.


La iconografía

El aspecto más notable de las acuñaciones de Galieno es, sin duda, su iconografía que incluye muchos tipos novedosos y muy originales, como la extraña serie de áureos con la leyenda del emperador en femenino (GALLIENAE AVGVSTAE), que ha intrigado a los numismáticos desde el Renacimiento (un ejemplo en la imagen sobre este párrafo).

También es muy llamativa una serie de antoninianos con representaciones de animales que conmemoran a varias divinidades (Apolo, Diana, Júpiter Líber-o Baco, Neptuno y Sol.) con la leyenda CONS AVG. Los motivos de estas monedas han sido interpretados como una propiciación ceremonial en período de crisis.



Más inusual todavía es una serie de monedas de bronce del final de su reinado que, en lugar de llevar el retrato del emperador en el reverso, tienen una representación del genio del pueblo romano, mientras que el reverso contiene sólo las letras es SC dentro de una corona de laurel y –sólo en algunos ejemplares- también la leyenda INT[roitus] VRB[is] "la entrada a Roma”. Estas acuñaciones han sido convincentemente relacionadas con el regreso de Galieno a Roma tras su visita a Atenas en el 266 d.C. (un ejemplo en la imagen sobre este párrafo).

martes, 24 de septiembre de 2013

¿Por qué acuñó Decio la “serie de los divi? Una hipótesis

Antoniniano del emperador romano Decio - serie de los divi

Como vimos en la última entrada, a pesar de su propaganda conservadora y su homenaje a las virtudes del pasado, el reinado de Decio no implicó ninguna ruptura en el proceso de deterioro de la moneda romana. Mientras se rendía homenaje a los emperadores del pasado, los denarios del pasado que seguían circulando eran simplemente reacuñados como antoninianos. De esta manera, se duplicaba su valor nominal sin modificar su contenido metálico.

El proceso de reacuñación significó la desaparición efectiva de prácticamente todos los denarios que todavía se encontraban en circulación y también de muchos antoninianos de mejor calidad acuñados antes del 250 d.C. Los que no fueron fundidos en las cecas del imperio fueron escondidos por sus poseedores, como lo demuestra el gran tesoro escondido por estos años en Reka Devnia –el mayor tesoro de denarios conocido- producto sin duda de la inseguridad generada en la zona del Danubio por la invasión de los godos bajo el mando del rey Cniva, pero también de la política monetaria de Decio.
Antoniniano del emperador romano Decio - serie de los divi

Para Kenneth Harl, el proceso de reacuñación tiene que haber sido acompañado de una revaluación del áureo, que a partir de este momento debe haber pasado a valer 25 antoninianos, para preservar entre estas monedas una taza de cambio razonable con el valor relativo de la plata y el oro.

El público romano estaba acostumbrado a utilizar un circulante heterogéneo en el que convivían las acuñaciones de diversos emperadores. El proceso de reacuñación cambió radicalmente esta realidad generando un importante nivel de homogeneización. Es posible, en consecuencia, que la emisión de la serie de antoninianos dedicados a emperadores divinizados del pasado buscara no sólo rendir homenaje a estos soberanos, sino también reintroducir sus familiares rostros que estaban desapareciendo por la reacuñación y restablecer artificialmente, de esta forma, la heterogeneidad del circulante que el público romano estaba habituado a tener en sus manos. El objetivo era, sin duda, facilitar la aceptación de las nuevas monedas y generar confianza en el valor de las mismas. Recordemos que el emperador Trajano había recurrido a una medida semejante a principios del siglo II d.C. acuñando denarios que imitaban tipos históricos cuando un proceso de reacuñación los hacía desaparecer del circulante romano.

martes, 17 de septiembre de 2013

El antoniniano desplaza al denario: más sobre la moneda romana durante el reinado de Filipo el árabe

denario del emperador romano Filipo el árabe
Denario circa 244-247 d.C., AR 2,38 gr. Anverso:  IMP M IVL PHILIPPVS AVG Busto laureado, drapeado y con coraza a la derecha. Reverso: PIETASAVGG bustos enfrentado de Filipo II y Otacilia, RIC 43a. Extremadamente raro y entre los mejores de los pocos ejemplares conocidos.


Continuando la última entrada, regreso al reinado de Filipo porque marca en muchos sentidos el comienzo de una nueva etapa en la producción monetaria romana, visible en dos cambios de gran trascendencia: El desplazamiento definitivo del denario como pieza central del sistema de denominaciones romanas y la introducción del sistema de marcas de officinae en la ceca de Roma.

Si bien durante el reinado de Filipo todavía se acuñaron ocasionalmente denarios, es claro que esta denominación dejó por estos años definitivamente de formar parte regular del sistema monetario. El antoniniano, un doble denario cuyo valor era señalado por el busto con corona radiada del emperador en el anverso se transformó de esta manera en la moneda principal del mundo romano y se la acuñó en enormes cantidades y con muy baja calidad, marcando un considerable incremento en el valor nominal del circulante sin una suba paralela de su valor metálico.

La acuñación de monedas de oro es durante el reinado de Filipo mucho más rara que durante el de su predecesor Gordiano III pero los sestercios siguieron siendo emitidos en grandes cantidades. En mi opinión, ello indica que, a pesar de la expansión de la masa monetaria y el deterioro en el contenido metálico del antoniniano, la inflación no era todavía muy alta. Por el contrario, el sucesor de Filipo, Trajano Decio, se vería obligado a introducir un doble sestercio para reaccionar frente a la suba de precios.

Sestercio del emperador romano Filipo el Árabe
Sestercio 244 d.C. 23,12 gr. IMP M IVL PHILIPPVS AVG Busto laureado, drapeado y con coraza a la derecha. Reverso: SALVS AVG Salusde  pie, cabeza a la izquierda, alimentando serpiente, altar, patera y cetro. S C en campo. RIC 187.

Durante el reinado de Filipo, Roma siguió siendo el principal centro de producción de monedas, pero los crecientes volúmenes de acuñación de antoninianos representaban un enorme desafío para el Estado romano y hacían necesaria la asistencia de algunas cecas provinciales en la tarea. Es probable que una de esas cecas fuera Viminacium en la región danubiana y otra Antioquía en Oriente. Se trataba de dos zonas en las que, por la concentración de tropas, el Estado debía realizar grandes desembolsos, por lo que era conveniente contar con producción local de monedas para hacerles frente.

Un hecho importante en este contexto, es la aparición a partir del año 248 d.C. de marcas de officinae en los antoninianos acuñados en Roma, que ponen en evidencia que esa ceca contaba con seis talleres independientes que cada uno acuñaba sus propios tipos de reverso específicos dentro de cada serie. Es la primera señal de un cambio que se acentuará en el futuro y que refleja la necesidad de una organización productiva más eficaz para hacer frente al fuerte incremento en la producción monetaria representado por la acuñación de antoninianos cada vez más depreciados.

sábado, 10 de agosto de 2013

Historia Monetaria romana de Caracalla a Alejandro Severo

Antoniniano de Caracalla
Antoniniano de Caracalla

Continuando con la serie sobre la historia monetaria del Imperio Romano, discuto brevemente en esta entrada el período final de la dinastía de los severos.

De acuerdo a Dión Casio, Septimio Severo, desde su lecho de muerte, aconsejó a sus hijos: “manteneos unidos, enriqueced a los soldados y despreciad al resto”. Sus sucesores conservarían el axioma central de su política: conceder reiteradas subas de salarios al ejército, financiadas mediante la devaluación del denario. También se redujo el peso del áureo pero ambas monedas conservaron en líneas generales su aspecto tradicional, firmemente establecido por la costumbre de un par de siglos entre sus usuarios. A pesar de la intensa manipulación de estas monedas, la tasa de cambio entre ambas no se modificó.

Esta tendencia de deterioro monetario continuaría durante el reinado de Caracalla, que llevó el contenido de plata del denario a tan sólo 50% y redujo el estándar del áureo de 45 a 50 por libra romana. En el 215 d.C., este emperador experimentaría con otra modalidad, la introducción de una nueva denominación, el antoniniano, con un retrato radiado del emperador y un valor nominal de 2 denarios a pesar de que sólo contenía el 80% de la plata de dos de estas monedas. Esta medida ocasionó una desaparición de los denarios de circulación, afectando fuertemente los intercambios económicos.

Su sucesor, Heliogábalo, reaccionó retirando el antoniniano pero conservando el estándar reducido del áureo y llevando el contenido de plata del denario a un nuevo piso de aproximadamente el 46%.

sestercio de Alejandro Severo
Sestercio de Alejandro Severo

La reiteración permanente del expediente devaluatorio para solventar los gastos del Estado tiene que haber sido cada vez menos eficaz en cuanto que la experiencia enseñaría a los actores de la economía a reaccionar con mayor rapidez ajustando el valor de bienes y servicios a la nueva situación. Es probable, incluso, que los fijadores de precios los incrementaran para protegerse frente a futuras devaluaciones antes de que las mismas se hubieran efectivamente llevado a cabo. De esta forma, el Estado quedaba preso de la trampa inflacionaria que su misma política había generado. Sin embargo, el cambio de rumbo no era sencillo. Los emperadores que, como Macrino, Alejandro Severo o los Gordianos, dejaron de lado esta política e intentaron mejorar la calidad de la moneda caerían rápidamente víctimas del descontento militar tal como había sucedido con Pértinax.

Alejandro Severo intentó restablecer la reputación de las monedas imperiales mejorando levemente la calidad del denario y acuñando, por primera vez en muchos años, un número significativo de sestercios de bronce y asses de cobre. Si bien estaban lejos de los estándares de diseño y producción de la primera mitad del siglo II d.C., eran piezas bien producidas y que alcanzaban el peso tradicional. La política de ahorro sería una vez más fatal. Esta política de ahorro sólo podía llevarse adelante reduciendo los donativos acostumbrados a las tropas. Una vez más, eso significaría también para este emperador la muerte a manos de sus propios soldados.

viernes, 2 de agosto de 2013

Historia monetaria de Roma de Cómodo a Septimio Severo

Denario de Cómodo

Continuando con la serie sobre la historia monetaria del Imperio Romano trato ahora el breve pero decisivo período de transición entre la era de los antoninos y la dinastía de los severos.

Para Dión Casio el final del reinado de Marco Aurelio y el ascenso de Cómodo al trono significó el final de una edad de oro y el comienzo de una de hierro. En el plano monetario, sin embargo, antes que una ruptura, lo que se reconoce es una aceleración en el proceso ya vigente de deterioro de la moneda. El nuevo emperador cambió abruptamente la política exterior de su padre y buscó rápidamente la paz con los germanos concediéndoles generosos subsidios. Para mantener sus extravagantes gastos, Cómodo se vio obligado a reducir nuevamente el estándar del denario a 1/104 de la libra romana y a rebajar su pureza hasta un 74%.

Cómodo fue asesinado por miembros de su propio círculo íntimo el 31 de diciembre del año 192 d.C. Al día siguiente (1° de enero del año 193 d.C.) fue proclamado en su lugar, Pértinax, un militar ya sexagenario que se había encumbrado tras una distinguida carrera a pesar de provenir de orígenes modestos. El nuevo emperador encontró al estado romano en una situación crítica, por lo que fijó como objetivos centrales de su gobierno el restablecimiento del orden y la disciplina, tanto moral como fiscal, pues las arcas públicas estaban exhaustas. Su frugalidad fue mal recibida por los miembros de la guardia imperial, que esperaban una generosa recompensa en metálico por haber apoyado su llegada al trono. A pesar de resistirse a la idea, Pértinax tuvo finalmente que ceder y prometió un donativo de 12.000 sestercios a cada soldado. Para cumplir su promesa y dar al mismo tiempo testimonio de sus diferencias con su predecesor, Pértinax remató las propiedades de Cómodo para reunir los fondos.
 Denario de Pértinax

El ahorro era clave para la política de Pértinax. En contra de lo hecho por su predecesor, para estabilizar la situación económica, el nuevo emperador inició un ambicioso programa de mejora de la calidad de la moneda, subiendo el porcentaje de plata del denario del 74 al 87%. Ello equivalía a una revaluación de la moneda y tenía como efecto inmediato una disminución del volumen de acuñaciones que podía realizar la ceca imperial en Roma. Los motivos de sus monedas intentan transmitir el mensaje de la liberación del pueblo de la opresión y del comienzo de una nueva era de prosperidad auspiciada por los dioses. Nos muestran a un emperador que Pértinax no llegó a ser.

El 28 de marzo del 193, un grupo de unos 300 pretorianos se agolpó frente al palacio, reclamando porque aparentemente habían recibido sólo la mitad de la paga prometida por el emperador. Contra el consejo de sus asesores, Pértinax decidió negociar con las tropas y convencerlas de que era imposible cumplir sus pedidos. Durante la discusión, un soldado perdió la paciencia, se adelantó y asesinó al emperador con su espada a la vista de todos. La muerte de Pértinax puso claramente en evidencia los incalculables riesgos que aparejaba una política de ahorro. La permanencia de un nuevo emperador en el trono dependía de su habilidad para conquistar y preservar la lealtad de las tropas y el reparto de generosos donativos era el camino más rápido hacia ese objetivo. Una política devaluatoria, en cambio, permitía recompensar rápidamente a los soldados a costa de un deterioro del sistema monetario a mediano plazo. Pero ese mediano plazo era irrelevante para quienes debían esforzarse primero por preservar el trono y la vida.
 Denario de Didio Juliano

El reinado de Pértinax había durado sólo 86 días. Los pretorianos se decidieron entonces a ceder el trono a quien prometiera realizar el mayor donativo a los soldados. El suegro de Pértinax, Tito Flavio Sulpiciano, que era prefecto de la ciudad y se encontraba en el campamento de los pretorianos, comenzó a hacer ofertas. Enterado de la situación, un senador romano, Didio Juliano, se dirigió hacia el campamento y comenzó a hacer sus propias ofertas ante la puerta. Sulpiciano llegó a ofrecer 20.000 sestercios a cada hombre, pero Didio Juliano lo superó prometiendo 25.000 y fue proclamado por las tropas.

El reinado de Didio Juliano sería todavía más breve que el de Pértinax. Una de sus primeras medidas sería una rebaja en la cantidad de plata del denario, que pasaría del 87 al 81 %, marcando un camino que sus sucesores profundizarían con graves consecuencias. Septimio Severo surgiría finalmente como vencedor de las pujas que, a partir de estos acontecimientos, se desatarían entre diversos generales por adueñarse por medios más firmes del trono que Didio Juliano pretendía comprar. Severo entendería claramente la lección del fracaso de Pértinax y haría del cortejo a los soldados uno de los ejes políticos de reinado.
 Denario de Septimio Severo


Severo incrementó considerablemente la paga militar, llegando aparentemente a doblarla en el año 197 d.C. Ante la falta de recursos fiscales genuinos para financiar estos incrementos, se recurrió por primera vez a una política fuertemente inflacionaria basada en una abrupta caída del contenido de plata del denario, que llegaría a tan sólo el 56%. Esta política era beneficiosa para el Estado porque, con toda probabilidad, las subas de precios seguían con un cierto retraso a la devaluación, permitiendo, por algún tiempo, un ahorro considerable para las finanzas públicas. También parece haber sido exitosa en obtener el apoyo de los soldados, que eran víctimas de lo que en economía se conoce como “ilusión monetaria”, una inadecuada capacidad de distinguir entre las subas nominales y el comportamiento real de su salario, es decir, teniendo en cuenta la suba de precios. Si bien carecemos de información suficiente para estimar el impacto inflacionario concreto de estas medidas, la fuerte reducción en el volumen de acuñaciones fraccionarias en metal bajo es una clara prueba de la existencia de fuertes subas de precios

miércoles, 24 de julio de 2013

La historia monetaria de Roma de Trajano a Marco Aurelio


Continuando las entradas sobre la historia monetaria de Roma de Augusto a Nerón y sobre la reforma monetaria de Nerón, os presento ahora esta breve discusión del mismo tema en el período comprendido en el período de los Antoninos.

El triunfo de Trajano en la guerra contra Dacia significó una enorme afluencia de botín al tesoro romano que permitió emprender magníficos proyectos de obras públicas e, incluso un ambicioso programa de reacuñación de antiguas monedas ya muy desgastadas. Como un gesto simbólico, se acuñaron entonces los famosos “tipos restaurados” de monedas de la época republicana y del principado, sólo que los nuevos ejemplares respetaban el nuevo estándar neroniano. 

Como señala Kenneth Harl, es probable que uno de los objetivos de esta reproducción de monedas históricas fuera mantener la confianza del público en el nuevo circulante, presentándoselo en la forma de los heterogéneos diseños tradicionales a los que ya estaba acostumbrado (dos imágenes de estos denarios acompañan el texto). Sin embargo, poco tiempo después de puesto en marcha este programa, los crecientes gastos forzaron a Trajano a realizar una nueva devaluación del denario reduciendo su contenido de plata al 89%. Ello era el resultado del extremadamente ambicioso plan de construcciones emprendido por este emperador y de la introducción de los alimenta, un esquema de asistencia a niños huérfanos. A pesar del deterioro del denario, la tasa de cambio entre éste y el áureo se mantuvo inmóvil, probablemente porque la gran abundancia de oro resultante de la victoria en Dacia había hecho que el valor de este metal descendiera en forma considerable respecto de la plata.


Las finanzas del tesoro romano parecen haberse recuperado lo suficiente como para que en el 118 d.C. el emperador Adriano pudiera perdonar a ciudadanos romanos 225 millones de denarios en impuestos atrasados. No se realizaron, sin embargo, más esfuerzos por mejorar la calidad del denario. El estándar fijado por Trajano se mantendría inalterado por unos cuarenta años hasta que en el 148 d.C. Antonino Pío volviera a reducir el contenido de plata del denario a tan sólo un 83%, probablemente como consecuencia del gran costo de las fastuosas celebraciones de los 900 años de las fundación de Roma. Al finalizar su pacífico reinado en el año 161 d.C., Antonino dejó a sus sucesores, Lucio Vero y Marco Aurelio, una reserva de 675 millones de denarios acumulada en el tesoro romano. La misma fue liquidada rápidamente en un cuantioso donativo a las tropas (20.000 sestercios para cada soldado) y en una guerra contra los partos.

La falta de recursos obligó a llevar a cabo una nueva reducción del contenido de plata del denario a menos del 80%. La victoria contra los partos en el año 166 d.C. no trajo un alivio significativo porque poco después el imperio se encontraba inmerso en un conflicto todavía más oneroso en la frontera norte para detener las incursiones de pueblos germánicos: las guerras marcománicas. Controlada la crisis, Marco Aurelio restauró entre los años 168 y 170 el denario al estándar del 83% vigente durante el reinado de Antonino Pio, pero se vería forzado a alterarlo en los años siguientes de acuerdo con los costos de las operaciones militares y los recursos del tesoro, cayendo hasta el 79% al final de su reinado.

Evolución del contenido de plata del denario durante el Imperio Romano

Los años en que Marco Aurelio ocupa el trono señalan la aparición de nuevas tendencias que marcan un punto de ruptura con la situación vigente durante el principado. Sobre todo, se produce un cambio en la naturaleza de las operaciones militares, en las que Roma se ve enfrentada a amenazas cada vez más intensas y que hacen necesarias operaciones defensivas cada vez más complejas y costosas e, incluso, el pago de cuantiosos subsidios como medio para garantizar la paz. Esta última novedad es particularmente gravosa para el sistema monetario romano pues -a diferencia de los gastos militares que ponen en circulación moneda que luego el Estado romano puede recuperar por la vía fiscal-, disminuyen en forma definitiva el stock de metal disponible. A todo ello se agrega, por esos mismos años, el agotamiento y abandono definitivo de algunos de los complejos mineros más ricos de Hispania y la disrupción de la extracción metalífera en Dacia por la invasión de los marcomanos.

La inflación ocasionada por la aceleración en el deterioro del denario en la segunda mitad del siglo II d.C. llevó a que el quadrante y el semis se volvieran obsoletos y dejarán de producirse, mientras que el sestercio y el dupondio pasaron a acuñarse en una aleación de bronce más económica con un importante componente de plomo. El nuevo denario devaluado fue perdiendo en este contexto sus funciones tradicionales para transformarse en el principal medio de pago de los intercambios cotidianos. Hasta la muerte de Marco Aurelio en el 180 d.C., sin embargo, la devaluación fue moderada. La cantidad de plata contenida en un denario se redujo sólo en aproximadamente un 35%. El porcentaje es pequeño si tenemos en cuenta que el sistema de denominaciones creado por Augusto llevaba ya 200 años de vigencia. 

sábado, 20 de julio de 2013

La reforma monetaria de Nerón del 64 d.C. y sus consecuencias

Denario del emperador romano Nerón
Denario de Nerón Post-Reforma

En una entrada reciente trataba la Historia monetaria romana de Augusto a Nerón. Con el reinado de este último comienza una nueva etapa pues, en el año 64 d.C., se introduce una reforma del sistema monetario que implicará el abandono de los estándares fijados durante el reinado de Augusto. En esta entrada presento un breve análisis de esa reforma y sus consecuencias inmediatas.

Los sucesores inmediatos de Augusto respetaron los lineamientos de su sistema monetario aunque puede detectarse, con el paso del tiempo, una leve y continuada caída en el peso promedio de todas las acuñaciones. Ello probablemente se relaciona con la intención de mantener el valor de las nuevas piezas en paridad con las que se encontraban en circulación y habían perdido, por desgaste, ya algo de su peso. Los estándares teóricos de peso no fueron, sin embargo, alterados. Los miembros de la dinastía Julio-Claudia preservaron también, por otra parte, la solvencia del sistema fiscal, a pesar de algunos momentos críticos, como el extravagante reinado de Calígula. Esta situación cambió durante el principado de Nerón cuando a los excesivos gastos del emperador se sumó el enorme costo de los trabajos de reconstrucción de la ciudad de Roma tras la devastación generalizada ocasionada por el gran incendio del año 64 d.C.
el incendio de Roma en el 64 d.C.
Ante la ausencia en el Imperio Romano de toda fuente de financiamiento que le permitiera al Estado llevar adelante un presupuesto deficitario y ante el carácter relativamente inelástico de los ingresos fiscales, se hizo necesario recurrir a una devaluación de los estándares monetarios para poder acuñar con el metal disponible la cantidad nominal de monedas necesaria para cubrir los gastos requeridos.

La reforma de Nerón consistió en tres medidas generales: (1) La reducción en el estándar del áureo y el denario, pasando el primero a ser acuñado con un peso teórico de 1/45 de la libra romana, y el último a 1/96. (2) Reducción de la pureza del denario del 98 al 93 %. (3) La acuñación de todas las denominaciones subsidiarias exclusivamente en oricalco. Esta última innovación, sin embargo, se abandonó después de poco tiempo y se regresó al sistema previo dado que las nuevas monedas no lograron ganar la aceptación general del público. Las dos primeras, por el contrario, no quedarían reducidas a una medida temporal para paliar una crisis transitoria de financiamiento del tesoro sino que significarían un cambio permanente del sistema monetario y sentarían un precedente que sería imitado ante problemas semejantes en el futuro. Con un millón de denarios pre-reforma podían acuñarse ahora alrededor de 1,25 millones. A pesar de la pérdida de valor real del denario, las tasas de cambio entre las distintas denominaciones no se alteraron.

La reforma permitió ampliar la oferta nominal de dinero en forma considerable y evitó la insolvencia del Estado. El cambio no parece haber dado origen a una crisis de confianza en la moneda. La información disponible sobre subas de precios en el período posterior a la reforma es escasa pero todo indica la devaluación no tuvo un impacto inflacionario de largo plazo.
Sestercio del emperador romano Nerón con representación del puerto de Ostia

Por supuesto, la reforma podía servir como un paliativo pero no ofrecía una solución para el financiamiento público. Los problemas de los últimos años de Nerón en el trono y las guerras civiles del 68 d.C. siguieron agravando la situación del tesoro, de tal modo que, al llegar Vespasiano al poder, se hizo necesario aplicar un programa de austeridad extremo que incluía una considerable suba de la carga fiscal, reducción de gastos e, incluso, la confiscación de los bienes de quienes habían sido enriquecidos por Nerón. A pesar de estas medidas, la pureza del denario debió ser rebajada nuevamente hasta un 80% para poder hacer frente a todos los pagos.

La rigurosa disciplina fiscal introducida por la dinastía flavia rindió lentamente sus frutos y ya Domiciano en el año 82 llevó a cabo una ambiciosa reacuñación, incrementando el peso del áureo y retornando el denario al nivel de pureza del 98% vigente antes de la reforma neroniana aunque conservando el estándar reducido de 1/96 de la libra romana. Se trataría, sin embargo, sólo de un fenómeno pasajero y ya en el año 85 se volvería a rebajar al 93% como consecuencia de la presión que sobre el tesoro representaba el costo de las guerras contra catos y suabos y los primeros enfrentamientos en Dacia. Este nivel se mantendría durante el resto de su reinado. Es importante destacar que seguía representando una mejora respecto de los denarios acuñados por Tito y Vespasiano.

miércoles, 10 de julio de 2013

Numismática: Historia monetaria del Imperio Romano de Augusto a Nerón

Áureo de Augusto, 14-12 a.C. - Lugdunum - RIC 164a
Áureo de Augusto, 14-12 a.C. - Lugdunum - RIC 164a

La numismática no sólo comprende la descripción y catalogación de monedas. Su objetivo disciplinar es mucho más amplio y se orienta hacia el estudio del significado, uso y circulación de las monedas a lo largo de la historia. Un aspecto particularmente interesante dentro de este conjunto de problemáticas es el de lo que podemos llamar “historia monetaria”, en la que la numismática se acerca a la economía para comprender el funcionamiento del sistema de acuñaciones en el contexto de cada época. En esta entrada me enfoco en un breve panorama general de la historia monetaria del Imperio Romano de Augusto a Nerón

La expansión de la oferta monetaria


La reorganización del sistema monetario llevada a cabo por Augusto fue enormemente exitosa. Se restableció la calidad del denario, se expandió la producción de áureos y se introdujeron nuevas denominaciones en metal bajo para los intercambios cotidianos. Se generó, de esta forma, una eficaz estructura de denominaciones imperiales complementada por algunas acuñaciones provinciales adecuadas a las necesidades y tradiciones de regiones específicas. Además de ello, se reorganizaron las cecas y se restableció la producción monetaria en Roma, generando un abastecimiento adecuado de circulante en todas las regiones del imperio, particularmente en aquellas donde el Estado concentraba sus desembolsos.

La moderada expansión de la oferta monetaria y la consolidación de la paz interior generaron las condiciones para una época de prosperidad y crecimiento económico que contribuyó a la legitimación política del régimen imperial. Además de ellos, el incremento en el gasto y la cada vez más frecuente recaudación de los impuestos en metálico intensificó la monetarización de la economía en todas las regiones del Imperio. Todos estos factores contribuyeron, a su vez, a que las acuñaciones de Augusto fueran bien aceptadas por el público y a que se difundiera la confianza en su valor, respetándose las tasas de cambio fijadas por el Estado entre las distintas denominaciones.

As de Tiberio - 34-37 d.C. Roma RIC 83

As de Tiberio - 34-37 d.C. Roma RIC 83

Niveles de emisión monetaria


Paradójicamente, aunque el volumen del gasto estatal creció en forma considerable con el establecimiento del principado, la investigación numismática demuestra que los niveles de emisión monetaria durante la dinastía Julio-Claudia fueron muy irregulares, con numerosas pausas de varios años en las que no se acuñaron monedas. Ello indica, evidentemente que lo obtenido por la recaudación fiscal era suficiente para financiar los gastos regulares del Estado y que el volumen de circulante era adecuado a las necesidades de la economía. El presupuesto público total de este período ha sido estimado por R. Wolters entre 600 y 1.000 millones de sestercios anuales.

Los niveles de emisión podrían mantenerse relativamente bajos porque en las décadas finales de la república (durante los períodos de guerras civiles) se habían acuñado cifras enormes que seguían en circulación. Además de ello, la reforma monetaria de Augusto había generado otra importante expansión de la oferta monetaria al reintroducir la acuñación de monedas de metal bajo y emitir áureos en forma regular. El oro, que hasta finales de la república había permanecido inmovilizado en la forma de ofrendas en los templos, pasó así a formar parte regular del sistema monetario del mundo romano. La masa total del circulante no puede estimarse pero el hecho de que Tiberio dejara al momento de su muerte una reserva 3.000 millones de sestercios en el tesoro es una clara indicación de crecimiento respecto de la época republicana pues excede por un factor de treinta las máximas reservas acumuladas en ese período de las que tengamos noticia.

Denario de Claudio - 50-51 d.C. - RIC 54

Denario de Claudio - 50-51 d.C. - RIC 54

La circulación monetaria


El funcionamiento del aparato estatal garantizaba que las monedas permanecieran en circulación pues implicaba, primero, su recaudación como impuestos y, luego, su desembolso como salarios de militares y funcionarios, como pagos por grano para distribuciones gratuitas, como costo de construcciones, como distribuciones a soldados o habitantes de Roma, etc. No es, sin embargo, claro si desde el punto de vista de la circulación monetaria el imperio conformaba una unidad o si existían diversas regiones que constituían circuitos económicos relativamente cerrados. Las opiniones de los investigadores están divididas en torno a este problema, alegando Keith Hopkins -a partir de un modelo teórico de la economía romana- a favor de la primera posibilidad y R. Duncan-Jones -a partir de estudios empíricos- a favor de la segunda.

Para mantener el ciclo en funcionamiento, el Estado debía introducir permanentemente nuevo metal, dado que, por el desgaste de las monedas y las pérdidas ocasionadas por el atesoramiento y las importaciones, la reacuñación de las obtenidas como impuestos era insuficiente en el mediano plazo para mantener un volumen estable o para responder a la creciente demanda de medios de pago ocasionada por el crecimiento económico. El nuevo metal se obtenía principalmente de la explotación minera, de las guerras de conquista y de las exportaciones fuera del imperio.

Sestercio de Nerón - 63 d.C. - Roma - RIC 104

Sestercio de Nerón - 63 d.C. - Roma - RIC 104

Las fuentes del metal


La fuente más regular de nuevo metal era la minería. La estabilidad política y las mejoras en la administración de los territorios provinciales permitieron que la explotación de yacimientos metalíferos alcanzara durante el principado un pico de actividad que se mantendría hasta el inicio de la dinastía de los severos. Los principales distritos mineros eran Hispania, que se explotaba desde el período republicano y Dalmacia, que comenzó a ser explotada durante el principado de Augusto. A ellas se añadiría posteriormente Dacia, incorporada al imperio a principios del siglo II d.C. por la conquista de Trajano. Las mejoras en el control de la producción, en la eficacia del transporte y en la productividad de las cecas permitieron, además, durante el principado una utilización más eficiente de los recursos mineros para la producción monetaria.

Noria romana de la mina Río Tinto

Noria romana de la mina Río Tinto

Si bien el ritmo de la expansión militar se desaceleró notablemente durante el principado, las guerras siguieron siendo una fuente importante de nuevo metal para el Estado romano, si bien una cada vez menos frecuente. El botín obtenido por Augusto en sus guerras en Hispania, Ilírico y Egipto alcanzó un valor de 1.000 millones de denarios. Durante el siglo I d.C. aportaron algunos recursos la conquista de Britania y la supresión de la revuelta judía en Palestina. El último gran ingreso de nuevo metal lo representaría la conquista de Dacia a principios del siglo II d.C. que proporcionaría un botín de más de 1.500 millones de denarios y, además, la incorporación de una importante región aurífera.

Finalmente, también el comercio exterior era una fuente de nuevos metales. Los romanos obtenían sobre todo oro a través del tráfico realizado a través de Egipto con las regiones de Nubia y Etiopía. Los romanos también obtenían oro de la costa occidental de África por intermediación de los garamantes. No obstante, en líneas generales, es probable que el comercio exterior representara para el imperio un drenaje de metales preciosos antes que un incremento. Ello era así porque el tráfico de lujo llevado a cabo desde puertos del Mar Rojo con Arabia, India y China era deficitario y significaba, según datos de Plinio el Viejo, la pérdida anual de unos 100 millones de sestercios (25 millones de denarios).

El abundante ingreso de metales procedentes de estas fuentes permitió que hasta la última parte del reinado de Nerón, la calidad de la moneda romana se mantuviera prácticamente sin alteraciones en los altos estándares y niveles fijados en la reforma monetaria de Augusto.

martes, 28 de mayo de 2013

El denario y el sistema monetario romano en el siglo II a.C.


anverso del primer denario romanoreverso del primer denario romano

Uno de los primeros denarios acuñado en 211 a.C. Crawford 44/5

La reconstrucción de la historia monetaria del primer período del denario es sumamente compleja y muy debatida entre los especialistas. Nuestra principal fuente de información son las monedas mismas y algunas alusiones pasajeras en autores muy posteriores sobre los montos obtenidos como botín o repartidos como donativos o pagos de diversos gastos del Estado. Los estudios fundamentales siguen siendo los de Michael Crawford, que han determinado, por lo menos a grandes rasgos, la cronología de las diferentes emisiones del período.

La exitosa expansión romana en la primera mitad del siglo II a.C. puso a disposición del Estado romano ingentes recursos económicos producto del botín obtenido en las guerras de conquista, de la explotación de las minas de plata en Hispania y de la tributación impuesta sobre los nuevos dominios. La información disponible indica que en este período el tesoro romano recibió plata por valor de unos 620 millones de denarios y oro por unos 20 millones. A pesar de este enorme flujo de metales preciosos, el Estado romano produjo en estas décadas moneda de forma muy irregular, de acuerdo a las necesidades de financiamiento de cada año.
Anverso As romano Janoreverso as romano republicano

AE As 189-180 a.C. Crawford 141/2

La creciente riqueza permitió concentrar la producción de monedas de plata casi exclusivamente en el denario. Ya a fines del siglo III a.C. dejaron de acuñarse, salvo raras excepciones, sus fracciones. Los victoriatos, a su vez, fueron discontinuados aproximadamente en el 170 a.C. En los primeros años tras su introducción, el denario fue acuñado con un peso teórico de 1/72 de la libra romana (4,5 gr.). Sin embargo, perdió peso rápidamente y a principios del siglo II a.C. se lo acuñó en pesos variables entre 1/76 y 1/80 de la libra romana. Finalmente, en el año 187 a.C. se fijó un nuevo estándar más liviano de 1/84 (poco más de 3,9 gr.), que se mantendría inalterado hasta el reinado de Nerón en el siglo I d.C.

Para acompañar a los denarios se acuñaron asses de bronce y sus fracciones en enormes cantidades. El estándar sextanal (1/6 de la libra romana) se fue relajando paulatinamente y se los acuñó con pesos por debajo del mismo. Las monedas de bronce eran presumiblemente muy demandadas para permitir la realización de los intercambios cotidianos en una economía cada vez más monetarizada y con una población creciente. Además de ello, los grandes volúmenes de emisión hacen pensar que por lo menos hasta pasada la mitad del siglo II a.C. se siguió pagando a las tropas con piezas de bronce.
Denario de P. Maenius Antiacus
AR Denario de P. Maenius Antiacus M.f. 132 a.C. (19mm, 3.90 g, 3h). Busto de Roma con Yelmo y marca de valor detrás / Victoria conduciendo una cuadriga. Crawford 249/1 - cngcoins

Las monedas de bronce circulaban por mucho tiempo y sufrían el consecuente desgaste. El valor de cada ejemplar se descontaba según el peso perdido. A partir del 141 a.C. se dejó de acuñar asses y se retarifó el denario, pasando de 10 a valer 16 asses, pero sin alterar su peso o características. La medida no hacía, seguramente, más que reconocer la tasa de cambio vigente en ese momento en el mercado como consecuencia de la sobreabundancia de asses, la mayoría de ellos muy gastados por su largo uso.

A partir de este momento, el pago a los legionarios pasó a realizarse exclusivamente en denarios, que comenzaron a acuñarse en volúmenes enormes para hacer frente a los gastos militares y a los proyectos de construcciones del Estado romano. De esta manera, el denario llegó en poco tiempo a convertirse en la principal moneda del mundo mediterráneo desplazando a las pocas competidoras restantes.